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Somos Jor y Gonza, dos personas apasionadas por viajar, fotografiar y vivir la simpleza de lo cotidiano. Nos conocimos en uno de esos paraísos que tiene nuestro mundo y un día decidimos dejar atrás lo cómodo y conocido para subirnos al Fusca, nuestro WV Escarabajo'80 y dejar que el viento nos lleve.

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We are Jor and Gonza, two young, passionate people, that love travelling, taking pictures and living simply. We met at one of those paradises of our world and one day decided to leave confort and know behind to get on our 1980 VW beetle and let the wind take us. 

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Llevados por el Viento es un blog de viajes mediante el cual intentamos compartir nuestras experiencias y aventuras a través de un recorrido por el continente americano.

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September 28, 2018

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Bienvenidos al Lago Nahuel Huapi

June 30, 2016

Jor se había ocupado las últimas horas de presentar la CR y preparar al Fusca para los próximos kilómetros por la RN40, cuando dejaríamos definitivamente Chubut y entraríamos en la provincia de Río Negro con dirección norte, hacia la Región de los Lagos, que incluyendo las localidades chilenas de la zona, se definen como Región de Lagos y Volcanes.

 

Después de almorzar salimos de Las Golondrinas, nuestra casa durante tres semanas (estacionados en la casa de Sandra y Carlos) y partimos sin hambre de kilómetros, pero si con ganas de un campamento salvaje. 

Durante su estadía en Las Golondrinas Jor había conseguido (y pintado ella misma) un “mate viajero” que al tener doble manija ayudaría al conductor y al cebador ambos tomar una manija sin que ninguno se queme la mano… explicación que solo un verdadero matero entendería… También había una riquísima pastaflrola casera hecha por Sandra, para alentar los mates viajeros y además para estirar la cena.

Más salvaje que la beira de un río con nombre de cacique, imposible! Y la historia de coincidencias toponímicas no termina ahi! A menos de 70 km de El Bolsón, la Ruta 40 cruza un importante río donde se pesca muchísimo a lo largo de sus 68km de longitud, el Río Foyel. Este río que baja desde los glaciares andinos y por ende tiene un color verde fuerte, se llama Foyel en homenaje al Cacique Tehuelche nacido cerca de este punto y Foyel en la lengua nativa se atribuye al Canelo o Foye que es un árbol sagrado para los indígenas de la región (siendo Canelo el apellido de Jor).

Al dia siguiente, con buen clima pero sin demasiadas razones para madrugar, fuimos al río a llenar unos bidones para cargar la CR con agua y lavarnos la cara y los dientes con agua pura y cristalina. Sacamos fotos, desayunamos con rica mermelada casera de membrillo oriundo de la Comarca Andina y partimos antes del mediodía hacia Bariloche.

 

Desde Foyel lentamente y en forma de zig-zag comienza una famosa subida, conocida como el "Cañadón de la Mosca", o "de las Moscas” alcanzando los 1075m de altura (El Bolsón esta a 316msnm y Bariloche a 893msnm) y temido en épocas de heladas. Poco a poco fuimos acercándonos a los grandes cerros, incluyendo el imponente Cerro Tronador, que si bien no se ve desde la ruta, carteles que anuncian desvíos para llegar próximos, lo delatan.  Desde el punto más alto, luego de un control de gendarmería, comienza a descender la Ruta hacia los hermosos lagos Guillermo y luego Mascardi. 

 

Un termo de mate, mucha paciencia y llegamos al Lago Mascardi escuchando música afro-brasilera que Gonza trajo de Brasil. En la cabecera del lago, varios puntos para picnic y una playa de piedra nos urgieron para parar a almorzar y aprovechar este hermoso, frío pero celeste inicio de tarde patagónica. Jor había preparado una tarta de cebolla y queso el día anterior y mientras nos deleitamos hicimos un llamado a Bariloche anunciando nuestra llegada estimativa a nuestros anfitriones Santiago y Veronica. “Santi” nos explicó el camino más o menos y asumió que podríamos comunicarnos telefónicamente más adelante para poder encontrarnos, pero como viajeros precavidos que somos, advertimos que las chances de volver a comunicarnos nuevamente eran limitadas. Tratamos de sacarle las coordenadas y luego nos dedicamos a disfrutar de este hermoso lugar que nos encontró solos. 

