Seguí nuestro mapa de viaje:

Follow our trip on this map:

Somos Jor y Gonza, dos personas apasionadas por viajar, fotografiar y vivir la simpleza de lo cotidiano. Nos conocimos en uno de esos paraísos que tiene nuestro mundo y un día decidimos dejar atrás lo cómodo y conocido para subirnos al Fusca, nuestro WV Escarabajo'80 y dejar que el viento nos lleve.

Leer más.

 

We are Jor and Gonza, two young, passionate people, that love travelling, taking pictures and living simply. We met at one of those paradises of our world and one day decided to leave confort and know behind to get on our 1980 VW beetle and let the wind take us. 

Read More

Dónde estamos ahora?
Where are we now?
SOBRE ESTE BLOG/ ABOUT THIS BLOG

Llevados por el Viento es un blog de viajes mediante el cual intentamos compartir nuestras experiencias y aventuras a través de un recorrido por el continente americano.

Leer más.

Guided By the Wind (Llevados por el Viento) is a travel blog through which we wish to share our experiences and adventures across the American Continent.

Read more. 

SOBRE NOSOTROS
ABOUT US
Contáctanos!
Contact us!

September 28, 2018

Please reload

Otras entradas

Bienvenidos al Paraíso: Fernando de Noronha

December 3, 2015

"Que todas las lunas sean lunas de miel" Eso decía el centro de mesa en nuestro casamiento y no era nada más, ni nada menos que un hermoso globo terráqueo… esos que todos (o por lo menos los fanáticos de viajar) alguna vez soñamos con girarlo y donde frene, poner el dedo e irnos de viaje… que lindo sería!

 

 

Si bien hace varios meses que “vivimos viajando” no deja de ser nuestra rutina… el auto, la casita, el perro… pero para nuestra Luna de Miel queríamos algo diferente, especial.

 

En los casamientos tradicionalmente la familia y amigos suelen hacer regalos a los recién casados, pero en nuestro caso al disponer de poco (muy poco) espacio y de no necesitar nada para nuestra vida cotidiana, pedimos que si hubiese regalos, fuesen en dinero, depositado o transferido a una cuenta bancaria y que nosotros usaríamos ese dinero para hacer lo que más nos gusta y mejor nos sale… viajar! Y así fue!

 

Luego de pensar en distintos destinos y querer combinar cultura y naturaleza, Cuba y el nordeste de Brasil, específicamente el estado de Pernambuco, llegaron a la final. Quién ganó? Brasil… ese país que siempre nos recibe tan bien, las ganas de volver a probar su exquisita gastronomía, “falar portugues” y disfrutar de su clima tropical hicieron que gane sobre Cuba, una país que igual quedó dentro de nuestro itinerario y que decidimos conocer más adelante. Ambos conocíamos un poco del nordeste brasilero (Bahia), pero nunca habíamos ido tan nordeste, así que era un nuevo destino por conocer,  y dentro del estado de Pernambuco, habíamos elegido Olinda, Fernando de Noronha y Porto de Galinhas.

 

Dejamos a Leia y a nuestra casa bajo al cuidado de la familia, al Fusca en el taller bajo una revisión general y nos tomamos un avión destino a Recife, capital del estado de Pernambuco.  Llegamos a esta enorme ciudad costera y apenas desembarcamos, una ola de calor nos abrazó y nos dio la bienvenida al verano (si bien era mediado de octubre), ese eterno verano nordestino.

 

Nosotros no íbamos a dormir en Recife, sino en Olinda, ciudad histórica que queda a unos 10 Km de distancia hacia el norte, así que hacia allá fuimos. Muchos edificios, avenidas, semáforos y gente (más de 1 millón y medio de habitantes), pero dentro del caos de las grandes ciudades, un hermoso mar, palmeras, aguas azules y cálidas. El único inconveniente es que se encuentran placas indicando “peligro tiburones” así que las actividades normales en las playas se encuentran interrumpidas o limitadas por estos simpáticos seres marinos.

