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Somos Jor y Gonza, dos personas apasionadas por viajar, fotografiar y vivir la simpleza de lo cotidiano. Nos conocimos en uno de esos paraísos que tiene nuestro mundo y un día decidimos dejar atrás lo cómodo y conocido para subirnos al Fusca, nuestro WV Escarabajo'80 y dejar que el viento nos lleve.

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We are Jor and Gonza, two young, passionate people, that love travelling, taking pictures and living simply. We met at one of those paradises of our world and one day decided to leave confort and know behind to get on our 1980 VW beetle and let the wind take us. 

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Llevados por el Viento es un blog de viajes mediante el cual intentamos compartir nuestras experiencias y aventuras a través de un recorrido por el continente americano.

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Guided By the Wind (Llevados por el Viento) is a travel blog through which we wish to share our experiences and adventures across the American Continent.

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September 15, 2018

August 21, 2018

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Venezuela Adentro

August 21, 2018

Venezuela. Lunes 20 de Agosto de 2018. Nuestro cuaderno de viaje dice que el llevamos 1148 días de viaje, quien sabe cuantos kilómetros... a esta altura Leia había viajado cinco veces en avión, el fusca una en avión, 7 ferrys, un barco y nosotros habíamos cruzado más de doce veces fronteras, experiencia y curriculum no nos faltaban para llegar al país de sudamérica que nadie quiere visitar, que muchos mismos venezolanos dicen: "a Venezuela? no vayan". El espíritu de aventura nos puede más y cuando les decimos a los venezolanos que vamos igual, inmediatamente nos piden que tomemos nota de los lugares que debemos visitar. Esa noche nos fuimos a la casa de Georgina a dormir junto con otros viajeros que tenían pensado ir a Guyana asi que intercambiamos algunas historias y tomamos unas cervezas por la noche junto con un grupo de venezolanos nostálgicos y rencorosos. 

 

A las 7:30 de la mañana nos despertamos para hablar con Georgina antes de que se vaya a trabajar, contacto que nos proporcionaría una tarjeta de débito y un chip de teléfono, ambas cosas que cambiarían nuestra vida en Venezuela casi como se diferencia el día de la noche. Pero Georgina ya no estaba, uff! Finalmente conseguimos hablar con Kelvin, otro venezolano que tambien vivía en la misma casa y el nos consiguió tanto la tarjeta como el chip. Cargamos nafta brasileña, compramos aceite por las dudas para el Fusca y partimos hacia la frontera.

 

A 180 km de Boa Vista, llegando casi al mediodía, vimos un parador con varios camiones, siempre buen símbolo. Paramos a almorzar lo que sería nuestro último "prato feito" (menu listo típico de la gastronomía callejera brasileña), además de pasear un rato a Leia, tuvimos la suerte de compartir mesa de almuerzo con un camionero brasileño, Romario, que se dirigía en la misma dirección que nosotros asique charlamos con él sobre el estado de la ruta y otros pormenores. Fue muy positivo charlar con él, quizás la primera persona en darnos una primera impresión "no tan grave" de nuestra idea de viaje.

Hicimos 12km y llegamos a la frontera. Del lado brasileño una pequeña villa con una docena de casas y el resto edificios públicos como un banco, un cuartel de policía, aduana, etc. Al lado había montado un enorme operativo del ejército con grandes carpas donde se recibía a los venezolanos que entraban a Brasil, con largas filas, entrevistas personales y luego un espacio donde se los vacunaba, daba comida y podían descansar. Hasta había juegos para niños. Miles de personas realizando la entrada a Brasil y solo dos de nosotros realizando la salida por lo cual nuestra fila y atención fueron muy rápidas. También fuimos testigos del maltrato que recibían algunos venezolanos, especialmente en las entrevistas de la Policía Federal, lo cual nos indignó pero decidimos no protestar. 

 

Como ciudadanos del Mercosur no tuvimos que hacer salida del vehículo pero si entrada a Venezuela aunque la burocracia venezolana nos pegó el primer cachetazo: La aduana trabaja solo de lunes a viernes y de 9 a 15, asi que lo encontramos cerrado. El edificio de migraciones venezolano nos llamó mucho la atención porque había muchos empleados, todos de camisa roja y era muy lento y demorado en todo. Finalmente se realizó todo el trámite y entramos a Venezuela. Una mezcla de miedos, ansiedades y orgullo nos empujaron hacia Santa Elena de Uairén a 20km de la frontera donde buscamos a Nico, un contacto que nos habían pasado para que nos haga el cambio de moneda. En la entrada a la ciudad en una esquina encontramos un par de vehículos con gente parada afuera de manera muy sospechosa... ahi encontramos a quién sería nuestro principal cambista. Le dimos reales y nos transfirió plata a la cuenta de Georgina que estaba vacía. También nos dio efectivo para que tengamos con qué movernos. 

