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Somos Jor y Gonza, dos personas apasionadas por viajar, fotografiar y vivir la simpleza de lo cotidiano. Nos conocimos en uno de esos paraísos que tiene nuestro mundo y un día decidimos dejar atrás lo cómodo y conocido para subirnos al Fusca, nuestro WV Escarabajo'80 y dejar que el viento nos lleve.

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We are Jor and Gonza, two young, passionate people, that love travelling, taking pictures and living simply. We met at one of those paradises of our world and one day decided to leave confort and know behind to get on our 1980 VW beetle and let the wind take us. 

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Llevados por el Viento es un blog de viajes mediante el cual intentamos compartir nuestras experiencias y aventuras a través de un recorrido por el continente americano.

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Guided By the Wind (Llevados por el Viento) is a travel blog through which we wish to share our experiences and adventures across the American Continent.

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September 15, 2018

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1 Paraguay, 2 Bobinas, 3 Policías y 4 mecánicos en 5 días.

September 11, 2015

Después de una recompensada estadía en Bonito, decidimos partir rumbo Sur y dejar nuestro amado Brasil para adentrarnos a un nuevo y desconocido destino: Paraguay. Levantar campamento nos llevó una hora y media, y teniendo en cuenta que el día no sería tan largo (íbamos hacia Ponta Porã a 180 km), no arrancamos tan temprano, sino más bien cuando "estuviésemos listos", que fue a las 10:30.

 

Salimos de Bonito en dirección Jardim y luego hacia Nhoaque y finalmente hacia Maracaju por la BR267. Mucho campo en la ruta, vacas, soja, naranjas. Al mediodía cambiamos de dirección en la MS462 y llegamos a un pueblito llamado Itamaratí donde paramos para descansar y comer una de las probablemente peores pizzas que ya comimos. Dos porciones de ocho fueron suficientes y seguimos camino hacia la frontera.

La principal razón por la que elegimos Ponta Porã como cruce fronterizo hacia Paraguay, fue porque, además de Campo Grande (capital de Mato Grosso do Sul), esta, era la única ciudad donde podríamos tramitar el documento de viaje de Leia, ya que se encontraba una oficina del ministerio de agricultura, donde debía gestionarse dicho trámite. Llegamos a Ponta Porã al final de la tarde y nos recibieron en la ruta muchos carteles de shoppings libre de impuestos que hay en Juan Caballero, ciudad fronteriza con Ponta Porã y donde muchos brasileros van a realizar compras.

Como todo pueblo fronterizo, Ponta Porã, no se difiere en su ambiente, lleno de camiones, señalización en doble idioma, precios en doble moneda, muchos personajes polémicos. Pero hay algo que lo hace muy diferente y es propio del Paraguay, hay una ambigüedad absoluta en lo que respecta a su frontera. Básicamente, el límite entre Ponta Porã y Juan Caballero es una avenida, donde de un lado encontramos el nombre de la calle en portugués, comercios, taxis, estaciones de servicio brasileras, y del otro lado todo lo mismo en español y guaraní (ambos idiomas oficiales de Paraguay). No hay cruce fronterizo, no hay control aduanero, ni policías vigilando la frontera, es casi como si estuviéramos dentro de la Comunidad Europea (salvando las distancias).

 

Al principio nos costó entender, pero luego, nos dimos cuenta que así era la realidad de este pueblo. Estacionamos la CR en una estación de combustible en Brasil y nos fuimos a recorrer los enormes establecimientos comerciales. Primero fuimos al más grande y famoso: Shopping China, donde hay absolutamente de todo: artículos de camping, ropa, electrónicos, comida, artículos para autos, motos, etc. Los precios todos en dólares y en la caja un cartel que decía que se aceptaban reales, guaraníes o mismo dólares.

 

Escuchar castellano, aunque fuese con un acento diferente, fue muy raro, fue una sensación de que realmente nos estábamos yendo de Brasil, pero más raro fue escuchar Guaraní, que poco a  poco, nos daríamos cuenta no era uno de los dos idiomas de Paraguay, sino "el idioma" que se habla en el interior.