Agua transparente, con olas producto del viento patagónico que nos trajeron agua para beber y nos mostraban las truchas que fuera de temporada nadan y se preparan para el invierno como tantos otros animales de estas latitudes. El Lago y villa homónima (Villa Mascardi, ubicada en frente al lago) recuerdan a un misionero jesuita italiano, quien fundó una misión a orillas del lago Nahuel Huapi y murió a mano de nativos en el siglo XVII. 

 

Cerca del Lago Mascardi hay una estación de servicio YPF-ACA donde usamos los servicios y seguimos viaje hacia Bariloche. A pocos kilómetros, nos topamos con el Lago Gutiérrez, que al igual que el anterior reciben su agua de deshielo de glaciares y por esto se caracteriza su fuerte color verde y sus bajas temperaturas (si bien el Lago Gutiérrez también recibe mucho de su caudal de agua de lluvias, lo que sube su temperatura). El nombre del lago fue colocado por el Perito Moreno, en homenaje a Juan Maria Gutiérrez, político argentino del siglo XIX. A orillas del lago se ven muchas casas de gran porte en lo que es uno de los barrios mas jóvenes y alejados hacia el sur de la ciudad de Bariloche, lo cual para nosotros era el anuncio de la llegada a esta gran urbe patagónica. 

 

Desde la entrada a la ciudad, muy rápido se nota la diferencia entre los pequeños poblados de la Comarca a los que estuvimos acostumbrados hacía más de un mes… un basural enorme, barrios marginales con construcciones precarias, tránsito pesado y grandes mercados, rasgos que también son parte de la Patagonia. Llegamos a San Carlos de Bariloche!

 

La ciudad más poblada de la Patagonia argentina, además de la más visitada (900.000 visitantes por año) engaña a cualquiera que llegue de avión o que abra los ojos al arribar a su hostería, ya que sus calles del centro cívico (con su famosa y tradicional arquitectura), con locales tradicionales de chocolate y tiendas de ropa de invierno, hacen sentir el aroma de pueblo que muchos buscan en sus vacaciones. 

Al llegar intentamos ir directo a la casa de Santi y Vero por nuestros medios, pero, esta ciudad urbanísticamente ensamblada a los pies de Los Andes tiene muchas subidas, bajadas, curvas complejas y en una maniobra de aquellas, nos encontramos en una subida demasiado empinada para el Fusca con "La Gorda" (nombre cariñoso con que rebautizamos a nuestra casita rodante desde la Carretera Austral), que además de no tener envión, un curioso peatón que se cruzó y nos obligó a frenar un poco y los nervios en medio de un complejo transito citadino, una vez más... no subimos... Motos y taxis apurados no perdieron un segundo y comenzaron a pasarnos por izquierda y derecha. Gonza con un pie pegado al freno y la mano derecha en el freno de mano, Jor con la mirada atenta al transito y guiando a Gonza para que marcha atrás pudiese hacer que el fusquita maniobre para dar la vuelta. Definitivamente el camino era otro.

 

Conseguimos escapar de este obstáculo, frente a varios bocinazos e impacientes conductores y nos fuimos hasta la Av. Bustillo, avenida importante del pueblo que recorre todo el litoral del Lago Nahuel Huapi, a orillas de quien se encuentra la ciudad de Bariloche. El apellido Bustillo, históricamente relevante, hace alusión a Exequiel Bustillo, Presidente de Parques Nacionales y cuyo hermano, arquitecto, Alejandro, diseñó la Catedral de Bariloche, el Hotel Llao Llao entre otros edificios de la región, todos antes de mediados del Siglo XX, buscando la expansión del Turismo como forma sustentable de mantener los Parques Nacionales. El resultado: un éxito absoluto en Bariloche, destino número uno de la Patagonia, no solo en verano, sino en invierno y en casi todo el año. 

