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Somos Jor y Gonza, dos personas apasionadas por viajar, fotografiar y vivir la simpleza de lo cotidiano. Nos conocimos en uno de esos paraísos que tiene nuestro mundo y un día decidimos dejar atrás lo cómodo y conocido para subirnos al Fusca, nuestro WV Escarabajo'80 y dejar que el viento nos lleve.

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We are Jor and Gonza, two young, passionate people, that love travelling, taking pictures and living simply. We met at one of those paradises of our world and one day decided to leave confort and know behind to get on our 1980 VW beetle and let the wind take us. 

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Llevados por el Viento es un blog de viajes mediante el cual intentamos compartir nuestras experiencias y aventuras a través de un recorrido por el continente americano.

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Guided By the Wind (Llevados por el Viento) is a travel blog through which we wish to share our experiences and adventures across the American Continent.

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September 15, 2018

August 21, 2018

August 15, 2018

July 25, 2018

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Gracias Colombia!

July 25, 2018

Camino a Popayán, desde Palmira, nos detuvimos en Santander Quilichao, un pueblito caliente y muy tranquilo pero que nos daba solución a lo que nos aquejaba... Jor tenía una infección urinaria asique paramos en su Hospital local donde le recetaron un antibiótico. Ahora si, camino a Popayán!

A 330km de la frontera con Ecuador, casi habíamos dado una vuelta entera a Colombia y habíamos visitado decenas de pueblos coloniales por lo que nuestra expectativa de pueblos pintorescos era muy alta y quizás eso influyó en que Popayán más allá de reconocer su belleza de sus calles no nos impactó tanto como los otros tan coloridos. Es cierto, es hermosa y se distingue por tener sus edificios pintados de blanco. Con 236 manzanas, Popayán tiene uno de los centros históricos más grandes de América, declarada además Capital Cultural y de la Gastronomía, según la UNESCO.

Nos quedamos en las afueras del pueblo en la casa de un couch surfer que acababa de mudarse y que tenia intenciones de viajar en moto por el continente. Arepas, café y charlas antes de volver hacia el norte, era momento de comenzar a ir hacia Bogotá, teníamos vuelo Jor, Gonza, Leia y el Fusquita. Todos volaríamos hacia el Amazonas, por lo cual debíamos llegar a Bogotá en una semana.

 

Desde Popayán volvimos hacia el Quindío, corazón del Eje Cafetero, en busca de un lugar donde dormir con nuestros amigos Ivan y Eli y su Combi. Los encontramos en un pueblito llamado Caicedonia, donde venían ya varios días vendiendo sus artesanías e ilusiones. Nos fuimos juntos a Buenaventura primero, donde no encontramos mucho lugar para acampar asique seguimos viaje a Pijao, el Primer pueblo "Sin Prisa"de América.

En Pijao se respira interior. A 1600 metros de altura, rodeado por los Andes, con 6000 habitantes, obviamente no tiene prisa. Nos bañamos en su río, salimos a correr por sus calles de montaña, cocinamos ricas pizzas y hasta nos tomamos el tiempo con Jor de tomar un rico cafe, filtrado lento.

 

Acampados con los "Quo Vadis" pasamos no solo nuestros últimos días con ellos, sino también nuestros últimos días de Colombia y básicamente nuestros últimos días "De Ida". Pronto comenzaría una vuelta, larga y llena de aventuras pero vuelta al fin. Luego de varios días con nuestros amigos tan queridos, partimos, pero como no somos fans de los caminos cortos ni directos, antes de ir hacia el Este en búsqueda de la capital colombiana que no estaba tan lejos, decidimos hacer 250km al norte por camino de montaña para llegar a un lugar que había sido muy codiciado por nosotros, pero antes de llegar, nos llevamos otra sorpresa aún mayor.

Entre los "Viajeros por América", ya sea mochileros de un mes, bici-viajeros de una eternidad, simples turistas de 15 días o viajeros motorizados como nosotros, existen ciertas postales viajeras. Hay fotos que si o si debes tomarte en lugares icónicos casi como un escalador cuando sube a una montaña y precisa de esa evidencia física, una foto en la cumbre, comprobando que ahí estuvo. Así una foto en el Salar de Uyuni con alguna gracia, una foto con el Waina Pichu de fondo o una foto en el cartel del Fin del Mundo en Ushuaia se transforman casi como paradas en un juego de "Tesoro Escondido" de viajeros, donde cada foto sería una estación chequeada. A veces hay viajeros que eluden ciertas paradas y eso transforma en una de las preguntas evidentes "Por qué" y más vale que tengan una buena razón para explicar semejante salto...

 

Entre esas fotos, la foto del Peñón de Guatapé era la última de las fotos que nos faltaba de Colombia asique íbamos tras ella, pero antes de llegar decidimos visitar un pueblito colonial más del Eje Cafetero. Como si no hubiésemos visitado suficientes, dijimos uno más: así atravesamos los 250km  de camino de montaña, en los cuales los últimos 50 los cambiamos por 34km de ripio que nos llevaron a través de un bosque montañoso donde nos sentimos solos, perdidos, nos encontramos y felices, todos estadios de un mismo día.

