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Somos Jor y Gonza, dos personas apasionadas por viajar, fotografiar y vivir la simpleza de lo cotidiano. Nos conocimos en uno de esos paraísos que tiene nuestro mundo y un día decidimos dejar atrás lo cómodo y conocido para subirnos al Fusca, nuestro WV Escarabajo'80 y dejar que el viento nos lleve.

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We are Jor and Gonza, two young, passionate people, that love travelling, taking pictures and living simply. We met at one of those paradises of our world and one day decided to leave confort and know behind to get on our 1980 VW beetle and let the wind take us. 

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Llevados por el Viento es un blog de viajes mediante el cual intentamos compartir nuestras experiencias y aventuras a través de un recorrido por el continente americano.

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Guided By the Wind (Llevados por el Viento) is a travel blog through which we wish to share our experiences and adventures across the American Continent.

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September 28, 2018

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Llegamos al Fin del Mundo!

March 3, 2016

Los trámites fronterizos fueron simples en ambos lados (Argentina para salir y Chile para entrar) y en menos de una hora estábamos conduciendo por la ruta nacional 9 en la Provincia de Magallanes, Chile hacia Punta Delgada. A pocos metros de la localidad de Punta Delgada, bañada por el Estrecho de Magallanes, se encuentra la Primera Angostura que es una terminal de ferry desde donde se cruza en menos de 30 minutos el estrecho.

Llegamos y nos colocamos en la fila, ya pasadas las 8 de la noche y sabiendo que habría al menos una hora más de luz y también teniendo en cuenta que la marea estaba alta (bueno para quienes manejamos con un trailer o un vehículo largo) decidimos embarcarnos en el próximo ferry que saliese. Mucho frío y el viento seguía, pero nuestras sonrisas estaban tatuadas. Llego el Ferry "Pioneros" y nos hicieron la seña de que embarquemos... Descendimos la rampa, nos subimos a la embarcación y ya estábamos nuevamente en nuestro camino.

 

Apenas subimos, bajamos del auto, pagamos el ticket (auto + trailer = 34 dólares) y subimos a la cubierta para ver desde lo alto este famoso y legendario canal natural. Las toninas saltaban al lado del ferry mientras surcábamos las aguas del estrecho, la alegría era generalizada. Habíamos dejado el Continente Sudamericano y ya estábamos en Tierra del Fuego. Reflexiones y emociones, muchos kilómetros, muchos días largos, muchos días estresantes, pero muchos más de aprendizaje, de alegría y de satisfacción... Todo se sumaba en 10 meses de viaje, en 25.000 km que nos traían hasta esta isla. De las últimas del mundo, al último lugar que se puede llegar conduciendo, estábamos en los últimos 400km del "final de la ruta".

Ya había sido suficiente, así que apenas llegamos a Tierra del Fuego, decidimos buscar un lugar donde dormir. Engañados por la luminosidad pero no por el cansancio, ya eran las 8:30pm y el sol se mostraba como pasado el mediodía. Dejamos el ferry y a pocos 400m encontramos una infraestructura que luego sabríamos es la municipalidad y también un pequeño restaurante en un lugar conocido como Punta Espora. Vimos una carpa armada en su frente con un ciclista usando su teléfono móvil, decidimos, este es el lugar, protegidos del viento y del frío (que a esta altura nos afectaba muchísimo a los tres).

 

Luego del armado de nuestra base, nos acercamos a conversar con el ciclista, Alejo de Zona Sur de Buenos Aires, un profesor de educación física, guardavidas y además corredor profesional de triatlón. Se canso de "su" rutina (no todas las rutinas implican una oficina) y decidió salir a hacer algo diferente, algo desafiante, no desde lo físico sino más bien desde lo mental y emocional. Charlamos mucho con Alejo y lo invitamos a cenar comida viajera en la CR, que luego de un cruce fronterizo (chau a frutas y verduras), eran unos simples fideos con aceite.

