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Somos Jor y Gonza, dos personas apasionadas por viajar, fotografiar y vivir la simpleza de lo cotidiano. Nos conocimos en uno de esos paraísos que tiene nuestro mundo y un día decidimos dejar atrás lo cómodo y conocido para subirnos al Fusca, nuestro WV Escarabajo'80 y dejar que el viento nos lleve.

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We are Jor and Gonza, two young, passionate people, that love travelling, taking pictures and living simply. We met at one of those paradises of our world and one day decided to leave confort and know behind to get on our 1980 VW beetle and let the wind take us. 

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Llevados por el Viento es un blog de viajes mediante el cual intentamos compartir nuestras experiencias y aventuras a través de un recorrido por el continente americano.

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September 28, 2018

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Colores de otoño en Los Alerces

May 10, 2016

Llegamos a Trevelin con alegría de haber vuelto a La Argentina, pero con más alegría de haber vuelto al asfalto. Llegamos un fin de semana y el momento no podría haber sido más perfecto, ya que era un día soleado y además estaba aconteciendo la Fiesta Provincial de la Producción, por lo cual había una feria de productos y productores locales por lo tanto almorzamos choripanes y empanadas de carne junto con cerveza regional.

 

Buscamos un lugar para pasar la noche y encontramos varios lugares posibles, hasta que nos decidimos por un boulevard céntrico, donde al lado de un terreno baldío nos estacionamos.

Caída la tarde, dejamos a Leia al mando de nuestra casa y auto y fuimos a aprovecharnos del wifi de una estación de servicio cercana (YPF) y luego a cenar.

 

No encontrábamos a nadie en CouchSurfing que pueda alojarnos, por lo cual decidimos un plan nuevo y original. Habíamos leído en internet acerca de un camping para motorhome muy especial, que a todos los viajeros sorprendía. Decidimos escribirle y ofrecerle un acuerdo de trabajo a cambio de alojamiento, explicando nuestra situación, nuestras necesidades y nuestro viaje.

 

Sergio, dueño del Eco-Camping Nanty Fall, nos respondió positivamente y así, al mediodía siguiente fuimos para allá. El camping quedaba sobre el Río Nanty Fall, en un terreno de 2 hectáreas, a 12 km del centro de Trevelin, muy próximo al famoso Molino que dio origen a la población.

El pueblo, que se encuentra en la provincia de Chubut, está al final del Valle 16 de Octubre, históricamente famoso por su poblamiento galés y que nosotros habíamos comenzado a conocer desde Puerto Madryn, Trelew y hacia Gaiman y Dolavon (allá por enero de 2015). Ahora nos encontrábamos al fondo de este valle en Trevelin, que significa en galés Pueblo del Molino.

Fundado en 1885 como Valle Hermoso por los colonos, en 1918 cuando se inauguró el molino harinero, además de convertirse en la principal localidad de producción de este cereal, ayudó a cambiar el nombre del lugar. Los galeses-argentinos que llegaron a la zona, en su mayoría ya venían de estar en otros lugares y vinieron en busca de mayor tierra y más oportunidades, incentivados por el Estado que prometía tierras a cambio de poblamiento hacia el sur y al oeste.

 

En 1902, frente a un litigio con Chile (ya que el Rio Grande o Futaleufú, principal reserva de agua dulce de la región, lleva su agua hacia el Pacífico, aunque las tierras eran reclamadas por Argentina), Francisco Pascacio Moreno, el Perito, recomendó realizar un plebiscito para que la población determine a que bandera quería pertenecer, y así los colonos eligieron la bandera albiceleste como propia.

 

Mucha ganadería y agricultura (gran parte de ella orgánica) son la fuente de ingreso principal de la región. En el caso del camping donde nosotros nos alojaríamos, además de tener un área de acampe, cuentan con un viñedo, el más sur del continente, gallinas, plantaciones de hortalizas y otras hierbas aromáticas.

 

Llegamos al lugar y charlamos con Sergio Rodríguez quién nos compartió su historia personal, la del lugar e intercambiamos ideas, mientras tomábamos unos mates saborizados con peperina. Nos comentó que en dos semanas sería la vendimia y acompañado de otras chacras cercanas, realizarían un evento promocionando la provincia como viti-vinícola, por lo cual sería un evento grande con muchos sponsors, visitantes ilustres y de la zona. Este evento requería mucha mano de obra, y así conseguimos trabajo para ayudarle a preparar la chacra.