Llegamos al centro de Santa Elena, como toda ciudad fronteriza, nada atractivo el centro, mucho comercio, mucha actividad informal, encontramos una panadería donde compramos un pan y un queso para hacernos una picada y gastamos 1.500.000 de Bolívares e increíblemente lo pagamos en efectivo con billetes de 10.000, una situación difícil de explicar, graciosa, dramática e inolvidable.

 

Nos fuimos en busca de un hotel ya que no podíamos irnos del pueblo (aunque lo hubiésemos deseado) porque necesitábamos ir a la Aduana al día siguiente y si nos paraban en la ruta y nos faltaba algún documento no sabíamos bien a que nos exponíamos asique no queríamos estar en falta. Leia durmió en el auto y nosotros en una de las habitaciones más feas que tengamos recuerdo, pero el objetivo era pasar la noche. El calor de la Gran Sabana se sentía y el ventilador de techo nos ayudaba al descanso.

 

Finalmente por la mañana calentamos agua para el mate y nos volvimos a la Aduana donde nos pusieron un sello con el mismo plazo migratorio que nos tocaba (90 días) en el pasaporte. Asimismo aprovechamos para cambiar un poco más de plata, ahora que habíamos probado la tarjeta de débito y funcionaba. La idea de ir con la tarjeta de débito era doble razón, una porque el efectivo estaba tan devaluado que habría que andar con miles de millones y millones de Bolívares encima; la otra es que a diferencia de como a veces sucede, por esta devaluación feroz, los precios en dinero y en plata bancaria eran diferentes, era más barato si pagabas con débito.

Desde Boa Vista que no cargábamos combustible porque sabíamos que acá sería más barato pero justo agarramos un día lunes complicado en Venezuela. Era feriado bancario porque implementarían nueva moneda. Los Bolívares que nosotros teníamos serían reemplazados por el Bolivar Soberano que le quitaba como 5 ceros a la moneda anterior, por lo que 100000 pasaba a ser 1, además se corría el rumor de que aumentaría el combustible y por eso cuando fuimos a cargar nos encontramos con una fila que llegaba hasta los 2 km. Había una segunda opción que era una estación que se encontraba en la frontera y que cargaba a precio internacional... fuimos pero se había agotado la gasolina. Como no era la primera vez en tantos km que este tipo de situaciones nos sucedían, decidimos salir en búsqueda de gasolina, sabiendo que siempre hay alguien que hace negocios en tiempos de crisis y especialmente en Venezuela. Buscamos y encontramos primero 10 litros a un precio quizás la mitad que Brasil aunque mucho más caro que el precio local y luego encontramos otro sitio donde negociamos para que nos llenen el tanque y salimos con todo listo para disfrutar la Gran Sabana.

 

Teníamos seguro del auto, teníamos dinero, entrada migratoria, chip de teléfono, tarjeta de débito... y ahí estaba, a la salida de Santa Elena de Uairén, nuestro primer retén militar, algo que tanto le temíamos como en otras veces nos ha sucedido. Nos detuvieron y pidieron los papeles de entrada al país y documentación del vehículo. Una gota de agua fría pasaba por la espalda de Gonza que había acordado con Jor que si en algún momento sentían miedo volverían a Brasil. Se le frunció el estomago cuando el cadete del Ejército que tendría no más de dos décadas de edad, se acercó, nos devolvió los papeles y dijo: Bienvenidos a Venezuela. Jor lo miró a Gonza queriendo expresar: "Viste? Está todo bien!"... y así fue como realmente comenzó nuestra estadía en Venezuela.

 

Llegamos al Parque Nacional Canaima, que si bien es un parque no tiene límites ni mucha info que lo indiquen. Hay un cartel que da la bienvenida y por suerte nosotros habíamos recaudado algo de info de los locales (como siempre) pero sin saber bien como sería nuestra visita. El camino es muy vistoso y el asfalto sorpresivamente muy bueno, especialmente comparado con los últimos 200 km de Brasil, nos sorprendió mucho.

Hay muchas cosas interesantes sobre este Parque Nacional y la mayoría de éstas son desconocidas por el gran número de turismólogos del mundo. Lo que es muy conocido es su famoso salto o cascada, Salto del Ángel (cascada más alta del mundo) o Kerepakupai Merú, en su idioma nativo, pero pocos saben que solo se puede acceder a él a través de un medio de locomoción aéreo, sea un sobrevuelo o mismo para acceder por medio terrestre/acuático (para llegar a su base es necesario una navegación de 30 minutos y una caminata de dos horas posteriores) ya que no hay caminos que accedan a esa parte del Parque.