A dormir todos y a las 7AM estábamos arriba. Nos quedaban dos últimos desafíos para llegar al Fin del Mundo, el primero sería el temido y lamentablemente famoso ripio de Tierra del Fuego (lado chileno), el segundo sería el primer paso de los Andes: el paso Garibaldi, donde hacía tres días había caído nieve.

 

En la oficina de turismo de Punta Espora ofrecen duchas y agua caliente para termos, así que no rechazamos ninguno de los dos y nos desayunamos una ducha calentita y cargamos agua para posterior mate. Además tiene wifi por lo cual pudimos mandar mensajes y bajar info. Desde Punta Espora hasta Onaisín hay 80 km de los cuales 50 son de asfalto y como habíamos pasado la noche ahí y salimos antes de que comience el servicio de cruce en balsas, la primera hora estuvimos solos y tranquilos. Cuando comenzó el ripio, comenzó el polvo, el traqueteo y el tránsito. En algún momento de ese tramo algún vehículo expulsó una piedra que impacto en nuestra ventana frontal de la CR y nos la rompió por completo, si bien no lo sabríamos hasta pasadas las horas.

Luego de Onaisín hay aún 80 km más, todo de ripio. Nuestra alegría de estar en Tierra del Fuego ya casi opacada por el duro, ruidoso, polvoriento e incómodo ripio suelto, pero seguíamos para adelante. Con el avanzar de los km también el consumo del combustible avanzaba y llegamos al Puesto Fronterizo San Sebastián con los últimos litros de combustible de reserva y la esperanza de que algún alma bondadosa nos vendiese la tan preciada "nafta". Luego de hacer los trámites migratorios para salir de Chile y entrar a Argentina comenzamos la campaña de búsqueda de dos litros de combustible. Sabíamos que con dos litros llegábamos hasta Argentina, donde había una estación de servicio. La búsqueda no dió nada. Quién nos ofrecía tenía autos demasiado modernos que no permiten el sacado de nafta por medio de una manguera y el resto decía no poder darnos dos litros!

 

Nos dijimos: sigamos y cuando la gente vea que estamos en la ruta, sin combustible, nos ayudarán. Así fue, nos subimos al Fusca e hicimos tres kilómetros y se detuvo a pocos metros de la frontera real entre Chile y Argentina (es común en estos lugares donde hubo conflicto fronterizo que los pasos fronterizos estén separados por unos 10 o más km para ahorrar asperezas). El primer vehículo en pasar, Edgardo y su mujer en una camioneta moderna Renault, nos ofreció "todo el combustible que querramos de su bidón de nafta extra". Sumamos unos pocos litros a nuestro tanque, ofrecimos pagarle a Edgardo, turista de Córdoba, pero se negó y siguió viaje. Nosotros también nos subimos al VW rojo y encaramos hacia la frontera donde el ingreso de vuelta a nuestro país se hizo bastante fácil.

 

En San Sebastián (pequeña villa de tres casas adyacentes al Puesto Fronterizo) hay una estación de servicio y también un hotel-restaurant donde decidimos almorzar junto a otro viajero en moto, Leo de Rosario.

 

Luego de un abundante almuerzo partimos rumbo a Río Grande, nuevamente sobre la RN3 y al llegar a destino volvimos a cargar combustible y al no haber viento y sobrar luz (eran las cuatro de la tarde) decidimos seguir viaje 100 km más hasta Tolhuin, corazón de la Isla. Tierra del Fuego lleva ese nombre a causa de que Magallanes al pasar por aquí vio muchos humos salir desde la costa y la nombró Tierra de los fuegos, que luego se singularizó a su actual nombre. Estas fogatas probablemente pertenecían a los nativos, onas o selknam. Muchos nombres de la Isla pertenecen a la toponimia selknam o yamana (también conocidos como yaganes). Tolhuin significa "corazón o centro" y está ubicado exactamente en el centro de la Isla Grande.

