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Somos Jor y Gonza, dos personas apasionadas por viajar, fotografiar y vivir la simpleza de lo cotidiano. Nos conocimos en uno de esos paraísos que tiene nuestro mundo y un día decidimos dejar atrás lo cómodo y conocido para subirnos al Fusca, nuestro WV Escarabajo'80 y dejar que el viento nos lleve.

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We are Jor and Gonza, two young, passionate people, that love travelling, taking pictures and living simply. We met at one of those paradises of our world and one day decided to leave confort and know behind to get on our 1980 VW beetle and let the wind take us. 

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Llevados por el Viento es un blog de viajes mediante el cual intentamos compartir nuestras experiencias y aventuras a través de un recorrido por el continente americano.

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Guided By the Wind (Llevados por el Viento) is a travel blog through which we wish to share our experiences and adventures across the American Continent.

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September 28, 2018

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Ahora sí: Tierra de Café!

July 7, 2018

Más allá de que habíamos subido por la Ruta 62 hacia el Norte de Medellín para visitar Santa Fe de Antioquia y participar del evento de autos antiguos, (donde no solo vendimos sino ganamos premios y mucha gente nos hizo regalos) ahora tomamos la 25B para bajar hacia el Eje Cafetero, bordeando desde lejos Medellín.

En el evento nos regalaron desde comida para Leia, huevos, aceite, plata para peajes, fue todo y más de lo que nos habían contado de los paisa! No lo podíamos creer y al mismo tiempo era lo que otros viajeros nos habían dicho. Eli e Iván nos contaron que en esta zona ni siquiera teníamos que preocuparnos por el sinfín de los peajes que había, sino que ellos solo se paraban al costado de la ruta y que en un ratito alguien pasaba y les pagaba el pase o de a poco les dejaban plata solo de bondad. Al principio nos pareció algo raro pero nos insistieron tanto que lo probamos una vez y fue tan increíble, no solo la generosidad de la gente sino la cantidad de conversaciones y alternativas que salieron, gente que nos invitó a lugares, que nos trajo naranjas, pan, hasta los vendedores ambulantes nos regalaban cosas y obvio mucha gente que paraba para pagarnos el pase del peaje.

 

Antioquia nos abrió los brazos y nosotros estábamos felices de haber llegado acá. Seguimos por la R25 hasta que salimos de Antioquia y entramos al departamento de Caldas, llegamos a Manizales, su capital. La idea era hacer base acá, donde teníamos nosotros un Couch Surfing y donde siendo fin de semana podríamos vender bastantes postales e imanes al igual que las artesanías de nuestros amigos. Nos ubicamos en el barrio Chipre debajo del Monumento a los Colonizadores, lugar que los locales visitaban los fines de tarde para ver el atardecer desde lo alto del Cerro donde estábamos. También era un buen lugar para hacer base porque estábamos relativamente cerca de muchos otros pequeños pueblos que queríamos visitar.

 

Siendo una ciudad grande, comercial, no era la más atractiva para pasear pero nunca falta la oportunidad para salir a descubrir sus rincones asique con Jor y Leia a bordo del Fusquita nos fuimos hasta el centro de la ciudad y nos encontramos con uno de los souvenir más lindos del viaje, un auténtico saco de café!

Visitamos la "Zona Rosa" referida a la zona donde hay restaurantes y bares y un sorprendente cable carril (en desuso) que comunicaba varias montañas. Luego pasamos por la casa de Estefanía, nuestra anfitriona de Couch Surfing a quien solo le habíamos pedido ducharnos ya que luego de la experiencia en Medellín y además basados en otros viajeros que habían estado en la zona, dormiríamos mismo en el monumento. 

Era muy interesante estar en el monumento de los colonizadores por lo que eso significaba, un homenaje a los antioqueños que habían llegado de Medellín a colonizar toda la región hoy conocida como el Eje Cafetero, mejor lugar no podríamos haber elegido para comenzar nuestro recorrido. 

 

Desde Manizales bajamos la ruta 29 por 96km hasta llegar a Armenia, otro de los centros comerciales de producción del Café. Antes de llegar a Armenia se encuentran tres de los lugares más populares para visitar en la región, Salento, el Valle del Cócora y Filandia.

 

Conocido como el Municipio Padre, Salento es el Municipio más antiguo de la región, fundado a mediados del siglo XIX. De los pueblos visitados en el Eje Cafetero probablemente sea el más visitado y eso se nota en sus calles, especialmente recorriendo la Plaza Bolivar o la Calle Real (que surge de la misma y nos lleva hacia el mirador Alto de la Cruz), donde tiendas de souvenir, locales gastronómicos y hostales dominan la zona comercial del pueblo.

En su plaza  descubrimos uno de los iconos de la región cafetera, el Jepp Willis, conocido localmente como Yipao (derivación del Jeepao). Con el final de la Segunda Guerra Mundial (1946), Estados Unidos contaba con una sobreproducción del Jeep Willis y comenzó a ofrecerlo a países del mundo como medio de transporte alternativo para zonas rurales. Colombia fue uno de los países que adquirió este vehículo para su ejército y asimismo los productores rurales encontraron en él la solución industrializada para reemplazar las mulas y así lo denominaron "Mula Mecánica". Hoy en día, al igual que las casas de colores, los Yipaos también están pintados de diferentes colores y son usados tanto para transporte de producción como para el transporte de personas, razón por la cual se encuentran en las Plaza Bolívar, principal de Salento.

