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Somos Jor y Gonza, dos personas apasionadas por viajar, fotografiar y vivir la simpleza de lo cotidiano. Nos conocimos en uno de esos paraísos que tiene nuestro mundo y un día decidimos dejar atrás lo cómodo y conocido para subirnos al Fusca, nuestro WV Escarabajo'80 y dejar que el viento nos lleve.

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We are Jor and Gonza, two young, passionate people, that love travelling, taking pictures and living simply. We met at one of those paradises of our world and one day decided to leave confort and know behind to get on our 1980 VW beetle and let the wind take us. 

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Llevados por el Viento es un blog de viajes mediante el cual intentamos compartir nuestras experiencias y aventuras a través de un recorrido por el continente americano.

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Guided By the Wind (Llevados por el Viento) is a travel blog through which we wish to share our experiences and adventures across the American Continent.

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September 28, 2018

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Costeando el Gran Lago

April 24, 2016

Desde Los Antiguos salimos con bastante luz y paciencia sabiendo que vendría un cruce fronterizo y por sus nervios y ansiedades, las responsabilidades del trámite le fueron asignadas a Jor quien presentó todo en la frontera y obtuvo todos los sellos necesarios para cruzar hacia Chile.

Al realizar los trámites de ingreso a Chile nos retuvieron 3 kg de comida de perro que estaban cerrados, la miel, unas almendras y un condimento picante, pero pasamos sin grandes pormenores. Cayendo la tarde, llegamos a Chile Chico, a 15 km del paso fronterizo y el último lugar para transitar por asfalto.

 

Este poblado lindo y organizado se encuentra ensamblado en la costa del Lago Gral Carrera y tiene mucha historia referente a sus primeros habitantes chilenos que al no tener camino (hasta 1990) que los comunique con el resto del país, históricamente  estuvieron más vinculados a Argentina que a Chile.

Pueblo de paso, turístico pero de origen pesquero y ganadero, tiene varios lugares para pasar la noche en la costanera, aunque nosotros elegimos una calle lateral, donde bajo unos árboles, con el oír de las olas del Lago, dormimos profundamente, incluyendo a Leia.

Al día siguiente dejamos Chile Chico y tomamos la Ruta 265 que sería nuestro camino por los próximos 100km de ripio hasta la Ruta 7 (Carretera Austral). Al final del pueblo comienza el camino de ripio y como abandonábamos el asfalto por los próximos cientos de km decidimos sacar una foto en este exacto lugar.

El camino va cambiando dramáticamente: primero entre cerros marrones y pastizales, y en breve comienza a mostrarse el gran Lago a la margen derecha, con un profundo color azul y de a poco las montañas van dando lugar a los altos Andes que encierran el camino y hacen el paisaje más y más angosto hasta quedar atrapados entre la montaña y el Lago.

A mitad de este camino sentimos un ruido, en una bajada, un fuerte ruido, y así Gonza frenó mientras Jor se bajó del auto. "Se rompió el enganche", dice Jor. Gonza no podía creerlo, puso el freno de mano y se bajó del auto a comprobar con sus propios ojos lo acontecido. Ambos perplejos miramos como el gancho colocado en la localidad de San Fernando, Buenos Aires, un año atrás (literalmente) se había quebrado y la lanza de la casa rodante estaba enterrada en el suelo.

 

Nos miramos y pensamos juntos en qué hacer. Primero, poner piedras a las ruedas de la casa que estaba en una bajada. Segundo paso colocar balizas adelante y atrás, (por suerte tenemos cuatro) ya que estábamos en una curva angosta. Tercero tratar de desatar la casa rodante del auto y levantar la pata timonera. Esta última nos costó mucho ya que en bajada levantar la casa desde adelante se puso difícil, aunque no imposible.

 

Luego de todos estos pasos, decidimos dejar una nota en la CR en caso de que los carabineros la vean avisando lo sucedido y el por qué de una casa rodante en ese lugar.

La intriga ahora era como reparar el gancho y más importante dónde... Nos subimos al auto y salimos en la misma dirección a la que íbamos ya que estábamos más cerca del próximo pueblo (8km) que yendo hacia atrás (40km). Pasamos por Mallin Grande y preguntamos por algún mecánico o alguien que tenga una soldadora. Aparentemente nadie tenía y todos nos decían que fuésemos hacia Puerto Guadal o hacia Chile Chico, aunque en este momento estábamos más cerca de Puerto Guadal que del segundo, así que hacia allá fuimos.

 

Apurados, ansiosos, nerviosos, poco pudimos apreciar del camino de cornisa con curvas en subidas y bajadas tipo caracol, con carteles que iniciaban zona de derrumbes y donde el ripio hacia de todo más ruidoso, más polvoriento y lento.