 

Mientras que las provincias de Chile se dividen en Regiones y llevan números y nombres, en Argentina al igual que en Brasil llevan nombres. La región de la que veníamos era la XIII Magallanes y Antártida Chilena y ahora entrábamos a la Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, o sea, hay varios países que adjudican soberanía sobre el mismo pedazo de tierra, la Antártida. Tierra del Fuego Argentina, además de llevar en su nombre el continente blanco, también lleva las Islas del Atlántico Sur, incluyendo las Islas Malvinas, aún disputadas diplomáticamente con Gran Bretaña y por ser el territorio más próximo a ellas, se encuentran muchos monumentos y muchos recuerdos en su gente y en sus poblados, del conflicto.

 

Mientras recorríamos la RN3 hacia el sudoeste, el paisaje de a poco comenzó a cambiar: la estepa con grandes estancias de cría de ovejas (y explotación de hidrocarburos) dio lugar a áreas de mayor vegetación y a cerros de mayor elevación. De repente, al fondo se ven picos nevados, Los Andes, hacia allá vamos!

Con viento a favor llegamos a Tolhuin en menos de dos horas y fuimos a conocer su famosa Panadería La Unión, parada obligada para cualquier visitante y viajante. Luego de comprar unas facturas, decidimos seguir hacia el Lago Fagnano (30 km más), donde acamparíamos y pasaríamos la noche. Encontramos una playa de piedras con algunos pescadores y niños jugando. Le dimos soltura a Leia que corrió y hasta se mojo con las aguas glaciares y luego nos dedicamos a disfrutar el paisaje y a descansar de un día muy largo.

A pocos 100 metros de la histórica hostería Kaiken (1962) armamos campamento y nos pusimos al día con nuestras anotaciones, mientras reflexionamos sobre lo vivido en estos más de 300 días de viaje, llenos de alegría y anécdotas enriquecedoras.

Nos despertamos con orgullo pero sabiendo que aún nos quedaba un último obstáculo para llegar a Ushuaia, el Paso Garibaldi, uno de los pasos más bajos de los Andes, pero como camino de cornisa, con un asfalto en muy mal estado y sin frenos en la CR (el bulbo de la bomba de freno lo íbamos a cambiar en Ushuaia), el desafío era presente. Hacía tres días nevó en el Paso y un auto se despistó, cayendo por el precipicio, pero hoy era soleado y el VW Fusca estaba ansioso y se sentía confiado de completar esta etapa. Subimos los 450 metros sobre el nivel del mar y pasamos sin problema. Obviamente, nos sacamos fotos en este paso abierto en 1936 y que lleva el nombre del empleado de Vialidad Nacional, Luis Garibaldi (aunque era de la etnia Selknam y su verdadero nombre era Paka) quien abrió el paso por primera vez. En 1956 lo cruzo el primer civil que coincide con el primero en unir Alaska con Ushuaia, por tierra. 60 años más tarde lo cruzamos nosotros, con las mismas ansias de proeza.

 

Salimos del Lago Fagnano a las 10 de la mañana, nos quedaban un poco más de 50 km para completar y poco a poco nos fuimos acercando hacia ellos, los fantásticos Andes, que nos acompañarían por muchos meses por delante, que serían nuestro eje de esta segunda etapa de viaje... Ahí ellos estaban. En menos de una hora estábamos en el Paso Garibaldi y 30 minutos más tarde en la entrada a Ushuaia, Capital de la Provincia y última ciudad de la RN3, la ruta Panamericana, que alberga en si el último tramo transitable por tierra que un poblador civil puede recorrer.

La emoción era total. Nuestro viaje no estaba ni cerca de llegar a su fin, pero luego de 25.000 km y más de 300 días de viaje podíamos sentirnos viajeros, verdaderos viajeros al fin.

