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Somos Jor y Gonza, dos personas apasionadas por viajar, fotografiar y vivir la simpleza de lo cotidiano. Nos conocimos en uno de esos paraísos que tiene nuestro mundo y un día decidimos dejar atrás lo cómodo y conocido para subirnos al Fusca, nuestro WV Escarabajo'80 y dejar que el viento nos lleve.

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We are Jor and Gonza, two young, passionate people, that love travelling, taking pictures and living simply. We met at one of those paradises of our world and one day decided to leave confort and know behind to get on our 1980 VW beetle and let the wind take us. 

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Llevados por el Viento es un blog de viajes mediante el cual intentamos compartir nuestras experiencias y aventuras a través de un recorrido por el continente americano.

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Guided By the Wind (Llevados por el Viento) is a travel blog through which we wish to share our experiences and adventures across the American Continent.

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September 28, 2018

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Hacia la Playa Colombiana!

June 4, 2018

Antes de llegar al Caribe decidimos conocer otra Playa, la Playa de Belén, cerca de la frontera con Venezuela y uno de los lugares con heridas más frescas de la guerra contra la Guerrilla que poco a poco va quedando en el pasado en Colombia. Hace solo dos años atrás, las FARC entraron en el pueblo y atacaron al comando de la policía, pero hoy, Playa de Belén es uno de los 17 Pueblos Patrimonio de Colombia y por esa razón decidimos trepar los 245km desde Bucaramanga, y desde los 950mts hasta los 1500mts de altitud. 25 kilómetros antes de llegar a Belén, pasamos por Ocaña, pueblo fronterizo con Venezuela donde los autos con placa venezolana nos sorprendieron pero más aún nos sorprendió la gente que caminando hacia Bucaramanga cruzamos en la ruta. Con una maleta llena de sueños y nada más... allá iban. La ley no les permite entrar con sus autos por lo cual los dejan en Ocaña, o los venden a poca plata y siguen a pie, a dedo (autostop) o en cualquier modo que puedan conseguir.

 

La Playa de Belén nos sorprendió con un pueblito muy pequeño (1000 habitantes), muy ordenado y muy silencioso. Pensar que aún habría facciones guerrilleras por algún lugar en el horizonte no nos dejó dormir completamente en paz, pero no nos detuvo de acampar en la cancha de futbol local. 

Llega la noche y todo se apaga. Si bien poco a poco el turismo lo ha ido mencionado, somos muy pocos los que visitamos este lugar y siguen siendo el comercio y la agricultura (especialmente de la cebolla), las principales actividades económicas del lugar. 

Aún cuando El Parque Nacional Catatumbo (a unos 50km al norte de Belén), aun esta cerrado por presencia de conflictos armados, Belén ya lleva casi un año sin violencia y los locales creen que la paz les traerá prosperidad. Además de tener un pueblito muy bonito, se encuentran de lado de una maravilla natural: Los Estoraques. El parque nacional más pequeño de Colombia queda a pasos de "La Playa" como se conoce a este pueblo en la zona. Básicamente son formaciones rocosas de 4 millones de antigüedad que han sido erosionadas por el viento y el agua convirtiéndola en una zona mágica con laberintos naturales, formaciones fantásticas y postales en cada rincón.

Lamentablemente, la ausencia del Estado durante tanto tiempo ha dejado como consecuencia que gran parte del Parque ahora tenga dueños que están en litigio con los Parques Nacionales y así, hay una gran falta de infraestructura (en realidad, ninguna infraestructura) y mismo hay vecinos que llegan para querer cobrar "sus propias entradas". Pasado ese pequeño detalle, el lugar está increíble y no nos decepcionó para nada.

Recorrimos gran parte de la zona protegida y luego de tanto sol nos fuimos a un río cercano a darnos un baño. La Playa de Belén se llama así desde su fundación por la calidad de su suelo arenoso que llamo la atención a los fundadores que erigieron un templo católico con la imagen de la natividad y por eso se le dio el nombre a este pueblito tan simpático.

Una vez bañados, volvimos a descender los Andes para reencontrarnos con la "La Ruta del Sol" (RN49) que comunica Bucaramanga con el Caribe. Hicimos 360km y llegamos a Valledupar donde con la tarde de despedida decidimos pasar la noche. Ya estábamos a pocos kilómetros del Caribe y el calor se hacía sentir por lo cual fuimos a una parada de camioneros donde el aire acondicionado fue muy bienvenida.

A 160 km de Valledupar se encontraba el Mar Caribe, más específicamente, Rio Hacha, capital del Departamento de La Guajira, el más oriental de Colombia famoso por su desierto, por su viento y por sus tejidos típicos de la etnia "wayiiu". Rio Hacha además está también muy cercano a Venezuela en una de las zonas más picantes debido al comercio ilegal entre ambos países. Un ejemplo claro de esto fue que las estaciones de servicio (de gasolina) se terminaron. Quedaron todas cerradas por la cantidad de gasolina ilegal que entra de Venezuela y se vende a la mitad de precio que lo que se pagaba en una estación colombiana.

En Rio Hacha hicimos las típicas compras de ciudad grande y no mucho más. Una ciudad en el medio del desierto, lleno de comercios formales e informales, mucho calor, casi nada de sombra y mucho ruido. Decidimos hacer 30 km más hacia el noreste y llegamos hasta Mayapo, un pueblito de pescadores con una playa muy tranquila de agua cálida y unos paradores para visitantes. Llegamos a uno de éstos y negociamos con el cuidador pasar la noche ahí.  