 

Luego de un día de viaje, dormimos temprano y si bien Ponta Porã resultó ser una ciudad bastante ruidosa, dormimos tranquilos, hasta el siguiente día a las 7 AM, cuando tomamos nuestro último desayuno en Brasil y nos fuimos a tramitar el pasaporte de Leia. La veterinaria responsable, claro no estaba en horario, así que tuvimos que demorar nuestra partida de Brasil hasta pasado el mediodía, pero aprovechamos para hacer migraciones (yendo por nuestra cuenta hasta el aeropuerto de Ponta Porã, donde en una oficina de la Policia Federal, dimos aviso de nuestra partida del Brasil), nos aprovechamos del wifi gratuito de los centros comerciales y luego de almorzar fuimos ahora si, a buscar el documento oficial de Leía.

Hecho esto, también por nuestra cuenta y propia responsabilidad, nos dirigimos a la oficina de migraciones de Juan Caballero, donde avisamos nuestra entrada y ahora sí! Oficialmente los tres entramos a Paraguay.

 

Tomamos la Ruta Nacional 5 hacia el Este, y a 100 km paramos en un pueblo llamado Yby Yaú que en Guaraní significa "tierra que viene". En la ruta encontramos mucho campo, aunque en forma de pequeños propietarios, no tanto en extensas tierras como nos acostumbramos en Mato Grosso o Mato Grosso do Sul. Además del campo, también nos sorprendió una cadena montañosa, muy linda, que en el marco de un atardecer con un enorme Sol naranja, nos dieron una gran bienvenida a la tierra guaraní.

Lamentablemente en estos 100 km, el Fusca había comenzado a darnos problemas... Qué acontecía aún es un misterio, pero por alguna razón, se cortaba la electricidad entre el distribuidor y la bobina... Era la bobina? Era el platino? Era alguno de los tres condensadores? Quién sabe? 3000 kilómetros más tarde aun no lo sabemos, aunque con el pasar de los siguientes kilómetros, fue este nuestro principal tema cotidiano.

 

Yby Yaú es un pueblito muy simpático, en el medio de la ruta, con una placita muy linda, donde tomamos mates, luego de haber visitado a nuestro primer mecánico de la semana, Víctor, quien nos aseguró que nuestro problema era el platino, el cual, luego de lijar, funcionaria sin problemas.

 

Cena en la CR y a dormir. En la ruta habíamos visto muchos puestos policiales de policía caminera, pero ninguno nos paró, a lo contrario, nos saludaban con simpatía. Nuestra primera impresión de Paraguay fue muy buena, gente humilde, simpática, amable, aunque hablaban español con nosotros y guaraní entre ellos, cosa que al ser nativo y no un idioma latino, es imposible para nosotros entenderlo!

 

Eso sí, con la ayuda de un amigo del camino, traducimos nuestro cartel al Guaraní, vamos despacio porque vamos lejos…

Desde Yby Yaú, cambiamos de ruta y tomamos la RN 3, en dirección a Coronel Oviedo que quedaba a unos 250 kilómetros. Lamentablemente, nuestro Fusca estaba cansado, había hecho 10.000km y algo no estaba bien. El segundo mecánico nos dijo que el problema era la bobina, que debíamos cambiarla ya que estaba funcionando mal. Por el momento le pusimos un trapo húmedo para enfriarla y seguir camino. El tercer mecánico nos dijo que el problema (luego de desarmar el carburador, el tanque de nafta y la bomba de nafta) era sin dudas, nuestra bomba de nafta.

Compramos una y la cambiamos, cambiamos la bobina y seguimos... Pero este día, interrumpido múltiples veces, nos llevó solo a 94 kilómetros. Llegamos a Santa Rosa del Aguaray donde el cuarto mecánico, llamado Miguel, nos cambió el platino y el rotor del distribuidor y ahora sí... Debíamos estar listos para el día siguiente. 