Entramos al centro de Ushuaia y nos estacionamos en el playón de estacionamiento del muelle turístico, que nos serviría de punto de varios encuentros en los subsiguientes días. Nos encontramos a Marcelo y Vero que juntos a sus dos hijas nos alojarían en su casa al Oeste de la ciudad. En los siguientes días nos reencontraríamos a varios amigos de Gonza de su época en la que vivió en Tierra del Fuego y hasta fuimos a almorzar a la casa de los Elicabe, con todos presente, familia que aprecia mucho a Gonza.

 

Ushuaia es un punto clave para encontrarse viajeros. Al ser un punto extremo en el mapa, todos (o al menos así parece) los que quieran realizar un viaje que incluya Patagonia, comienzan o terminan acá. En el mismo playón de estacionamiento, así como en otros en las cercanías, se encuentran muchos vehículos de viajeros y en el cartel ubicado mirando el Canal Beagle se encuentran todos para la histórica foto, mochileros, bici y moto-viajeros, viajeros de todo tipo de vehículos e incluso de cruceros quieren tomarse esta foto, aunque no es la única. 30 km más al sudoeste hay otro cartel que indica el final de la ruta 3, y hacia allá van cientos de viajeros todos los días para retratar también un momento histórico del viaje.

Entre los viajeros que nos encontramos y conseguimos conversar, estaban Gustavo y Cinthia, dos mexicanos que vienen desde México hasta Ushuaia en un Vocho, que sería, nuestro amado Escarabajo. Compartimos anécdotas, miedos y consejos pero por encima de todo compartimos risas, que en el fondo es lo más importante. También nos encontramos con Sebastián y Karen, dos chilenos que viajaron desde Santiago hasta Ushuaia en una VW Kombi y dentro del mundo VW, nos encontramos con Barbara y Benjamín, dos argentinos que viajaban desde Buenos Aires a Ushuaia en una VW Westfalia y que se quedarían a pasar el verano en Ushuaia trabajando.

 

Aprovechamos la ayuda de Javier (administrador del Grupo Aircooled Ushuaia) y poseedor de una Kombi; y la ayuda de Lucas (también dueño de una VW Westfalia) para cambiar nuestros bulbos de freno y cambiar los fusibles, lo cual nos puso listos para continuar, desde el punto de vista mecánico.

 

Luego del frío que favoreció a que Leia duerma dentro de la casa de Marcelo y Verónica, llegó el calor con días soleados y aprovechamos para hacer algunas de las muchas caminatas ofrece la ciudad. Fuimos hasta el Glaciar Martial que si bien está a 1000 msnm, puede subirse casi 500 en auto y luego caminar. Jugamos en la nieve, además de sacar lindas fotos panorámicas de lo alto de la ciudad.

También fuimos hasta el Río Olivia, localizado en la base del cerro homónimo y donde tuvimos la maravillosa suerte de ver a un castor realizando sus trabajos de reparación de un dique además de buscando alimento probablemente para sus crías. En cuanto nos descubrió, no quiso volver a su escondite para no revelarlo y se quedó nadando con actitudes desafiantes a quien se atreva a entrar al agua.

Los castores tienen una cola larga y fuerte casi como una pala y la usan (además de propulsión y estabilidad en su nado) para defenderse, así que nos trataba de salpicar para demostrar su fuerza. Lamentablemente, estos tiernos animales no son nativos e incluso su introducción a estas tierras ha sido muy dañino para el medio ambiente, por la lentitud en el crecimiento de los árboles que ellos usan para crear sus diques y además por la falta de prestadores naturales, generando un desequilibrio ecológico. Un almuerzo fuimos con Marcelo y su familia al Lago Escondido, 40 km al norte de Ushuaia, donde se pueden apreciar claramente las consecuencias de la presencia de castores en la zona.

Aprovechamos nuestros días en Ushuaia para encontrar más amigos y así nos vimos con Gastón, amigo de Gonza, quien es docente y además guía de turismo y que nos prepararó una inolvidable cena casera.