Además de caminar por el centro del pueblo, sacar fotos y subir al Mirador Alto de la Cruz usamos Salento como base para visitar el mundialmente famoso Valle del Cócora, ubicado a 24km al final de un camino de cornisa todo asfaltado y con un paisaje que va enamorando hasta llegar. No nos fuimos solos, seguíamos viajando lado a lado con Iván y Eli asique en la caravana Volkswagen fuimos hasta el Valle. Ubicado dentro del Parque Nacional Los Nevados, éste parque natural dedicado específicamente a una planta seria absurdo sin mencionar que la la palma de cera del Quindío (Ceroxylon quindiuense) además de ser un árbol nativo, es el árbol nacional de Colombia.

Como suele suceder con estos destinos tan publicados en blogs, revistas, diarios, redes sociales, una foto, una toma, un ángulo además de una buena y a veces sobre cargada post-edición, generan una expectativa que no necesariamente reflejará la realidad del paisaje. En nuestro viaje, innumerables veces sucedió eso y el Valle del Cocora si bien es hermoso y nos encantó visitarlo, requiere algunos datos que deberían ser aclarados antes de ser visitado. 

 

Cuando se llega al "final del camino" que literalmente es un lugar donde el asfalto da espacio al ripio y luego un cartel dice No Avanzar, hay una decena de locales que venden comida, ofrecen estacionamiento, excursiones y otras actividades. Una vez pasada esa zona se entra en un camino de ripio que luego se hace un sendero angosto por el cual solo podrían circular bicicletas, pedestres o caballos, a sus costados se ven las Palmas de Cera, mal pensadas que se llaman cócoras porque el nombre del Valle no tiene nada que ver con el árbol sino que se refiere a una finca que desde el 1900 ocupa el Valle. 

Cuando el sendero comienza y el camino vehicular termina, a los lados del sendero increíblemente hay propiedades privadas como la Finca La Cócora que cobra un ingreso para acceder una tasa bastante alta que da permiso a hacer un sendero de aproximadamente una hora que recorre estos palmares. La foto (arriba) que nos sacamos con Jor y que tanto habíamos visto en blogs de viajes, es una foto sacada desde el lado de afuera del alambre que divide la propiedad privada del camino.

 

Para acercarnos más a las Palmas pero de modo gratuito hay que continuar por el sendero y luego de unas tres horas llegas a la cima de unos cerros donde también se encuentran aglomeraciones de estos árboles. Como comenzamos a caminar luego del almuerzo no teníamos suficiente tiempo para ir y volver (6 horas) por lo que caminamos igual hacia el bosque y luego nos regresamos.

No son tantas las aglomeraciones de las Palmas, sino más bien son "manchones" esporádicos que se encuentran en lugares específicos, otro dato que el visitante debería saber antes de llegar. La Palma de Cera no solo es el árbol nacional de Colombia y además hermoso, sino que es la Palmera más alta del mundo, alcanzando los 70m, crece entre los 1800 y los 2500 mts sobre el nivel del mar y fue estudiado y bautizado por Alexander Von Humboldt. 

 

Desde Salento y Cócora, regresándose hacia la Ruta 29 encontramos otro desvío que nos llevó a conocer el otro simpático y famoso pueblo de la zona, Filandia.

Filandia, parecido pero diferente a Salento, algunos describen como menos turístico otros como más auténtico... lo cierto es que Filandia si bien tiene la misma arquitectura, colores y aromas que Salento, tiene muchos menos visitantes si bien aun los tiene. Su calle principal se llama La Calle del Tiempo Detenido y es una visita obligada a todo turista que se interese por entender los ritmos y modos de la cultura cafetera.

Por la importancia cultural y el paisaje cultural del Eje Cafetero, la Unesco declaró como Patrimonio de la Humanidad en el año 2011, gran parte de esta zona, para reconocer el paisaje y la cultura más representativo de esa región cafetera, a la cual se le denominó Paisaje Cultural Cafetero y tenemos que coincidir plenamente que no es solo un paisaje sino que lo más lindo es la cultura de estos emigrados paisas, su forma de cultivar café, de tomarlo, de hacer arepas, de contar historias, todo a un ritmo lento y casi de "bon vivant".

Con los Quo Vadis nos instalamos en un predio vecino a los Bomberos del Pueblo y aun gimnasio, campo de deportes en las afueras del pueblo (5 cuadras del centro) donde hicimos comidas, charlas bajo la lluvia (por suerte teníamos nuestro toldo) y aprovechamos el gimnasio para ir al baño y ducharnos.