Llegamos a Olinda y los altos edificios fueron dando lugar a las casas bajas y los locales cerrados por el mediodía, un ambiente más de pueblo que de ciudad. Hay un mito que cuenta que su nombre proviene de una exclamación hecha por Duarte Coelho (la primer autoridad portuguesa en la región) que fue: “Oh Linda tierra para construir una villa” y así fue como en 1537 se declara villa y varios años después fue llevada a la categoría de ciudad.

Tarde tranquila para descansar, noche de cena nordestina (productos de mar, especialmente camarones, pescados y mariscos con mandioca, arroz y porotos negros) y nos fuimos a dormir. Al día siguiente, luego de un poderoso desayuno, arrancamos nuestro recorrido por la ciudad. Cámara de fotos, agua, mapa en mano y salimos a caminar. Habiendo vivido tanto tiempo en otra hermosa  ciudad colonial portuguesa (Paraty) nos ha hecho un poco críticos de lugares de este tipo, pero tratando de ser neutrales, podemos decir que Olinda es una bella ciudad, romántica, tranquila, tal vez no tan cuidada, pero con calles muy pintorescas.

La mayoría de las casas son simples  y coloridas y además, cuenta con muchas iglesias, grandes y pequeñas. Su trazado se caracteriza por calles irregulares, con muy grandes subidas y muy empinadas bajadas. Declarada Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad por la UNESCO y declarada como capital cultural de Brasil, es sede de uno de los carnavales mas importantes y referentes del País. 

Pasada la mañana, nos encontramos con Gus, un amigo de nuestro tiempo vivido en Paraty. Argentino, fotógrafo, comunicador social, viajero que ahora se encuentra viviendo en Recife y trabajando en Olinda, nos mostró algunas de las calles ocultas de la ciudad.

Además de un famoso mirador (que es el punto más alto de la región) al que se llega por un ascensor y al que se cobra un ingreso para subir (1,50 doláres). Este punto se llama mirador Caixa D’Água do Alto da Sé y vale muchísimo la pena su visita, especialmente cuando esta cayendo el sol.

Nos pusimos al día con nuestro amigo que hacía mucho no veíamos y recorrimos más de la ciudad. También fuimos a ver el mar y aunque Olinda no está construida para ser una ciudad balnearia y se encuentra muy cerca del puerto comercial de Recife que contamina un poco sus aguas (sin mencionar nuevamente la temida presencia de tiburones), por lo menos pudimos mojar nuestros pies y confirmar que el agua del nordeste es cálida! Y cuando decimos cálida, decimos cálida, estos días 28ºC!

Al día siguiente, volvimos al aeropuerto de Recife, ya que un vuelo al paraíso nos esperaba. Fernando de Noronha es un archipiélago volcánico y que si bien pertenece hoy al estado de Pernambuco, ya se lo disputaron los estados de Ceará, Rio Grande do Norte, fue territorio nacional y hasta allá atrás en la historia, fue parte del Reino de Holanda. Ubicado en el Océano Atlántico a unos 500 Km del continente, es el territorio brasileño más al Este. Para llegar nos tomamos un avión de la empresa Azul (junto con Gol las únicas que vuelan) y una hora después estábamos en la isla.

Formado por varias islas (21), la única habitada es la mayor de ellas (17 km2) la cual lleva el mismo nombre que el archipiélago. Es un lugar muy tranquilo, con 3000 habitantes y con una infraestructura para el turismo bastante sencilla, posadas, restaurantes, poca vida nocturna y varias normas de preservación del lugar.