 

Más allá de limpieza y orden, nuestras funciones en el lugar se extenderían a dar una mano con la matanza de los pollos, cultivo de zapallos, sauco, tomates, frambuesas y lavandas, además de atender al público que visita este lugar, preparado no sólo para acampe, sino también para pasar el día.

El camping cuenta con todas las instalaciones necesarias, incluso más que muchos de los que hemos visto, como por ejemplo bachas individuales con alargues en los enchufes y un lugar para depositar aguas grises. Las duchas se calentaban a leña, al igual que la chimenea del área común, así que siempre había que estar atento a estas necesidades también.

 

Durante este tiempo, Gonza viajaría por trabajo a Brasil, por lo cual, quien más trabajó y disfrutó del lugar fue Jor, mientras Leia estuvo mucho atada (a causa de los gansos, gallinas y otros perros que andaban sueltos por el lugar).

Además de Sergio, en el lugar estaba Emanuel, su hijo, y sus padres Rodolfo y Maura, todos oriundos de Mar del Plata.

 

El mayor desafío de la estadía de Jor acá, fue el comienzo del frío. Llegó el otoño para inicios de abril y llegó con todo, mientras algunas lluvias caían, poco a poco podían comenzar a verse algunos picos nevados, y heladas por las mañanas que congelaban las plantas y cualquier charco de agua.

Las dos semanas de Gonza en Brasil se pasaron rápido y a su vuelta se trajo consigo una sorpresa, a la hermana y sobrina de Jor para su cumpleaños. Marcela y Milagros llegaron de Marcos Paz, para traerle alegría a Jor que hacía más de 5 meses que no se veían.

Junto a ellas, Jor salió a recorrer la zona, mientras Gonza descansaba de su viaje. Las chicas fueron a la cascada Nanty Fall y también fueron hasta la puerta sur del Parque Nacional Los Alerces, conociendo su famoso lago, Futalaufquen.

El fin de semana pasó rápido, la familia de Jor se volvió a Buenos Aires, la vendimia ocurrió con éxito total y así, Jor y Gonza, decidieron partir a la ruta. El viento de otoño tiñó la región andina de amarillos y marrones, con cada día un poquito de más nieve en los picos, dando un marco paisajista o de cuento.

Leia descubrió el sabor y se volvió adicta a las rosas mosquetas, mientras Gonza y Jor se encantaron con las manzanas y mermeladas de la zona.

Partimos lentamente hasta Esquel, a solo 25 km de distancia sobre el oeste. Pasaríamos la noche ahí ya que queríamos cambiar dos ruedas del Fusca que estaban muy gastadas y también cambiar una rueda de la CR (que habíamos roto en la Carretera Austral).

 

El nombre Esquel deriva de una palabra nativa (tehuelche) que hace referencia a un tipo de "abrojo", un arbusto espinoso que abunda por estos lares.  Es la ciudad más importante de esta parte de la provincia, tiene 30.000 habitantes y vive principalmente del turismo (tiene un centro de esquí, La Hoya) en invierno y verano; y más allá de que varias empresas y políticos quieren establecer una mina de oro en sus cercanías, con gran oposición de la población local (se ven muchas pintadas y carteles por la cuidad), aún no se ha realizado.

 

Elegimos para dormir en la ciudad un lugar históricamente importantísimo: la estación de tren, conocido como "La Trochita". Es una de las importantes atracciones turísticas de la ciudad y que aún funciona, aunque su uso es exclusivamente turístico, y realiza viajes desde el centro de la ciudad hasta la pequeña aldea de Nahuel Pan, a 15km. 

Su nombre deviene de la distancia entre los rieles, de trocha angosta (75 cm de separación) y mundialmente es famoso por ser el único de su tipo en el planeta en funcionamiento. Sus locomotoras a vapor funcionan adaptadas a petróleo (en lugar del carbón) y el nombre oficial hoy es Viejo Expreso Patagónico.

 

Originalmente, cubría el trayecto hasta la ciudad de Ingeniero Jacobacci, en la provincia de Río Negro, desde la cual se empalmaba el ramal hacia Viedma y de allí a Buenos Aires, lo que formaba parte del Ferrocarril General Roca. Lamentablemente hoy no hay trenes en la Patagonia, pero nosotros tuvimos la suerte de recorrer su vieja estación que tantas historias tiene para contar.

El húmedo frío hizo que Leia duerma dentro del Fusca y a la mañana los tres nos fuimos al taller de Matías, el cual nos costó encontrar pero que después de mucho preguntar y buscar fue nuestra mejor opción para revisar y hacer un mantenimiento a nuestro enganche. Antes de encontrarlo pasamos por más de 5 talleres, incluyendo el formal de VW que si bien nos había prometido la noche anterior que nos dejaría usar si "fosa" para realizar esto, gratis, nos fueron expulsando y mandando a otros talleres. Como siempre los más simples son los más humanos, que toman un trabajo a la vez y que siempre parecen tener tiempo.