 

El Parque Nacional Canaima es el sexto en superficie del mundo y se encuentra en el rincón fronterizo entre Guyana, Brasil y Venezuela en un lugar conocido geográficamente como el Escudo de la Guyana, un macizo ancestral, de los más antiguos (4500 millones de años) del mundo ubicado entre la cuenca de los Ríos Amazonas y Orinoco. Su paisaje, caracterizado por sabana, bosques bajos que acompañan los ríos con mayor vegetación y los impresionantes macizos son famosos para los biólogos ya que en su bioma se han encontrado más de 2000 diferentes especies de vertebrados y se la considera uno de los ambientes más preservados en biodiversidad del mundo.

Las mesetas elevadas (1500/2000 metros de altura) y de pendientes verticales son denominadas tepuyes, un término de origen indígena (de la lengua pemón), que significa montaña y también morada de los dioses. El más importante de estos es el Tepuy Roraima de 2200 metros de altura y que es de los pocos permitidos para ascender. Las expediciones se hacen parcialmente en vehículos 4x4 y luego entre 5 y 7 días caminando. No estaba en nuestros planes subir a los tepuyes aunque igual nos informamos sobre sus ascensos y precios que obviamente son para el turismo extranjero ya que el valor supera varias veces un ingreso mensual de los venezolanos promedio.

Aún así, recorrer el parque y ver los Tepuyes a la distancia nos alcanzaba y sobraba a nosotros. Los ríos que tienen nacientes en la cima de éstas formaciones montañosas, bajan en forma de cascada tanto hacia el este, oeste, sur y norte y se suman a cuencas hidrológicas hasta llegar al Mar Caribe u Océano Atlántico, pero mucho antes de eso, en el Parque realizan cientos de diferentes saltos con formaciones, tamaños, colores y todo tipo de sistemas. 

 

A lo largo de la carretera muchos carteles indicando estos saltos aparecen como invitación y obviamente tuvimos que visitar todos los que pudimos!

La primer jornada la detuvimos en un lugar conocido como Piedra Pacheco donde una pequeña aldea de nativos monitoreaba el uso del lugar para acampar y sus baños. Otro detalle que poca gente sabe... los que administran el parque son los mismos nativos Pemones, originarios de este lugar y que no solo no cobran para ingresar al parque o usar sus instalaciones, son muy tímidos por lo cual casi no se los ve.

Acampamos en su estacionamiento e hicimos unas ricas arepas y mientras calentábamos agua para un té sentimos que el piso vibró como nunca. En todo nuestro viaje, era la primera vez que sentíamos un sismo o terremoto... luego nos enteraríamos que había sido a unos cuantos kilómetros de ahí pero por la orografía del lugar, lo sentimos bastante! Descansamos y descubrimos unos molestos mosquitos muy chiquitos de los cuales ya habíamos escuchado pero no sabíamos más que "son muy molestos", "no te dejan dormir". Efectivamente son muy chiquitos y molestos, nos pusimos repelente y dormimos bastante mal, pero dormimos. Los jejenes conocidos como Puri-Puri en la Gran Sabana son mosquitos que durante el atardecer hasta amanecer aparecen en nubes de miles buscándo morderte y no paran durante horas.

 

Al día siguiente mal dormidos pero felices de estar acá, salimos a caminar por el Salto Pacheco con Leia, buscando más fotos de los Tepuyes y disfrutando del paisaje y temperatura tan agradable. Aprovechamos también para regular las válvulas del Fusca y calentar agua para unos mates.

Seguimos viaje y vimos el Salto Kama Merú, enorme y nos acercamos para sentir su fuerza, tambien lo vimos como un potencial lugar para dormir pero por ahora solo lo usamos para almorzar y seguimos viaje. Atravesar el Parque Nacional Canaima constaba de 300 km pero si nos desviábamos siempre encontraríamos alguna aventura nueva y a Gonza no se le ocurrió mejor idea que hacerlo. Jor como siempre, seguidora fiel de las ocurrencias de su compañero de viaje, apoyó la idea.  Salimos del asfalto con dirección Salto Aponwao, serían unos 65km de tierra y arena hasta llegar a la población más próxima: Kavanayen.