 

Sobre esta avenida costera, nos detuvimos en un área de descanso y ahí nos reencontramos con Santi luego de carga de crédito a nuestra linea de celular, llamadas perdidas, mensajes desencontrados y relajo del momento de tensión vivido minutos atrás. Al cabo de más de 400 días de viaje y más de 30.000 km recorridos, los momentos de tensión y estrés pasan a tener otro nivel, y así como el umbral de dolor de alguien que se tatúa va ampliándose con el pasar de los tatuajes, el nivel de aceptación y manejo de momentos de stress va convirtiéndose casi en una rutina para el equipo viajero. Eso no quita que el momento continue existiendo y siempre sea bueno luego de vivirlo, sentarse a respirar y relajarse.

Apareció el amigo Santi, compañero de profesión de Gonza y con quien han compartido viajes, encuentros y muchas charlas juntos. Quizás uno de sus mejores amigos, oriundo de un barrio de Buenos Aires (Parque Chas) decidió junto a su mujer, hace unos años venir a vivir a Bariloche y aquí estan. Nos fuimos con Santi hasta su casa donde estacionamos a La Gorda y nos reencontramos con Vero, su mujer, veterinaria y docente, pero que además nos esperaba con una sorpresa.

Pasamos tres días en San Carlos de Bariloche y además de compartir muchas charlas y mates con amigos pudimos aprovechar para vacunar a Leia a quien le tocaba la vacunación y control anual. La cachorra está en perfecto estado, recomendación médica: seguir viajando.

Obviamente también hicimos algunas visitas turísticas con nuestros amigos. Recorrimos el Circuito Chico y visitamos el Hotel Llao Llao, desde donde se ve el imponente Cerro Tronador, limite con Chile y pico más alto de la región. Risas y fotos no faltaron. 

También vimos (y acariciamos) a los emblemáticos y polémicos perros San Bernardo, que si bien sus dueños no quieren que te acerques mucho a ellos (ya que están "trabajando"), Jor no pudo aguantar las ganas más de una vez!

Paseamos por el hermoso y romántico barrio de Colonia Suiza, degustamos cervezas artesanales y aprovechamos las increíbles vistas de los lagos y cerros. 

Y lo que más disfrutamos: degustar chocolates.

Con Santi y Vero fuimos a pasear al Parque Municipal Llao Llao, a 23km del centro de la ciudad,  hicimos un corto sendero y pudimos apreciar una vez más la partida del otoño y la desaparición de varios colores y especies que se van a dormir durante el invierno. Mates en una pequeña y romántica Laguna Escondida y disfrutamos de los silencios y sonidos del Bosque Andino-Patagónico. 

Entre mates charlamos de la vida y en especial de la sorpresa de Santi y Vero, la llegada de un nuevo integrante a la familia. Felices por la noticia compartimos ideas, conversamos sobre los desafíos, el embarazo, las dudas y sobre todo les ofrecimos la compañía que podíamos, incluso a la distancia futura.

A la tarde volvimos a la casa de nuestros amigos y decidimos partir aunque fuese para manejar solo pocos kilómetros, al menos saldríamos de la urbe con todo lo que ello implica. Nuestro próximo destino seria Villa La Angostura, a menos de 100km de distancia en dirección norte, aunque para llegar habría que bordear al gigante Lago Nahuel Huapi (con más de 500km cuadrados y cuyo nombre en Mupundung, significa “Isla del Jaguar” y hace referencia a la Isla Victoria y a como algunos nativos llamaban a los puelches, habitantes de esta zona, por su valentía : tigres) y esto demoraría varias horas. Como salimos a la tarde de Bariloche, decidimos hacer una noche en un lugar agreste y elegimos el Río Limay como destino. 

Justo donde la Provincia de Río Negro nos despediría, a las margenes del río cuyo nombre en mupundung se refiere a transparente, que si bien nace en el Lago cuyas aguas son de origen glaciar, mientras viaja para encontrarse con el Río Negro y luego desembocar en el Océano Atlántico, poco a poco se va haciendo más transparente.

 

En nuestro campamento agreste, disfrutamos con Leia de caminar en las orillas del río e ir hasta la desembocadura del lago, desde donde se ven al atardecer las lejanas pero fuertes luces de la ciudad y los puntiagudos picos del Cerro Catedral. 