 

A 30 km al sur de Filandia se encuentra Armenia, un pueblo donde Ivan y Eli tenían una invitación y nosotros teníamos otra, pero en lugar de separarnos hicimos juntos ambas visitas. La primera era una invitación de Alex, que vivía a pocos kilómetros de Armenia, en las afueras de otro pueblo llamado Calarcá, donde se festeja la Fiesta Nacional del Café y donde hay muchas fincas (chacras, pequeños establecimientos agrícolas) de café, como Macondo, propiedad de su familia donde además de vivir padres, hijos y nietos en un marco geográfico hermoso, tienen sus propias plantas de café.

Obviamente, una invitación imposible de resistir, asique los cuatro nos fuimos allá donde aprendimos todo sobre la plantación, el cultivo, la cosecha del café, pero sobre todo pasamos unos días hermosos en familia, compartiendo recetas y charlas con los locales y con los viajeros.

Jor y Eli finalmente aprendieron a hacer arepas con la receta más auténtica que encontraron, Iván hizo unas riquísimas pizzas y además junto con Gonza aprovecharon para hacerle un servicio eléctrico al Fusca que venía necesitando. También ambos aprovecharon la existencia permanente de una ducha para salir a correr por las sierras y hasta bañarse en un río cercano.

Pasamos una semana increíble en Macondo y podríamos habernos quedado más tiempo pero aún teníamos más amigos que visitar y así fue como un día bien temprano nos fuimos a encontrar con Breyner (de quien demoramos mucho en entender como se escribía y pronunciaba su nombre) en el SENA (Servicio Nacional de Aprendizaje) que es un instituto público y gratuito que se encuentra en todo Colombia donde se dictan cursos técnicos y oficios.

 

Fuimos con una idea liviana de visita y ni nos imaginábamos que nos recibiría Breyner junto a uno de sus profesores del curso de barista que estaba cursando, Juan, un paisa lleno de conocimiento y pasión por el café. 

Nos llevaron primero a recorrer las plantaciones del instituto donde aprendimos desde los diferentes tipos de semilla de café, germinación, plantación, cuidado de malezas, todo! incluso llevamos a Leia quien recorrió las plantaciones de rico café!

Después aprendimos sobre la cosecha, secado, tostado y finalmente una parte espectacular: los diferentes tipos de filtrado... fue acá que nos dimos cuenta que veníamos tomando café muy mal! Juan y Breyner nos llenaron de conocimiento, de sabores, de experiencias para que salgamos de ahí no solo con una linda experiencia sino como embajadores del café y apasionados de esta infusión tan común mundialmente pero que generalmente se toma rápido, con leche y azucar, lejos del ritual colombiano.

Al final del día nos fuimos para la casa de Breyner junto a Eli e Iván y nos instalamos en su casa por unos días. Conocimos a toda su familia (Diana y Marcelito) y preparamos un "Sancocho Trifásico" o Sancocho de Tres Carnes. Como ya habíamos probado antes y mencionamos otras veces en nuestro blog, el Sancocho es una suerte de guiso o sopa que se hace en Colombia y que va variando según la zona, muy típico para encontrar en los puestos de los mercados y en los eventos familiares en las casas los días domingos. La particularidad del Trifásico, como  lo lleva su nombre es que se hace con tres tipos de carnes, cerdo, vaca (llamada también res) y pollo.

 Breyner, Diana y Marcelito tenían la vocación de salir de viaje en una Kombi que estaban preparando (Ahora ya en viaje, @cafeviajero) y tenían las ganas de llevar el café colombiano como símbolo de su viaje hacia otros rincones del continente, asique esto motivó a muchas charlas sobre mecánica, sobre vivir viajando y tantas otras. Como despedida, siendo los dos (Breyner y Diana) originarios de Cali, la tierra "caliente" de colombia, decidimos irnos todos a bailar salsa a un tradicional bar bailable colombiano, donde muy similar a una milonga de Tango rioplatense, las parejas se forman y desforman al compás de cada canción que va acompañada de una pausa posterior. 

Como éxito comercial la salsa no vio la luz sino hasta la década de 1960, cuando músicos  puertorriqueños explotaron su ritmo en la ciudad de Nueva York, tomando elementos de la música afrocubana como el son y otros norteamericanos como el jazz para dar forma a los que hoy llamamos salsa. Por su ubicación geográfica y conexión cultural, la salsa llegó a Colombia y se convirtió en un genero de clases populares y se convirtió no solo en un sonido con identidad propia: La Salsa Colombiana, sino que adquirió en el Caribe su lado bailable como lo conocemos todos.

Dicho todo esto, no podíamos dejar Colombia sin experimentarlo, vivirlo y acabar encantándonos con este lado tan colombiano como el Café, su ritmo.

 

Dejamos el Eje Cafetero, no solo enamorados de esta región tan rica, tan cariñosa y generosa, sino además nos separamos de nuestros compañeros de aventuras Iván y Eli con quienes habíamos hecho una familia viajera y cada vehículo siguió su rumbo diferente. Nosotros seguiríamos al Sur para conocer Popayán, antes de hacer nuestro Gran Viaje hacia el Amazonas, y ellos seguirían rumbo norte con destino Panamá.

 

En las próximas semanas, Colombia tenía aún mucho para mostrarnos y sorprendernos... asique aún hay mucho para contar!

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