 

A los pocos kilómetros de Mallin Grande vemos una camioneta con unos hombres trabajando en el camino y decidimos pedirles ayuda... "Tenemos una soldadora" dicen, pero "está en Puerto Guadal" que a esta altura eran 20 km solo de distancia. Obvio que aceptamos su oferta y fuimos hacia el lugar y luego de esperar 15 minutos llegaron ellos. En media hora estábamos volviendo hacia la CR con el gancho soldado.

A las 4 de la tarde nos habíamos reencontrado con la CR y mientras levantábamos todo para volver a colocarla, aparecieron unos carabineros en un patrullero y se ofrecieron para ayudarnos. En pocos minutos estábamos andando en dirección oeste, tranquilos, aunque cansados de un día que era más largo de lo planeado y que (sin saberlo) sería aún más largo...

El camino desde Chile Chico a Puerto Guadal va entrando desde zonas áridas hacia zonas boscosas, pero también sube las cornisas de montañas de laja que por su angostura y por su cantidad de curvas, daban miedo. Aun así podían valorarse los paisajes del fondo con los Andes y sus glaciares colgantes.

Mientras llegaba el final de la tarde, nosotros queríamos llegar a Puerto Guadal nuevamente a descansar, pero el Fusca estaba muy cansado de un día que lo exigió mucho. 7 km antes de llegar al pueblo, el Fusca no consiguió subir una loma y empezó a patinar contra el ripio, sin fuerza. Pánico en el auto y mientras el copiloto se bajó para ponerle piedras al auto, Gonza trató de sacarlo varias veces del lugar al Fusca que no conseguía subir la loma.

 

Tres autos detenidos detrás y cinco muchachos que bajaron a ayudarnos, entre todos se podía empujar y el Fusca salió adelante. Jor se subió al auto nerviosa y asustada... Pero seguimos adelante, solo que en la próxima subida, que era de 1 km de largo con ripio suelto, el auto nuevamente se rindió. Una pareja de ancianos locales se detuvo y decidimos entre todos dar la vuelta y bajar la loma en lugar de intentarla de nuevo.

 

A diferencia de la aventura previa, hubo que desenterrar la rueda de la casa rodante y girarla mientras girábamos el auto solo y luego los volvimos a enganchar. Para esto, el señor (Julián) y su mujer (Violeta) nos ayudaron con una pala y empujando, mientras gente pasaba y admiraba el espectáculo sin atinar a ofrecer su ayuda.

 

Bajamos. Estacionamos y nos replanteamos la situación. Era tarde para buscar un mecánico pero aun así le mandamos un mensaje a nuestro mecánico de confianza en Buenos Aires y le comentamos el problema. Es noche trataríamos de aprovechar el lugar donde estábamos y así fue, con la caída del sol nos cruzamos al otro lado de la calle y nos bañamos en el lago glaciar, además de cargar agua cristalina para cocinar y tomar.

Los nervios y los miedos habían disminuido, aunque sabíamos que estábamos atrapados entre lomas de ripio. Gonza hizo unos pedidos para que los dioses africanos nos ayuden y al levantarnos cayó una breve llovizna, suficiente para mojar y asentar el camino, por lo cual decidimos intentarlo una vez más.

 

Encaramos y pasamos! Felices aunque nerviosos porque sabíamos que el Fusca podía cansarse nuevamente. Pasamos por Puerto Guadal y seguimos en dirección Oeste para a pocos kilómetros encontrar la famosa Carretera Austral. Increíblemente con todo lo sucedido estábamos en el lugar que habíamos planteado estar, además de haber acumulado anécdotas, baño en aguas glaciares y conocido varias personas muy buenas en el camino.

 

Nos despedimos de Puerto Guadal y así de la región sur del Lago Buenos Aires / General Carrera que tantos paisajes y sudor nos había regalado. Así llegamos al empalme con al ruta CH-7, Carretera Austral, famosa por sus paisajes y el campamento agreste para todos los viajeros terrestres como nosotros. En total, la carretera tiene 1200 km de los cuales nosotros haríamos el 80%. Ya que comenzábamos 100 km tarde (desde sur hacia norte) y terminaríamos 100 antes.