 

A partir del siglo XVIII la isla fue poblada por portugueses con la intención de establecer una colonia penal. Esta fue la primer población humana de la que se tenga conocimiento ya que no hay registro alguno de nativos. A partir de 1942, con la entrada de Brasil en la Segunda Guerra Mundial, la isla pasó a ser la principal base militar brasilera y consigo trajo desarrollo a la isla (mayor pista de aterrizaje, hospital, viviendas y comunicación).  Solo osados aventureros visitaban la isla hasta el año 1988, cuando dejó de ser “territorio nacional”, se volvió a incorporar a  Pernambuco, y el gobierno estatal desarrolló su potencial turístico.

 

Ambos llegamos a la isla con mucho entusiasmo, ya que es un lugar que antes de siquiera conocernos, teníamos en nuestra lista de “lugares por conocer” así que estar ahí nos provocaba una inmensa emoción y juntos, de luna de miel, acrecentaba todo aún más!

La isla se divide en 6 villas que son concentraciones de casas/posadas y cada una con su pequeño centro de mini-comercios, si bien la villa más céntrica es la Vila dos Remedios, donde se encuentran la mayoría de los restaurantes, correo, agencias de turismo, bancos, iglesia y gobierno. Nosotros nos alojamos en la Vila da Floresta Velha y apenas aterrizamos hacia allá fuimos.

 

Las distancias son muy cortas y casi todo se puede hacer caminando, aunque el medio de transporte por elección de los habitantes y visitantes son los buggys. Nos alojamos en una posada sencilla, atendida por sus dueños, una pareja de brasileños, nacidos y criados en la Isla, Doña Filomena (conocida como Doña Filó) y Don Paul.

Apenas llegamos, debimos presentar en el aeropuerto, formularios migratorios y las tasas de ingreso al Parque Marítimo Fernando de Noronha, tasas que si no tienes pagas, debes pagar in situ (80 dólares por persona). El importe de estas tasas es usado para investigar flora y fauna, mantener los senderos y fiscalizar el impacto en el medio ambiente. Como la isla está dividida en Parque Marítimo y Parque Nacional, para acceder a ciertos lugares, hay que pagar otra tasa extra (40 dólares por persona) y en algunos hasta sacar turno. Llegar a Noronha no es barato, pero tampoco fácil. Hay un control de visitantes diario y no puede exceder el número aceptado como máximo, o sea que tampoco conviene ser visitante espontáneo. Nuestra recomendación, por ende es siempre contactar una agencia de turismo al momento de reservar pasajes y estadía.

 

Para demostrar que tienes esta tasa extra paga, te entregan una tarjeta magnética la cual te solicitan en puestos de control de ingreso a ciertas áreas, a los que llaman pic-nic, donde también hay baños, duchas y lugares para comprar comida y bebidas ademas de alquilar equipos de snorkel.

 

Al llegar, almorzamos tapiocas e hicimos un reconocimiento de nuestro barrio y nos pusimos en contacto con la operadora con quienes unos amigos habían contratado algunas excursiones como presente de nuestro casamiento y planeamos los siguientes días.

El sol sale fuerte y temprano, y a las 6 de la mañana, su presencia era más que notoria. Nuestro primer paseo fue el tradicional paseo de barco, para el cual nos pasaron a buscar a las 7.30 (todas las actividades en la isla comienzan temprano) y nos llevaron al puerto Santo Antonio (ubicado en el extremo sur). Nos embarcamos en “Happy Days”, un pequeño barco (entrarían unas 25 personas) que nos llevó a recorrer el lado del Mar de Dentro de la isla (la isla se divide en Mar de Dentro y Mar de Fora), excursión que demoraría la mitad del día. Va recorriendo el litoral, lentamente y el guia a bordo va nombrando y contando algo de sus historias y puntos destacados. Aguas turquesas, palmeras, arenas claras, playas desérticas, picos famosos (Morro do Pico y Morro Dois Irmaõs) nos fueron sorprendiendo y dieron la bienvenida a este paraíso.