Camino a Kavanayen el terreno se empezó a complicar un poco. Un suelo bien arenoso por momentos tan seco y erosionado por el agua que se hacían grandes grietas en el suelo y en las subidas y bajadas se complicaba y por otros momentos más planos y cargados de agua, la arena hacia que el Fusca baile de lado a lado. Una hora entrados en este terreno sabíamos que estábamos más cerca del final que del principio asique ante la duda de volver, sin saber muy bien a donde íbamos, decidimos mejor seguir. Nos encontramos con un cartel y una bifurcación. Hacia la derecha se iba a la misión franciscana de Santa Teresita de Kavanayen, hacia la izquierda el pueblo de Iboribo y el Salto Aponwao. Partimos hacia la izquierda, con el mismo terreno, cada vez más adentro de la Gran Sabana. 

 

Ahora el objetivo era Iboribo, nos quedaban 40 kilómetros y no había rastros de nada en el horizonte, eso sí... veíamos un Tepuy cargado de nubes y una tormenta que acechaba. El terreno dejó la arena y antes de llegar a Iboribo nos encontramos con una huella que atravesaba una zona de piedras grandes. Con agilidad y a muy poca velocidad, evadimos el empedrado y llegamos a destino, Iboribo, un conjunto de casas muy simples, de madera y ladrillos a orillas del Río Aponwao.

 

Se nos acerca un hombre, Oligario, muy sorprendido sin entender que hacíamos ahí, con un castellano casi extranjero nos dijo que acampemos ahí mismo aunque veíamos mucha agua alrededor, nos dijo que era de lluvia y que no había problema. También nos dijo que no nos cobraban nada, siempre y cuando contratemos a su familia para que nos lleven al Salto. Había que cruzar el río por lo cual muchas opciones no teníamos, asique confirmamos. También nos preguntó cuanto valían los reales ya que hacía mucho no iba a una ciudad y no sabia. Nos pidió que le paguemos en moneda local y lo que más nos sorprendió, nos preguntó por la Copa del Mundo que había terminado hacía ya dos meses, quería saber quién había llegado a la final y ganado. Nos ayudó a entender el aislamiento que vivían y también lo lejos que estábamos de todo, incluso de la misma Venezuela.

 

Nos hicimos unos fideos y con la caída del sol comenzaron a aparecer los Puri-Puri. Con la cantidad de agua, Leia dormiría en el Fusca y nosotros subimos a la carpa justo antes de que empiece a diluviar. No solo eso... los mosquitos descubrieron que su tamaño era menor a nuestro mosquitero asique se animaron a invadir nuestra carpa. Sería una de las noches más duras y difíciles de nuestro viaje, no por inseguridad, no porque nuestra carpa filtrara agua, no por ruido siquiera ya que la lluvia nos agrada mucho... porque los miles de mosquitos decidieron emigrar a nuestra carpa y llevarnos hasta el límite de la paciencia. En nuestro cuaderno de viaje quedó escrito: "Fue la peor noche de nuestro viaje. Nos despertamos de mal humor." 

Obviamente, no solo había mal humor por haber dormido mal, sino también porque habíamos quedado con Olegario, arrancar la mañana a las 7AM asique fue bien corta. Nos despertamos con un día húmedo pero sin lluvia y mientras calentábamos agua para mates y desayuno, apareció nuestro guía y nos dijo que quien nos llevaría sería su hija. También nos dijo que había dos opciones. Ir a motor 500 metros río abajo y luego caminar 20 minutos o cruzar a remo y caminar 1 hora y media. Obviamente el precio cambiaba según el itinerario. Decidimos solo cruzar y Estrella de 13 años demostró su destreza remando en la punta de la Curiara (una canoa alargada y hecha de madera tradicional de los Pemones.

 

Tras cruzar comenzamos a caminar por la Gran Sabana en un sendero donde estrella iba rápido y descalza, nosotros disfrutando del paisaje, lento y con zapatillas de trekking. Tuvimos que vadear más de 5 ríos asique nos sacamos y pusimos varias veces el calzada ante sus ojos inquietos. Una hora luego de que comenzamos a caminar llegamos a un mirador desde arriba del Salto Aponwao, el segundo más alto del parque y de los saltos más grandes, el más popular para llegar en excursión. Dicho eso, estábamos solos, frente a un salto de 110 metros de altura, fuerte y simbólico, luego de la peor noche de nuestro viaje, estábamos caminando por la Gran Sabana, con una guía de 13 años, indígena y frente a un espectáculo de la naturaleza, felices... que contraste a lo largo de 12 horas.