 

Agradecidos con Matías, salimos de Esquel listos para enfrentar el otoño y todas las aventuras que vendrían con ello. El viento estaba bravo por lo cual cuando retomamos la RN40, a los pocos km encontramos un "estacionamiento" y decidimos parar a esperar que calme, prepararnos un almuerzo y si fuese necesario hasta dormir un poco. Qué lindo que es viajar con la casa a cuestas!

A 120 km de Esquel, al norte, se encuentra la localidad de Cholila, a la cual se puede llegar por dos caminos, ambos que conectan con la RN40. Nosotros decidimos tomar la RP15 que se desvía al llegar al paraje de Leleque. A partir de ahí eran 40 km de ripio en buen estado sin demasiadas subidas y bajadas que nos fue llevando hacia el oeste y en una hora llegamos junto con la lluvia a la localidad de Cholila.

Al llegar a Cholila, dimos unas vueltas y averiguamos por alguien que nos alquile una ducha, así encontramos a Don Lolo, quien nos ofreció una ducha caliente sin cobrarnos nada, y nos sentimos un poco obligados a comer en su famosa parrilla (Cholila festeja todos los veranos La Fiesta Nacional del Asado), comida que además de ser sabrosa, no fue nada cara.

Cenamos y nos fuimos a dormir luego de un día de viaje, frío y nublado. Leia durmió en su cucha con pijama y cuando nos despertamos, más allá de la salida del sol, sentimos mucho frío y Leia solo salió de la cucha cuando le ofrecimos un paseo.

 

El cielo despejado y los hermosos e imponentes Andes se mostraban en el horizonte invitándonos a acercarnos, por lo cual nos preparamos un termo para mate, unos sándwiches para el almuerzo y nos fuimos hacia el Parque Nacional Los Alerces al cual se accede a 20 km al sur del pueblo por la RP71. Leia se quedó en el pueblo al cuidado de la CR.

Ancestrales alerces, coloridos Lagos y picos rocosos o cubiertos de nieve nos encantaron, además de que por estar fuera del verano, el público estaba reducido a un puñado (y no pagamos ingreso al parque).

 

Recorrimos, caminamos y sentimos el frío de este frondoso bosque, bebimos sus aguas y hasta nos preparamos unos ricos mates.

Hicimos varias paradas. Primero en el Lago Rivadavia, donde juntamos agua y calentamos para el almuerzo (sopa instantánea), luego paramos en la entrada al parque donde aunque no hubiese nadie, usamos sus baños y nos orientamos con sus mapas y luego paramos en el Lago Verde.

Luego de un rato ahí, partimos hacia el Lago Menéndez e hicimos una caminata de dos horas hasta encontrar al Lauan, alerce de 300 años al cual abrazamos y pedimos perdón por los pecados de nuestra especie.

Hace muchos años que cotidianamente hay incendios provocados en la región y es una pena que así sea. En el Brazo Norte del lago Menéndez se halla el alerzal más longevo conocido (casi 3.000 años)  pero para llegar son dos días de caminata o un barco, y ninguna de las opciones estaba disponible, así que nos conformamos con el Lauan.

 

Sin dudas el alerce es nuestra especie arbórea más longeva y corpulenta y junto a cohiues, arrayanes y lengas completan las principales especies autóctonas de la Selva Valdiviana, de la cual, este parque es el más representativo en Argentina.

En la península del lago Menéndez nos tomamos unas sopas instantáneas, acompañadas de nuestros sándwiches y luego partimos para retornar a Cholila.

Al alcanzar el Fusca, partimos hacia Cholila donde nos íbamos a encontrar con Leia y seguir viaje. Antes, desde lo alto vimos un hermoso poblado, de ensueño, al lado del Río Carrileufu, Villa Rivadavia.

Llegados a Cholila todavía teníamos dos horas de luz y como estábamos a 50 km de Epuyén, sobre la RN40, decidimos seguir viaje y con los colores de otoño abandonamos la región de los Alerces, huyendo del frío y de la nieve que ya se hacía muy presente, pero adelante teníamos La Comarca Andina, lugar que ya se había anunciado en Cholila como el inicio de pequeñas comunidades rodeadas de Lagos y Andes, producción local de mermeladas y mucho pero mucho paisaje.

 

 

 

 

 

 

 

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