 

Las obras de esta carretera comenzaron en 1976, plenitud del gobierno de Augusto Pinochet, razón por la cual su nombre aparece varias veces en carteles en la carretera, homenajeándolo. A partir de los años 80, el ejército comenzó a abrir los caminos, construir puentes, excavando túneles y al día de hoy, ya en manos de empresas concesionarias, siguen las tareas de trabajo para mejorar la conectividad y asfaltar tramos, de los cuales nosotros circulamos aproximadamente 300 de asfalto. Aún así, al norte de la carretera, hay tramos que son unidos por transbordadores, o ferrys, y que nunca serán unidos completamente, ya que las rutas alternativas están atravesadas por Parques como el Parque Pumailin (parque privado perteneciente a la fundación Tomkins Society).

 

Los próximos días conoceríamos los desafíos de este camino, aunque ya habíamos tenido un buen prólogo en su carretera vecinal rodeando el lago. Una vez que empalmamos la ruta 7 nuestro destino del día sería Puerto Tranquilo, un poblado situado en la margen norte del lago, donde los Andes demoran la salida del sol y apuran los atardeceres, donde el viento baja desde el Campo de Hielo Norte y golpea con humedad los frondosos bosques. Para llegar a Puerto Tranquilo viajaríamos dos horas sobre la Carretera Austral, en general en un estado del camino mucho mejor al que veníamos acostumbrados. Subidas, subidas y más subidas, pasamos por el Lago Bertrand, uno de las fuentes de agua del gran lago, cruzamos su desembocadura y nos asombramos frente a su imponente color.

Cruzamos puentes y muchos más viajeros que los días previos, en su mayoría en camionetas 4x4 y también osados y valientes ciclistas.

Llegados a Puerto Tranquilo, lo primero que nos sorprendió fue la cantidad de gente "haciendo dedo" (auto-stop), cosa que solo habíamos visto de ese modo en El Calafate y El Chaltén. Más de una docena de viajeros entre norteamericanos, israelitas, europeos y chilenos, con sus mochilas al lado del camino y con diferentes carteles manifestando su deseado destino.

 

El pueblo es bien pequeño y está rodeado por un marco deslumbrante, una playa de arena volcánica, el color del agua único y las altas y verdes montañas frondosas de Bosque Valdiviano (tipo de bosque andino de baja altura, alta precipitación que hay en esta región).

Así como llegamos dimos una vuelta al pueblo, que demoro 10 segundos y aprovechamos para cargar combustible (cosa que no hacíamos desde Los Antiguos). También fuimos a averiguar por los paseos a las famosas "capillas de mármol" a unos pequeños locales emplazados en la costa del pueblo, uno al lado del otro. El precio era constante y homogéneo (14 dólares por persona) por lo cual era solo cuestión de decidir con quién y cuándo. Tanto habíamos escuchado de este famoso fenómeno que no queríamos perdernos la oportunidad de visitarlo!

 

Contratamos la excursión y como teníamos 40 minutos hasta la actividad, decidimos prepararnos un rápido almuerzo (tradicionales fideos con aceite), abrigarnos bien (estaríamos navegando 1:30 horas en el lago) y preparar las cámaras.

 

Dejamos la CR, al Fusca y a Leia descansando y volvimos a la mini-agencia, donde nos presentaron a nuestro piloto, quien nos acompañó hasta su embarcación, una lancha de fibra de vidrio con un motor fuera de borda y 4 bancos para que se sienten 3 personas a través de cada uno.

Por 15 minutos navegamos siguiendo la costa con algunas olas de costado dándole un poco de diversión al paseo...

Una vez que llegamos al corazón del lago viramos hacia el oeste hasta encontrar las cavernas, la capilla y la catedral de mármol, todas formaciones de carbonato de calcio que invadidas por el colorido lago y con la luz apropiada generan esculturas naturales impresionantes! No nos decepcionaron para nada, de hecho fue un paseo más largo y completo de lo que pensábamos.

A la vuelta nos agarró un viento cruzado desde el norte, lo cual más allá de darnos frío nos levantó con olas de casi un metro, que ayudó a descubrir quiénes eran los valientes que siguieron sonriendo al frente de la embarcación: nosotros!

 

Llegamos a Puerto Tranquilo satisfechos y armamos la CR para partir, ya que eran solo las 3 de la tarde y aún había bastante luz. La idea era encontrar algún lugar para acampar donde haya agua y que estemos solos.

 

Junto a la salida de Puerto Tranquilo, vimos a lo lejos el Glaciar Exploradores y finalmente abandonamos el enorme lago que tanto nos había acompañado durante estos últimos días.

 

Llegamos a la desembocadura del Río Murta, otro río de aguas glaciares, de color celeste el cual subiríamos hacia el norte, del lado de la carretera. Aprovechamos este lugar para sacarnos una foto y darle un descanso al Fusca.

Así nos despedimos del Gran Lago y nos adentramos hacia el corazón de La Carretera Austral...

 

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