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Somos Jor y Gonza, dos personas apasionadas por viajar, fotografiar y vivir la simpleza de lo cotidiano. Nos conocimos en uno de esos paraísos que tiene nuestro mundo y un día decidimos dejar atrás lo cómodo y conocido para subirnos al Fusca, nuestro WV Escarabajo'80 y dejar que el viento nos lleve.

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We are Jor and Gonza, two young, passionate people, that love travelling, taking pictures and living simply. We met at one of those paradises of our world and one day decided to leave confort and know behind to get on our 1980 VW beetle and let the wind take us. 

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Llevados por el Viento es un blog de viajes mediante el cual intentamos compartir nuestras experiencias y aventuras a través de un recorrido por el continente americano.

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Guided By the Wind (Llevados por el Viento) is a travel blog through which we wish to share our experiences and adventures across the American Continent.

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September 28, 2018

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Hasta el final no paramos!!!

May 2, 2017

Llegamos a Salta con dos propósitos, el primero hacer los trámites para que Leia salga de Argentina hacia Chile, nuestro plan era subir hasta La Quiaca, final de Argentina y luego irnos hacia el Desierto de Atacama. Para esto debíamos realizar los tramites en una ciudad principal o en este caso, capital de la provincia, donde hubiese una oficina del SENASA (órgano argentino encargado de administrar movimiento de animales dentro y hacia afuera del país). La otra razón era hacer el tradicional "engrase del tren delantero" del Fusca y por ultimo revisar el carburador que creíamos nos estaba dando algunas fallas.

Por suerte, pudimos además lavar el auto y conocer nuevos amigos, como fueron Ismael y Florencia que junto a sus hijas nos invitaron a comer empanadas (quizás las mas ricas de toda la Argentina) en su humilde casa.

Con su Kombi, La Coya, planean recorrer gran parte de la Argentina mientras venden empanadas. Obvio que los motivamos con todo lo que pudimos y tuvimos varias charlas, entre empanadas y otras comidas. Mientras tanto se hizo el tramite de Leia y decidimos que el carburador lo chequearíamos nosotros. El clima seco y soleado se transformó en nublado y decidimos que era hora de irse de Salta por lo cual volvimos hacia los Andes, hacia la Puna, esta vez tomamos la RN 51 para reencontrarnos con la altura, aunque esta vez superamos el récord del Fusquita, superamos los 4000 metros en el Abra Blanca! Poco a poco nuestros miedos se iban haciendo menores y nuestra fe en el Fusca que siempre fue mucha, se fue consolidando aun mas!

Llegamos a San Antonio de los Cobres tiene su nombre por dos razones, San Antonio, protector de mulas, patrono de arrieros y viajeros, en combinación con la cercanía de la sierra de Cobre, rica en este mineral. El intenso comercio entre el norte argentino y Potosí, especialmente con la exportación de mulas, creo la necesidad del trazado de una linea ferroviaria que llegara hasta este punto, donde se fundo el pueblo. El principal vestigio de esta enorme obra vial es el viaducto La Polvorilla, ubicado a unos 10km de San Antonio por un camino de ripio que hoy en día estaría intentando el instituto de Vialidad Nacional, encuadrar dentro de la RN40.

La modernización de las vías férreas de mediados del siglo XX y la intención de comunicar federalmente a la Argentina impulsaron la construcción de este viaducto que hasta entonces era impensado. Este viaducto se caracteriza por ser una especie de prolongado puente de gran altura, único en el mundo por su tramo de curva ascendente con rieles peraltados. No solo fuimos a visitarlo sino que decidimos rendirnos a sus pies y dormir bajo él, a 4200 metros SNM y con lo que seria una de las noches más frías que pasaríamos en nuestro viaje.

A la mañana siguiente fuimos a recorrer el centro del pueblo a buscar hojas de coca (ya que la altura había comenzado a castigarnos) y también informarnos sobre los caminos a seguir hacia nuestro destino que serían Las Salinas Grandes. Nos informaron de tres caminos y cada persona tenia una recomendación diferente y entonces tuvimos que arriesgarnos con el que parecía mas interesante y terminaría siendo el que estaba en peor estado.

Unos 100km de ripio nos llevarían a reencontrarnos con el asfalto en la puerta de las Salinas, donde cansados, aburridos y un poco apunados (si bien habíamos bajado casi 1000 metros de altura), decidimos detenernos en las Salinas. 

Conversamos con algunos turistas que llegaban a conocer las Salinas y luego del almuerzo decidimos partir... solo que el Fusca estaba cansado, no por la altura, ni por las cuestas, ni el ripio. Ni siquiera los 45.000km que habíamos hecho con La Gorda de arrastre... lo que le pesaba a nuestro querido Fusca eran 36 años de un motor que había girado bastante.