 

Fuimos a cenar al pueblo, donde en una pollería (hay muchísimos lugares que venden pollo en el interior de Paraguay) cenamos y descubrimos que cuando pedís cualquier plato de carnes o pollos en Paraguay, te sirven mandioca. Ellos dicen que es casi como el pan, se usa para acompañar cualquier comida. También nos cruzamos unos menonitas en una carreta negra. Él, un adulto barbudo vistiendo un enterito oscuro y camisa clara, a su lado un niño igual pero sin barba. Muy raro! 

 

A la mañana arrancamos con muchas ganas y esta vez seguros de que iríamos lejos! Nuestro objetivo era Villarica, donde nos esperaba un couchsurfer para pasar dos noches en su casa, pero lamentablemente, 43 km más tarde, en Santa Rosa de Mbutuy (ahora sobre la RN8 que es una continuación de la RN3), nuevamente el Fusca bajó los brazos. Nos acomodamos en la banquina y tratamos de hacer un chequeo... Será la bomba de nafta que la instalamos mal? La bobina es nueva! El rotor es nuevo! El platino es nuevo!

 

Por suerte había una policía caminera a 200 metros, por lo cual Gonza fue a preguntar dónde quedaba algún mecánico. Le informaron que quedaba a 2 km y que ellos lo llevarían por 100.000 guaraníes (30 dólares). Gonza, indignado por el gesto de los policías, pero sabiendo que era la única solución, les ofreció dar 20.000 guaraníes, por el favor y el policía "corrupto" aceptó la oferta para llevarlo hasta el mecánico. Tres policías, en una camioneta importada, último modelo, lo llevaron, mientras lo entrevistaban... Él, no sabía si querían robarle o simplemente eran curiosos, pero trató de darles la menor cantidad de información posible. El humor del día ya estaba pesado, y esto que contrastaba con la gentileza inicial que habíamos descubierto en el pueblo paraguayo, que se sumaba a los cuatro mecánicos que solo nos habían sacado dinero y tiempo nos ponían en una situación tensa. 

 

Un equipo de improvisados trató de explicarnos cuál era el problema del fusca  a (a esta altura) dos "bastante bien informados" conductores... Es la bobina, nos dijeron... Mientras hablaban en Guaraní entre ellos. Jor, indignada con este tema, les pidió que no hablen entre ellos de modo que no entendamos porque ya desconfiábamos de todos... Pero no hubo cambio en su actitud, entre tererés, nos convencieron de que compremos una bobina nueva...y así fue: la segunda bobina. La compra no fue fácil, Gonza tuvo que subirse a una moto, sin casco, para viajar 15 kilómetros en ruta a comprar una bobina, cuyo precio seguramente incluía una comisión para el pseudo-mecánico. 

Instalada la bobina, los muchachos que rondaban el pseudo-taller, nos invitaron a comer un pollo, pero nosotros solo queríamos volver a la ruta. 

 

Ahora si! Vamos hacia Villarica! Aún podemos llegar! 20 kilómetros más tarde el fusca comenzó a falar en el pueblo de Carayaó. Una combinación de tristeza, decepción, enojo... Todo nos empujó a que volvamos los 20 kilómetros recorridos al mecánico, Torres y su amigo Miguel, electricista. Les dijimos: el auto sigue con el mismo problema! Ahora la seguridad se trasladó a que si no era la bobina, debía ser el condensador, y así como quien tapa una ventana rota con una bolsa, le sacó el condensador al auto de su hermano y lo puso en el nuestro. 

Condensador nuevo, pero más tiempo perdido, sinceramente estábamos cansados de esta situación y decidimos ir a Argentina, donde los mecánicos, al menos no hablarían en Guaraní entre ellos. Fue así que, con nuestro nuevo condensador, abandonamos la idea de ir a Villarica y viramos en la RN 7 para ir hacia Ciudad del Este. Ya era tarde, pero decidimos manejar un poco más que Coronel Oviedo (en la intersección entre ambas, la Ruta 8 y la 7) y así llegamos a Caaguazú, donde encontramos una estación de servicio Ultra que además de estacionamiento, lugar para que Leia corra (un parque grande), duchas, tenía un restaurante y wifi. Ahí nos quedamos y luego de una buena ducha para despejar la energía negativa cargada en los últimos días, nos fuimos al comedor a comer y conectarnos. 