Tomamos unos mates, le dimos un chocolate a Estrella para que disfrute y nos volvimos a Iboribo. Pagamos a Olegario lo acordado y acercamos el Fusca al río que nos invitaba a dar un baño. Los tres, Leia incluida nos dimos un baño con jabón y shampoo incluidos y mientras nos secábamos llegaron tres camionetas 4x4 japonesas llenas de turistas, brasileños y venezolanos que no entendían mucho de donde habían salido estos otros "gringos" y menos aún ese Escarabajo rojo con las banderitas. Hablamos con un blogger y luego nos subimos al Fusca. Queríamos hacer bastantes kilómetros asique nos subimos al volkswagen y emprendimos la vuelta sin saber si la lluvia habría empeorado o mejorado el camino. Lo cierto es que el camino estaba igual, ni mejor ni peor, solo que el conductor ya tenía un poco más de maña y para las 12 del mediodía estábamos en Luepa, un fuerte del ejército que contaba con un aeropuerto, de vuelta en el asfalto. 

 

El día anterior habíamos cargado combustible en los Rápidos de Kamoirán, una estación de servicio antes del desvío donde cargamos a precio venezolano, o sea casi gratis el combustible pero con límite de 15 litros, que nos alcanzaba para estar bien. Ahora debíamos atravesar una de las zonas picantes de Venezuela y que no había como evadirla, la zona de explotación del Oro al que muchos nos habían advertido era una región medio liberada donde las armas y los enfrentamientos entre civiles era muy frecuente. Queríamos pasar de día toda esta región pero primero debíamos descender de los 1400 metros de altitud en los que nos encontrábamos a través de un bosque nublado, otro Parque Nacional, llamado Sierra de Lema y arribar a un lugar conocido como la Piedra de la Virgen, objetivo que sería perfecto para almorzar, recargar agua fresca ya que había una cascada cerca del estacionamiento, pasear a Leia, descansar al Fusca y emprender el cruce. Todo eso en un solo lugar... a veces organizarse tiene sus frutos. 

 

Pasado el almuerzo emprendimos lo que nos quedaba de la bajada y llegamos a "El 88", primer pueblo minero que nos recibió con una ruta convertida en barro, mucho tránsito pesado, gente apurada, mercados informales y obviamente, el Fusquita no pasaba desapercibido. Atravesamos el 88 para en las afueras encontrarnos con mucha gente caminando por la ruta con cuencos para ir a buscar oro a los ríos y luego venderlo a las empresas mineras. La principal empresa minera es estatal pero obviamente hay mucho mercado negro e informalidad como todo en Venezuela. Cruzamos Las Claritas otro pueblo minero y más gente en las rutas caminando con sus cuencos. Las viviendas en el camino nos hacen acordar al amazonas, elevadas del suelo, de madera, sin ventanas y rodeados de arboles frutales como papaya, banano o palmeras. Definitivamente habíamos cambiado de hábitat. 

 

Llegamos a un pueblo llamado el Dorado que tenía el monumento a un minero en su entrada y no parecía tan feo como los otros asique entramos en búsqueda de un chip de teléfono ya que necesitábamos comunicarnos con nuestros contactos y no teníamos señal con el chip que nos habíamos traído. No encontramos chip y el tránsito era muy malo asique seguimos un poco más de viaje hasta que llegamos a la ciudad principal de esta zona, Tumeremo que con 90.000 habitantes es conocida por enfrentamientos armados entre mafias, la guerrilla (ELN) y el ejército venezolano... edificios abandonados, tiendas cerradas y un cartel que señalaba a quienes viajaban al sur como "Tumeremo. Puerta de Entrada a La Gran Sabana", claramente nos anunciaban la llegada a nosotros a otra Venezuela.

 

Dimos varias vueltas hasta encontrar un alojamiento con garage, muy feo pero seguro y sinceramente de los pocos que había que nos permitían guardar al Fusca. No habíamos hecho muchos kilómetros pero los suficientes como para decidir dormir acá. Estábamos con pocas verduras asique salimos en búsqueda de cebollas, tomates y algo así y fue acá cuando empezamos a descubrir la realidad venezolana, pocos productos, específicos y a un precio que era casi imposible pagarlo con un salario local, pero razonable para nosotros que veníamos del extranjero. Seguimos sin conseguir un chip de teléfono ni tiendas donde lo vendieran... conseguimos algunas verduras y nos preparamos una cena en la habitación con nuestro calentador y unas ollas. La felicidad del principio del día había dado lugar a otros sentimientos... queríamos seguir por curiosidad, por ganas de visitar a tantos que nos habían invitado, por ganas de derribar nuestros miedos, no nos faltaban ganas pero no era fácil tampoco entender la realidad aún. Nos quedaban muchos kilómetros por recorrer. Obviamente en esta región no sacamos tantas fotos, porque las experiencias, las sensaciones no eran tan fotogénicas como en la Gran Sabana. El relato de haber estado es lo más importante que tenemos. 

 

 

 

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