 

Finalmente habíamos llegado al Caribe! Aguas cálidas, arena suave, y mucho calor.

Nos tomamos una cerveza Polar, venezolana y nos fuimos a dormir con un viento muy fuerte pero no tan duro como experimentaríamos en el Cabo de la Vela. También nos sorprendió la cantidad de niños que se nos acercaron pidiendo plata o comida, algo que hasta ese momento no habíamos vivido tanto en Colombia. Preguntamos al día siguiente y nos contaron que eran los hijos de pescadores que salían a buscar comida por las playas y que era costumbre de los visitantes ayudarlos... una costumbre que no nos gustaba mucho pero para el día siguiente nos preparamos mejor y compramos muchos paquetitos de galletitas ya que nos dijeron que nos encontraríamos aún más hacia el Cabo de la Vela donde hay aun más pobreza.

Guajira es el nombre del departamento pero también es un derivado castellano de la palabra "Wajiiramuin", que en la lengua wayuunaiki significa nuestra tierra. Es un desierto extenso muy rico en minerales en el extremo de la península, específicamente hay una reserva de carbón muy grande, explotación de sal marina y tambien pozos de gas natural. Esta industria hace que el Departamento de la Guajira sea uno de los más ricos del país con un PBI de 5000 dólares por habitante, lo cual enfrentado con los índices de pobreza de la región una vez más nos hace entender que los índices que se usan para clasificar un lugar como desarrollado, rico u otros adjetivos, es completamente irrelevante. La pobreza que vivimos en La Guajira, la vivimos en pocos lugares de Sudamérica. Uno de los bienes preciados por la gente local es el agua, que piden los niños cuando se acercan o los adultos cuando hacen sus "peajes" en el medio del camino.

Donde hay caseríos, en general las familias, los niños o quien esté en ese momento, colocan alambres, cuerdas o hasta ellos mismos se interponen en el camino deteniendo los vehículos y pidiendo a cambio del paso una colaboración negociable. En un momento tuvimos 6 peajes en menos de 1 kilómetro, otras veces veíamos niños corriendo el auto desde lejos con la mano extendida pidiendo ayuda con cara de desesperación por haber "llegado tarde" a hacernos el corte en la ruta. Las galletas que compramos para los niños tratamos de explicarles que compartan pero su instinto de supervivencia era más fuerte y la política de "sálvese quien pueda" era más fuerte.

 

Luego de la tristeza, el calor (temperatura media anual de 30`C), la falta de agua y sombra, los colores marrones que abundaban en el horizonte... llegamos al Cabo de la Vela: el punto más norte del continente sudamericano.

Lo que más nos sorprendió del Cabo de la Vela es que es un destino internacional de deportes acuáticos de viento, como el windsurf o el kite surf. Varios colombianos nos habían hablado de éste, como un destino imperdible de Colombia, pero nadie nos había comentado de lo que sería la ruta hasta llegar. No solo por la pobreza y los peajes sino además por el calor y las condiciones de la ruta (ripio, arena, huellas).

 

En Cabo de la Vela el agua vale más que la cerveza y la sombra se cobra. Fue así que buscando alguna sombra y protección del viento encontramos el Eoletto Kite Center donde por 10 dólares alquilamos un espacio de sombra con dos hamacas para dormir e incluso el acceso a baño seco y a la ducha de agua dulce traída desde Rio Hacha para sacarnos el viento, la arena y la sal del cuerpo al final del día.  

El calor, el viento y la aspereza del lugar hicieron que al día siguiente regresemos hacia el verde de los Andes asi fue que nos comenzamos a despedir de La Guajira esa mañana, sin antes poder conversar con las nativas tejedoras de la zona y poder ver sus famosos bolsos wayuu. 

Hicimos los 70 km de camino de tierra y arena hasta Uribia donde el asfalto volvió y así como dejaron de haber peajes locales y caseros, aparecieron los temidos peajes concesionados que de a poco se transformarían en uno de los costos más altos de nuestro paso por Colombia. Peajes que irían desde los 3 dólares hasta los 10 obligarían a que estos viajeros inventen nuevas maneras de afrontar ese tremendo gasto.

 

En Uribia retomamos la ruta horizontal de Colombia y comenzamos a viajar hacia el Oeste hasta llegar al final de la Guajira donde la Sierra Nevada de Santa Marta, la cadena montañosa más alta de Colombia, verde y con glaciares y nacientes que se entregan en forma de frescos ríos que bajan desde los más de 5000 metros de altura hasta encontrarse con el Océano. Este fantástico lugar se llama Palomino, un paraíso para quien viene del desierto.

Encontramos una finca abandonada donde el cuidador por 3 dólares nos dejó acampar al lado de la playa. Por suerte, teníamos comida y el agua dulce no nos faltaba asique acampamos dos dias enteros, disfrutando del ruido de las olas, la sombra y todo el agua dulce que queríamos.

Finalmente habíamos llegado a las playas del Caribe, que tanto habíamos anhelado y con lo cual tanto habíamos soñado. El camino había sido interesantísimo, todo el oriente colombiano tan poco viajado y tan rico en historias, paisajes y pueblos bonitos. La Guajira, su gente y su realidad... ahora nos tocaba ir donde todos quieren ir, donde el ruido, las filas y el cemento nos esperaban: Cartagena de Indias. No había apuro por llegar pero si, había entusiasmo por conocer una de las ciudades coloniales más bonitas de nuestro continente, asique hacia ella partimos.

 

 

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