En menos de una hora estábamos en el extremo norte, la “Ponta do Sapata”, una formación rocosa con una “ventanita” que dicen que tiene la forma del mapa de Brasil…

 

A la vuelta, el barco hace una parada cerca de una de las playas más lindas de toda la isla (considerada de las más bonitas del planeta, por muchas revistas y sitios de turismo, incluyendo Trip Advisor, QuatroRodas, Michelin, Despegar, Travel & Leisure, etc) Praia do Sancho. Aquí realizamos nuestra única parada con el barco, unos 40 minutos para nadar y hacer snorkel es sus aguas transparentes y llenas de vida marina. Con una profundidad de aproximadamente 6 metros, apenas apoyas la mascara de snorkel en la superficie, puedes ver perfectamente el fondo y entre nosotros y la arena, un sinfín de peces de diferentes tamaños y colores… algo nunca vivido por nosotros. Fue uno de los momentos mágicos y al haber pocos visitantes, todo se aprecia mucho mejor.

Luego de la parada, el barco vuelve a puerto. Nosotros decidimos aprovechar la tarde para visitar tres playas más (que son las únicas con infraestructura) que habíamos visto desde el barco: la Praia do Cachorro, do Meio y la Praia da Conceiçao, donde haciendo snorkel avistamos otras variedades de peces y muchisimas Manta Rayas!

Nuestro segundo día, decidimos dormir un poco más, alquilar un Bugy y recorrer los lugares más alejados, especialmente del “mar de fora”. Así, llegamos a la Praia do Sudeste, ubicada en el Mar de Fora y nos encontramos con una bahia cerrada de un mar color turquesa, que dentro del Parque Nacional Marino tiene varias zonas restringidas donde no se puede entrar y otras donde se puede entrar, pero con chaleco salvavidas (para no tocar el fondo). Esta playa es conocida porque es uno de los lugares donde las tortugas marinas eligen para alimentarse.

Ni bien llegamos nos enteramos de la típica actividad de este lugar que consiste en que un guía te lleva nadando, llevando un salvavidas circular para que nosotros nos podamos sostener y ser guiados por él, y con la máscara y snorkel puestos vas mirando para abajo. El paseo sale 15 dólares por pareja. Vimos tortugas, no solo una, sino cuatro hermosas tortugas marinas nadando cerca nuestro y las acompañamos en su recorrido. Otra actividad que vale muchísimo la pena.

 

Luego de esta hermosa experiencia volvimos a la posada, almorzamos y una linda siesta para luego ir a ver el atardecer a otra de las "diez mejores playas del mundo", la playa Cacimba do Padre. 

Era una tarde muy nublada, pero nada nos quitaba las ganas de saborear unos mates junto con el atardecer en una de las postales de la isla. Nos subimos a nuestro Bugy y nos fuimos hacia esta hermosa playa, donde se ve de cerca el Morro dois Irmãos y podes subir a un mirador para verlos desde lo alto y ver también la Bahía dos Porcos, otro lugar mágico. El sol no se mostró, pero la naturaleza es siempre bella y dadas las condiciones climáticas, estábamos solos, cosa que festejamos. Esta playa es la elegida por los surfistas desde Diciembre a Abril y alberga una etapa del campeonato mundial. Es una playa extensa y tiene un pequeño restaurant de comida típica.

El tercer día arrancaba y la Bahía dos Golfinhos nos esperaba, pero esta vez más temprano (6:30AM) ya que el objetivo de este paseo era ver los delfines (golfinhos) y ellos aparecen bien temprano de mañana y de tarde. Aquí se avista a los delfines rotadores (típico de la isla y reciben este nombre ya que cada tanto uno de ellos salta en el aire y da una vuelta antes de caer al agua) y por las características de la bahía, se acercan a alimentar en grandes grupos en un contexto de azul profundo entre montañas. Para el avistaje hay que recorrer sendero de 20 minutos desde el pic-nic hasta una serie de miradores donde hay binoculares para ver de cerca a los hermosos animales, donde nos quedamos unos 30 minutos. En el último mirador tuvimos además la suerte de ver dos tiburones nadando muy cerca de la playa, lo cual nos sorprendió muchísimo pero no nos dio miedo, sino alegría de estar en un lugar tan preservado.