 

Era la primera vez en cuatro días que nos conectábamos y nuestra sorpresa fue enorme: teníamos 31 mensajes de diferentes personas, la mayoría de ellos paraguayos ofreciéndonos ayuda y con ganas de ser visitados. Lamentablemente ya estábamos en los últimos 170 km así que nos concentramos en los amigos que quedaban en este camino. 

 

Salimos de Caaguazu recargados de energía y en el primer pueblo que cruzamos decidimos parar a comprar chipa, había varios puestos y las mujeres se peleaban por vender, de hecho frenamos en una chiperia donde la vendedora se distrajo y la de al lado le gano de mano y nos vendió unos ricos chipa para los mates de la mañana. 

La primera persona que visitamos fue Shirley, fanática de Fusca y propietaria consecuente de Pato, su Fusca amarillo que estaba en plena restauración. Como trabajaba en una empresa de productos lácteos, en la ruta, 50 km antes de Ciudad del Este, pasamos a saludarla, y además de ganar una sonrisa y una amiga, nos ganamos un kilo de dulce de leche y tres yogurts! Emocionada, además de tantos regalos y palabras de aliento, Shirley nos regaló una frase: "El Escarabajo es como la cerveza, estrecha vínculos." Nuestra visita a Paraguay empezaba a sonreír, y poco a poco pudimos disfrutar más. Inmediatamente, otro fusquero se acercó a su local a conocernos, ya que Shirley había posteado en Facebook nuestra foto en la puerta de su fábrica. Llegó lleno de curiosidad y también con palabras de aliento. 

En el próximo pueblo, decidimos parar en la ruta en uno de los tantos puestitos que dicen "mate/tereré" que están llenos de hierbas. Los paraguayos llaman remedio a todas las hierbas que colocan en el termo para tomar mate o tereré, especialmente por la mañana. De esta manera, si uno no tiene su propia huerta, se acerca a estos puestos donde elegís las hierbas y el que atiende las macera en un mortero y de ahí a una bolsa. Son extremadamente baratas (3 hierbas x 0.25 centavos de dólar). Claro, todas las hierbas las conocen con el nombre indígena, así que paramos y le contamos al señor que andábamos necesitando y juntos elegimos tres. 

Las rutas en Paraguay son fáciles, son pocas, en su mayoría rectas y en el interior cada 5/10 km máximo hay alguna casa, por lo cual siempre se puede preguntar. También es muy común sentir olor a humo, pastizales incendiados para la agricultura y debido a la baja tasa de importación, muchos autos importados, de Asia y Europa. 

Llegamos a Ciudad del Este y en la fila hacia el cruce fronterizo se nos acerco una persona y nos llamo por nuestro nombre: "Gonza! Jor! Yo soy Dario, Presidente del Fusca Club de Paraguay, vine a hacerles compañía hasta su cruce y a ponerme a su disposición para lo que necesiten..." Wow! Nos sentimos cuidados, admirados y por ende, un poco avergonzados. Tantos meses viajando silenciosamente, y ahora personas conocían nuestro nombre!

No solo eso, otro hombre, representante de otro Club, Gelson, también se acercó y nos ofreció ayudarnos con lo que necesitemos. A esta altura, y horas de cruzar la Argentina, no necesitábamos nada más que cariño y ese cariño nos lo dio el Club de Ciudad del Este que esa misma noche nos organizó un asado, nos fueron a buscar, nos regalaron una camiseta, mucho aliento, mucha conversación y nos pudimos ir de Paraguay con el mejor de los recuerdos, de un pueblo sencillo, humilde y extremadamente cariñoso.

Pero para llegar a esta conclusión hicieron falta, 2 bobinas, 3 policías corruptos, 4 mecánicos y 5 días.

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