A mitad de camino vimos un campo de futbol en frente de una escuela, eran las 5 de la tarde y no sería la primera vez que dormiríamos en un lugar similar, por lo cual decidimos armar campamento de lado de un arco y esperar la llegada de la inminente lluvia que nos venía amenazando. Frente a este desvío del desvío, habíamos encontrado no solo un lugar paradisíaco por su paisaje, sino tuvimos la oportunidad de ver una de las aves más bellas junto a los Guacamayos, Piqueros Patas Azules y Tucanes, el Momoto Montañero o Barranquero.

Su corona de azul fuerte en la cabeza y su cola larga, muy larga y llamativa hacen de esta especie, muy linda y llamativa, que contrasta en una zona de bosque húmedo y neblina tétrica constante. La mañana siguiente salimos de esta nube y así como unos conquistadores medievales divisamos un pueblo en el valle de la montaña. Habíamos llegado a Jardín de Antioquia, el último de los pueblos del Eje Cafetero que visitaríamos, colorido como muchos pero más grande, más organizado y más colorido! Era posible? Sí. Habíamos encontrado nuestro pueblito colorido del eje cafetero favorito, después de tanta búsqueda.

 A 1750 metros de altura, rodeado por Andes verdes, cascadas y ese hermoso bosque nublado que atravesamos, Jardín es uno de los pueblos coloniales más característicos de Antioquia, la misma región que Medellín, de echo a solo 180km de Medellín, pero no es tan visitado como lo son Filandia o Salento por lo que es mucho menos turístico. Caminamos por sus calles, por su centro plagado de mesitas a la sombra para tomarse un cafecito de tarde. Almorzamos en uno de sus pequeños locales y luego decidimos seguir ruta hacia otro pueblo si bien famoso no entra en la categoría de "pueblos coloridos del Eje Cafetero, sino más bien como excepción. Fuimos a Guatapé.

Por la ruta 60 podíamos ir por asfalto hasta Guatapé en solo 222km, por lo cual no necesitábamos volver al ripio ni al camino de montaña. Dado este dato, decidimos partir luego del almuerzo y si bien la ruta era muy tranquila, dado los números de peajes y el gasto que teníamos por delante en el Amazonas, aprovechamos los peajes para recibir la cálida ayuda de muchos "paisas".

Luego de recaudar la plata para pagar todos los peajes del día, seguimos viaje hacia Guatapé y llegamos este famoso ícono del turismo colombiano. En fin, luego de dos desvíos, llegamos a destino: Guatapé. Un pueblo famoso por sus coloridas calles, pero que también tiene una historia muy controversial. Antiguamente una región dedicada esencialmente a ser ganadera y agrícola, en el año 1970, se construyó un gigantesco embalse en su territorio, lo que forzó a la población a cambiar su economía por la del turismo. Con la construcción de un gran complejo hidroeléctrico con la inundación de 2262 hectáreas de tierra, la mayor parte de Guatapé quedó bajo el agua y lo que hoy se visita es en realidad un "pueblito" pintoresco creado para los visitantes de las grandes urbes cercanas, como Medellín, representando lo más lindo de lo que tenía Guatapé en el pasado y lo que es más atractivo en su presente: los zócalos de sus casas.

Además de los característicos zócalos en sus angostas calles empedradas, Guatapé, el pueblo se viró en torno de su monumento natural más cercano, el Peñón de Guatapé o Piedra del Peñol de 220 metros de altura que se levanta con el embalse de fondo y hace un paisaje errático y completo. El ascenso a la piedra es de 700 escalones y cuesta unos 5 dólares. Nosotros aprovechamos su estacionamiento para sacarnos la buscada foto, tomarnos unos mates y luego nos fuimos hacia el pueblo de Guatapé a buscar un lugar de acampe.

Primero recorrimos el centro de Guatapé, nos tomamos un café sentados en un lindo callejón con un budín. Luego seguimos recorriendo y encontramos un área de picnic al otro lado del embalse e hicimos "rancho" ahi. Rica comida y se largo la lluvia total!!! Por suerte en el área de picnic había un techo donde habíamos cocinado y ahi estaba Leia durmiendo, por lo cual no le entró agua en su ducha, pero si amanecimos bastante húmedo todo.

 

Además de ser un pueblo si bien ficticio, muy pintoresco, Guatapé cuenta con un agregado, las mototaxis super decoradas. Las hay temáticas, monocromáticas o simplemente obras de arte.

Luego del desayuno paseamos un poco más por el pueblo y ahora sí... era hora de llegar a Bogotá y cerrar la etapa de este país que tanto habíamos recorrido y tan bien nos había acogido. Eran 400 km de distancia que cubrimos en un solo día de manejo, teníamos una pareja de couchsurfing que nos alojaría en el centro de Bogotá y tendríamos que hacer los trámites antes de partir hacia el Amazonas. La ansiedad y entusiasmo nos llevaron a Bogotá y nos despidieron con nostalgia de todas las aventuras colombianas.

 

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