Después de un leve almuerzo, nos pasarían a buscar para hacer la más increíble actividad de la isla, nuestro bautismo de buceo, la ansiedad era grande y la expectativa enorme! Es quizás la actividad más cara de la isla (bautismo de buceo sale 100 dólares con todo incluido) pero estando en uno de los mejores puntos del mundo (dadas las condiciones de visibilidad y de temperatura del agua), no podíamos dejar de hacerlo.

 

A las 13:45 nos pasaron a buscar y al llegar al muelle, mostrar nuestra credencial (se bucea en áreas del Parque Nacional) subimos a la embarcación que nos llevaría hacia otra isla del archipiélago, del lado sur de la Isla, la Ilha Rasa. En el trayecto, se presentaron los instructores y cada uno recibió al suyo. En nuestro caso nos tocaron dos chicos jóvenes, uno chileno Ismael y el otro argentino, Lucas. Nos pasaron todas las informaciones pertinentes al equipo, seguridad y que haríamos tanto fuera como dentro del agua, señales de comunicación bajo el agua y luego probamos el equipo. Una hora más tarde, ya estábamos vestidos, listos para entrar a un nuevo mundo, a un nuevo universo... El fondo del mar.

Hicimos el pie de gigante (así se llama al método de entrar al agua saltando hacia adelante desde el barco) y se nos abrieron los ojos en cuanto miramos hacia abajo... La claridad era de 25 metros y veíamos miles de formas de vida de diferentes tipos, en todas las direcciones. Cuando haces bautismo de buceo, el instructor está de tu lado y nunca deja de tener contacto permanente, por una cuestión de seguridad y siempre chequea que te sientas bien, con la seña internacional del OK. Pasamos 30 minutos descubriendo y explorando juntos, cada uno con su instructor: langostas, corales, peces de colores y hasta un tiburón!

Cuando nos reencontramos en la superficie, ambos nos miramos con una alegría que pocas veces sentimos, era un momento perfecto. Mientras nos sacamos los trajes de neoprene, Lucas vino a conversar con nosotros y nos comentó la idea de credenciarnos, lo que significa sacar una licencia para bucear solos. No tuvo que convencernos demasiado, a la vuelta del paseo ya estábamos nuevamente en la agencia organizando todo.

 

El siguiente día hicimos otro paseo de la isla, el más popular y completo, llamado Ilhatour, que consiste en subirse a una camioneta 4x4 y recorrer la mayor parte de las playas de la isla con un guía y con un grupito de cuatro, en el momento más tumultuoso, cinco vehículos. Muchas paradas de snorkel, una parada de almuerzo y un grupo de gente muy activa e interesada, hicieron del día un gran día. Tuvimos el placer de hacer snorkel en la Praia do Sancho (la playa más bonita del mundo) aunque para bajar a ésta playa, hay que traspasar algunos obstáculos, bajar una escalera de espaldas, de metal entre dos paredes de piedra, luego bajar otra escalera en diagonal y luego una bajada de un sendero de aproximadamente 20 minutos. No faltaba quien protestaba por el difícil acceso, pero obviamente tiene su recompensa y además limita la cantidad de público.

Almuerzo típico de pescado cocido al fuego envuelto en hoja de banana, con arroz, porotos negros, farofa y pirão (que es una salsa hecha de harina y pescado) y por la tarde conocimos algunos puntos del Mar de Fora (Praia das Caieiras, Buraco da Raquel, Praia do Leão) que no habíamos conocido hasta el momento. La última parada, para ver el atardecer, fuimos al Mirador de la Praia do Bode, donde todos los jeeps aparecen con su gente para este momento tan mágico.