También nos encontramos con Daniela, amiga de la ruta que conocimos en la provincia Buenos Aires y que junto a su perro Pancho, vinieron a saludar; con Federico, amigo de Gonza que trabaja en un barco antartico y con Martín, un chico que trabaja con sobre vuelos de helicópteros en la ciudad quien nos invitó a comer "misiles", sándwiches que literalmente tienen el tamaño y poder alimenticio que les amerita ese título.

Muchos encuentros cariñosos y añoranzas, anécdotas y experiencias compartidas pero nos faltaba algo más, navegar en el Canal Beagle, por lo cual conseguimos (gratis) una navegación hasta el famoso Faro Les Éclaireurs (los iluminados en francés), erradamente llamado por muchos como el faro del "fin del mundo", aunque haya otros faros más australes e inhóspitos. Además de ver este bonito monumento a la navegación, que data de 1920, en la navegación pueden también verse aves marinas como cormoranes, petreles y gaviotas australes y lobos marinos.

Hicimos mucho en Ushuaia, pero sobre todo descansamos, por lo cual dos semanas más tarde estábamos listos para dejar la Ciudad del Fin del Mundo y volver al continente americano. Conociendo la ruta (es la misma para llegar y volver), nos organizamos diferente y planeamos hacer noche en Río Grande, a 250 km de Ushuaia, por lo cual salimos recién a las 2 de la tarde y llegamos a las 7 a la ciudad norteña de la isla. Pasamos la noche en la casa de la familia de Mónica y Jorge, una pareja que junto a sus tres hijos (Lucas, Sebastián y Florencia) y sus 10 perros, viven desde siempre en esta ciudad patagónica, y que nos habían invitado a su casa mediante un mensaje en nuestra página. Cenamos una súper pizza y conversamos sobre los desafíos y sueños de todos, e incluso conversamos sobre nuestros pasados y principalmente el ritmo de vida de los "chacareros" (así es como llaman los fueguinos a quienes son de Río Grande por la abundancia de estancias ovinas en la zona).

Al siguiente día nos tocaba el incómodo y eterno ripio, así que salimos temprano de Río Grande (7AM), cubrimos rápido los 80 km hasta la frontera y luego del paso San Sebastián, volvimos a Chile y encaramos los 100 km de ripio faltantes, para luego cubrir los 60 extra de asfalto.

Esta vez, ya sabiendo lo que se venía, lo sobrevivimos mejor y llegamos a Punta Delgada con el ánimo arriba. Con combustible cargado en Cerro Sombrero, teníamos suficiente para los 250km que aún nos faltaban hasta la capital de la Región Magallánica, Punta Arenas.

 

Lamentablemente, en la balsa para cruzar el Estrecho nos obligaron a pagar más de lo que pagamos a la ida, reclamando que nuestro trailer debía pagar la tasa de un auto (aunque existiese la tarifa de trailer).

Salimos de la balsa y continuamos hacia Punta Arenas, a donde llegamos a las 8:30 de la noche, aunque el sol aún se mostraba. De paso nos cruzamos con carteles que aludian a momentos tensos entre dos paises, sus consecuencias: muchos campos minados.

También pasamos por estancias (San Gregorio) que fueron testigo de la época de auge de la ganaderia ovina de la región.

 Encontramos un lugar donde dormir pero mientras estacionamos, percibimos un ruido inusual en el trailer, chequeamos y descubrimos que teníamos roto un rodamiento y estábamos a punto de perder la rueda! Qué suerte que estamos acá! Entre nuestras prioridades, que eran básicamente descansar del día largo y hacer unas compras en la Zona Franca, ahora la primaria pasaría a ser arreglar la rueda del trailer. Nos fuimos a dormir tranquilos de que estábamos en un lugar seguro, confiados del largo día que habíamos superado y contentos de estar nuevamente en la ruta. Un nuevo desafío se presentaba, pero lo dejamos para el día siguiente, primero a descansar.

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