Empezamos buscando el problema hasta que llego la tarde y el frío y decidimos abandonar al Fusca y partir rumbo a Purmamarca, a 80km desde donde trataríamos de conseguir una grúa para llevarlo hasta un taller y revisarlo. Fue la primer noche que dormimos separados del Fusca y fue muy raro... casi como que habíamos abandonado a un amigo, le dimos vida, lo pensamos y lo extrañamos... obviamente al día siguiente fuimos a buscarlo, como planeado porque a un amigo, no se lo abandona.

Leia viajó por primera vez en una grúa, que por suerte estaba incluida en nuestra póliza del seguro del auto asique no nos costó nada.

Desde las Salinas bajamos hasta Tilcara, ciudad que nos recomendaron ya que había más mecánicos. Aun así, decidimos probar una vez más. Luego de hacer el clásico test de ver si el problema es el combustible, el sistema eléctrico, etc.... decidimos que el problema era el distribuidor. Gonza se vistió de mecánico (es una manera de decir ya que no tenemos tanta ropa) y se mandó a desarmar y cambiar el distribuidor por el que llevábamos de backup. Lamentablemente esto no alcanzó para el éxito y tuvimos que empujar al fusca hasta el más próximo taller donde entre idas, vueltas, testeos y mas vueltas estuvimos casi tres días entre los cuales íbamos a pasear y volvíamos. La cuestión es que recién al tercer día descubrimos que el problema que el Fusca tenía era realmente el motor que estaba perdiendo demasiado aceite que cada en las bujías y estas dejaban de funcionar o funcionaban mal.

Mientras estuvimos haciendo este análisis, aprovechamos para recorrer otra vez Purmamarca, con sus fantásticos cerros coloridos. Dormimos en su camino conocido como Los Colorados. Recorrimos sus calles, sus colores y lo mismo fue con Tilcara y Humahuaca, los tres (entre otras localidades) parte de la fantástica Quebrada de Humahuaca.

La Quebrada de Humahuaca es un profundo y angosto surco de origen tectónico-fluvial recorrida por el río Grande, subafluente del río Paraguay. Ha sido declarada Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad en julio de 2003 por la Unesco, por ser una combinación de maravillosos paisajes, pueblos y ciudades que conservan muchos vestigios precolombinos y coloniales, como así también su milenaria cultura omaguaca. Fueron los Omaguacos que estaban aquí cuando los Incas bajaron desde el Perú a conquistar el Tihuantisuyo y serían ellos quienes les dan nombre a la Quebrada.

Una vez descubierto el problema real del Fusca, éste dejo de ser un problema ya que tenía solución (concepto de Herman Zapp y tantos otros filósofos contemporáneos). Si el auto se detenía debíamos sacarle las bujías, limpiarlas y volver a ponerlas. En caso de que le faltase compresión, habría que empujar para ayudarle a arrancar... y eventualmente haríamos el desarmado del motor y reparo necesario.

La decisión quedaba ahora en DONDE. Donde haríamos el motor, hacia donde iríamos. Las opciones eran múltiples: Volver a Brasil, ir a Perú o quedarnos en Argentina. Decidimos en conjunto que volveríamos a Brasil pero no sin antes conectar todos los extremos de Argentina e iríamos hacia el lugar más Norte del oeste del país que nos vio nacer. Era un riesgo porque volveríamos a la altura, exigiríamos nuevamente al Fusca caminos de ripio y pendientes, pero sabíamos que se lo debíamos a nuestro amigo quien había estado en el extremo Sur y Nor-Este.

Nos quedaban 200km para llegar, la Ruta Nacional 9 sería nuestra pista y el termo tenía agua caliente. Eran las 4 de la tarde. Gonza la miró a Jor y no lo dudó: vamos le dijo. Jor respondió: a donde? A La Quiaca. Con lágrimas de emoción le dijo... se lo debemos a nuestro viaje, nunca tuvimos un objetivo seguro, pero este si, vamos a llegar porque nos lo merecemos. Así fue. A las 20.00 estábamos entrando en La Quiaca. Habíamos conseguido todos llegar a una ciudad que si bien famosa por la ubicación fronteriza no tenía mucho para ofrecernos además de una ducha caliente, un plato de comida y un cartel que significaba mucho. Mucho esfuerzo, sacrificio, sudor, estrés, pero sobre todo una alegría enorme.

Llegamos hasta la frontera con Bolivia y si bien estaba bastante asegurada por el tráfico de drogas, les explicamos a los gendarmes (policías de frontera) que necesitábamos una foto en el cartel y que bloquearíamos el tránsito por unos minutos. No solo nos dieron el permiso sino que se ofrecieron a tomar la foto y nos atacaron con sonrisas y halagos. La vida te da sorpresas y la mayoría son alegres. 

 

Dimos la vuelta a la esquina y nos encontramos con el ómnibus de unos amigos viajeros, Oscar y Elizabeth a quienes habíamos visto por última vez un año atrás en Patagonia. Acampamos junto a ellos y pasamos una noche de puro festejo. Se había cumplido un sueño, porque los sueños están para cumplirse.

 

 

 

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