Esa misma tardecita comenzamos con nuestro curso teórico de buceo, bajo el comando de Lucas quién nos llenó la cabeza de información técninca y nos preparó para el día siguiente.

 

Por cuarto día seguido, volvimos a despertarnos antes de las 6:30 de la mañana, pero con mucho orgullo! A las 7:15 nos pasaron a buscar y nos fuimos al puerto de Santo Antonio donde nos esperaba Ismael en la playa, nuestro instructor del momento. Hicimos lo que se conoce como práctica en aguas confinadas, aprendimos las partes y armado de nuestro equipo, usos y procedimientos de emergencia. Como habíamos terminado con tiempo y aún había oxígeno en nuestros tubos hicimos nuestro primer buceo libre, a 5/7 metros de profundidad. Nos fuimos nadando hasta un naufragio cercano y vimos más peces de todo lo que habíamos visto hasta el momento, además de cruzar una tortuga nadando y otra durmiendo.

 

La mañana fue excelente y ahora estábamos preparados para la tarde, nuestra práctica en aguas abiertas, esta vez a 12 metros. Almorzamos, descansamos y en una hora estábamos nuevamente embarcados. Armamos nuestros trajes, hicimos el chequeo de seguridad y conversamos con Lucas sobre lo que haríamos abajo. Hicimos dos descensos, cada uno de 40 minutos y en el primero hicimos varios ejercicios una vez en el fondo y después buceamos los tres juntos cerca de quienes hacían el bautismo. En nuestro segundo descenso fuimos hacia otro punto y bajamos hasta 15 metros donde nos encontramos con una tortuga nuevamente, le dimos de comer corales a un pez enorme de colores y finalmente subimos para encontrarnos con un atardecer increíble, en un mar súper agitado, y ambos con una sonrisa enorme en nuestras caras.

Éramos buzos credenciados, hicimos mates, festejamos con todos, luego tomamos un examen teórico en la Isla y recibimos nuestros certificados. Habíamos cumplido nuestro sueño de visitar Noronha y nos íbamos con una gran colección de recuerdos, experiencias y sensaciones nuevas.

 

Fueron muchos días de nado y no pareció demasiado, pasamos seis días en el Archipiélago y podríamos haber estado 10, haciendo actividad física todos los días, comiendo rico todos los días y con muy buen clima. A los futuros visitantes hace falta una aclaración, Noronha se disfruta principalmente desde el agua, ya que sino se desaprovecha el 50 o 60 % del destino.

Desde Noronha volamos al mediodía hacia Recife y nos fuimos a descansar (y pasar el cumpleaños de Gonza) a Porto de Galinhas, que queda a 60 kilómetros de la capital de Pernambuco.

Veníamos del paraíso y si bien Porto de Galinhas es muy lindo, con amplias playas con piscinas naturales, paseos en Jandaias (embarcaciones tipicas, simples a vela) y un centro comercial con muchas opciones, nosotros aún estábamos saboreándonos nuestra semana en el paraíso que nos dejó cansados asique dormimos hasta tarde, nos relajamos en la playa, dormimos siestas y nos pusimos al día con el relax.

   

El nombre de Porto de Galinhas es originario de la época post-colonial, especialmente luego de la abolición de la esclavitud, donde se importaban africanos ilegalmente y se los llamaban Galinhas para no llamar la atención. Aprovechamos nuestro último día acá para consumir nuestros favoritos productos brasileños: Guaraná, Açai, Torta Alemã, Camarones, Farofa, Batida de Coco y Feijão Preto (porotos negros). Finalmente se acababa nuestra luna de miel y nos despedimos de Brasil. Hasta la próxima!

 

Please reload

Seguinos:
Please reload

Buscar por Tags
  • Facebook quadrado preto
  • Pinterest preto quadrado
  • Instagram Basic Black
  • YouTube Quadrado Preto