Cena y frío en la CR, mañana larga ya que en estas latitudes para mayo ya no es aconsejable salir a la ruta temprano (por el hielo), luego de unos mates, levantamos campamento y partimos hacia el norte, abandonando la Provincia de Río Negro y los Andes para reencontrarnos con la meseta en el Este por aproximadamente 1 hora (R40 hasta el empalme con la RP237 y luego R40 nuevamente) y luego volver a los Andes en dirección Norte.

 

A la vuelta a la R40, nos volvimos a encontrar con el margen del Lago y la ondulada patagonia seca volvió a dar lugar a las infinitas curvas, subidas y bajadas de los caminos andinos. El Lago Nahuel Huapi tiene una forma parecida a una mano, siendo en el lado sur la palma y hacia el norte diferentes dedos (denominados brazos) que se introducen en valles, su mayoría de origen glaciar y desde donde viene su fuente de agua. De a poco el Lago va dando lugar a uno de sus últimos brazos, el Brazo de Ultima Esperanza, donde se encuentra la Villa La Angostura y mientras comenzamos a ver poblamiento, también percibimos la humedad de esta región andina, que tiene mucho verde, mucha sombra e increíbles vistas del Nahuel Huapi y de los altos cerros y volcanes cercanos.

 

En el km 2112 de la RN40 entramos al centro de "La Villa” como le dicen los locales. Una calle principal con locales de estilo andino y patagónico (chapa, piedra, madera, techos a dos aguas, vidrio con ventanas grandes), cervecerías artesanales, marcas de ropa de ski y montaña, chocolaterías y cruces peatonales en forma de lomo de burro en todas las esquinas (donde siempre tiene prioridad el peatón). 

Conocida como El Jardin de la Patagonia, su nombre deriva de una península que entra en el Lago Nahuel Huapi, un istmo llamado Quetrihue (lugar de arrayanes en Mupundung). Fue alrededor de esta península que creció el pueblo, donde el Puerto, un hotel y pocas viviendas fue todo lo que hubo hasta mediados del siglo XX.

Hoy esa zona, muy turística, cuenta con dos playas de arena, donde los mates de tarde se convierten en un ritual obligado de los locales y también de los visitantes.

En la Villa fuimos tan afortunados que una familia conocida de Jor (Familia Reumann) nos ofreció su casa de verano para que nosotros pasemos el invierno… y sin dudarlo aceptamos con una sonrisa en nuestras caras. La Villa se extiende a lo largo de la RN40 que va bordeando el Lago hacia el Norte y sus barrios van surgiendo a ambas márgenes de la ruta, con subidas empinadas, calles de tierra, muchos cipreses, coihues y otros arboles nativos de la zona, además de arbustos y plantas de todo tipo. 

 

Nosotros continuamos camino hacia el Norte y a 5km del centro subimos al barrio Villa Correntoso, que queda encerrado entre dos lagos, el Nahuel Huapi y el Lago Correntoso, siendo éste último parte del famoso circuito de 7 Lagos. Al subir por el barrio, los nombres de calles con pajaros autóctonos fue lo primero que nos llamó la atención y encontramos nuestra futura casa en la calle Las Avutardas y Las Hualas. Al abrir la puerta, la calefacción prendida ya nos recibió con todo el cariño que necesitábamos los tres, por lo cual confiamos en que este era un momento para hibernar, cuidarse del hielo de la ruta, del incomodo frío y aprovechar para darle una descansada al Fusca. 

La zona del Río Correntoso, (que solo tiene 200 metros de largo y une el Lago homónimo con el Nahuel Huapi) es muy tranquila y si bien tiene acceso limitado, es bien conocido en la Villa por albergar el primer hotel de lujo de la localidad, conocido mundialmente por su pesca de truchas en la desembocadura del Rio, el Hotel Correntoso.

Poco a poco irían pasando los días y nos haríamos una rutina propia de nuestra estadía en la Villa, rutina de viajeros… viajeros felices, viajeros hibernando...

 

 

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