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Somos Jor y Gonza, dos personas apasionadas por viajar, fotografiar y vivir la simpleza de lo cotidiano. Nos conocimos en uno de esos paraísos que tiene nuestro mundo y un día decidimos dejar atrás lo cómodo y conocido para subirnos al Fusca, nuestro WV Escarabajo'80 y dejar que el viento nos lleve.

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We are Jor and Gonza, two young, passionate people, that love travelling, taking pictures and living simply. We met at one of those paradises of our world and one day decided to leave confort and know behind to get on our 1980 VW beetle and let the wind take us. 

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Llevados por el Viento es un blog de viajes mediante el cual intentamos compartir nuestras experiencias y aventuras a través de un recorrido por el continente americano.

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September 28, 2018

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El Distrito Federal: Brasilia

August 5, 2015

Era miércoles y habíamos decidido partir de la Chapada Diamantina rumbo Sudoeste, que en realidad en términos rodoviarios, era: ir hacia el oeste y luego hacia el sur. Nos adentrábamos en la región conocida por los brasileros como Centro-Oeste, una región que en sentido de biomas comprende: la Meseta (Como la Chapada Diamantina, dos Veadeiros y dos Guimarães, las más famosas), el Cerrado y el Pantanal; los tres completamente diferentes del Amazonas del Norte, de los desiertos, las playas del nordeste y de la Selva Atlántica del sudeste.

 

El Centro Oeste es la región de Brasil que fue más tarde poblada y donde se encuentra la principal producción agropecuaria. Ya cuando salimos desde los suburbios de Salvador hacia el interior, habíamos compartido la carretera con muchos camiones que volvían vacíos a buscar productos agrícolas como soja, maíz, algodón, azúcar, etc.

 

Este paisaje rutero se repitió a nuestra salida de Palmeiras hacia Barreiras, una de las principales ciudades del Centro Oeste en lo que respecta a la cría de animales.

 

Para llegar a Barreiras teníamos un viaje largo y allá nos esperaban dos couchsurfers: Veronica y Rafael.

 

La ruta, la BR242, estaba en buen estado y si bien había subidas, bajadas, camiones, fue un día bueno, que duró unas 10 horas desde que salimos de Palmeiras, para recorrer 432km. El camino se tornó seco y mantuvo las sierras y cañadones de la Chapada Diamantina, con un cielo celeste claro.

La anécdota del día la obtuvimos en Ibotirama, a medio camino, cuando después de almorzar, en una estación de servicio Líder, pedimos agua caliente para el mate y nos respondieron: “no hay problema, solo que el agua es salubre”... O sea: salada! Una respuesta única! La solución fue comprar agua mineral y que nos calienten ese agua, pero la curiosidad nos despertó preguntas como: entonces ustedes se duchan con agua salada, lavan los platos, etc...? Sí, fue la respuesta recibida. Al salir de la estación Líder vimos carteles en la ruta que anunciaban lavaderos de autos con agua dulce y entendimos la razón del anuncio... Increíble! Encima que el lugar es por demás seco… el agua es salada!!! Que mala suerte!

 

A las seis de la tarde habíamos llegado a Barreiras, una ciudad que se anunciaba con sus suburbios, unos 20 minutos antes del centro. Típica ciudad agro ganadera, con silos, camiones entrando y saliendo, gente con camionetas y mucho mucho polvo!

 

Llamamos a nuestros couchsurfers quienes nos vinieron a buscar a la avenida principal y nos mostraron el camino a su casa, en un edificio de tres pisos. Estacionamos en la puerta, mientras Verónica nos preparó una rica merienda. Conversamos mucho, salimos a comer y luego a descansar de un día largo y sabiendo que el día siguiente también sería de muchos kilómetros.

 

Verónica y Rafa al día siguiente también partirían hacia la ruta de vacaciones de invierno, e iban hacia Chapada dos Veadeiros, por lo cual sabíamos que nos cruzaríamos en algún punto. Comparamos rutas en el Gps, mapas y ellos nos recomendaron una ruta más corta que la original que en lugar de ir más hacia el Oeste y luego al sur, bajaba en diagonal, asique nos planificamos para encontrarnos en ese trayecto.

 

Al día siguiente, temprano arrancamos, desayunamos todos juntos y nosotros salimos antes rumbo sudoeste, rumbo Alto Paraíso, en el próximo estado, Goiás, y ciudad conocida por ser una de las mecas del hipismo y de comunidades alternativas que viven a su alrededor.

Demoramos aproximadamente una hora y media para llegar a Luis Eduardo Magalhães, ciudad más al Oeste de Bahía y estábamos preparados para abandonar este estado que tan bien nos había albergado el último mes. Asique viramos dirección sur sobre la BR-20 y ahora sí... Estábamos bajando!

El paisaje, plano y lleno de plantaciones de algodón! Muchos de ellos floreciendo, una parada obligada para una foto!

Muchos silos, camiones e incluso algodón volando nos acompañaron este día, e incluso cruzamos un río grande llamado Río Algodão! Casi ningún árbol, viento en contra hicieron que fuésemos a 50 km x hora en una ruta recta que va hacia Brasilia, así que mates y rock nacional para acompañar esta monótona aunque bella ruta.

A unos 50 km de Luis Eduardo Magalhães paramos a cargar combustible y nos enteramos de la gran noticia: para unir esta ruta con la ruta hacia Chapada dos Veadeiros / Alto Paraíso, teníamos que cruzar 60 km de un camino de tierra... La pregunta sobre si valía la pena o no... Nunca se propuso, este equipo fue hecho para la aventura...

 

Al llegar al camino de tierra, ya eran las 2 de la tarde, respiramos profundo, nos armamos de paciencia y encaramos el camino, pensando que iban a ser 40 kilómetros, aunque al llegar descubrimos la verdad (60 Km).

Tierra, tierra y tierra, parecía que no llovía hacía meses por lo seco que era el lugar. El camino por momentos tenía pozos muy grandes, pero nada que preocupe al valiente Fusca que nos llevaba a velocidad media pero con mucha confianza.

 

Al pasar los 50 kilómetros ya teníamos polvo dentro del auto, fuera, alrededor... Leía tosía! Sólo queríamos terminar ese trecho…

Apenas llegamos al asfalto, paramos en la primer estación de servicio (en la localidad de Monte Alegre) y nos dimos los dos una ducha y le dimos cuanta agua podía tomar a Leía. El Fusca aun daba para unos kilómetros más, y la buena condición de la ruta nos animó a manejar 70 km más hasta Teresina de Goiás donde encontramos una plaza al lado de una estación de servicio y paramos a descansar, comer una hamburguesa y pasar la noche.

A esta altura nos enteramos que nuestros amigos de Barreiras habían tomado un camino diferente aunque similar y habían pegado el cárter contra una piedra y estaban varados intentando de repáralo. Ambos conductores inexpertos y un auto prestado, una combinación negativa por donde se la mire.

 

Descansamos y al comenzar el día, rápido desayuno para partir nuevamente, esta vez hacia Brasilia, con una parada obligatoria en Alto Paraíso. El camino, en perfectas condiciones con subidas y bajadas muy empinadas, para un Fusca y una casa que venían de varios días agitados, pero con unos paisajes de altura que hacían que todo valga la pena.

A media mañana llegamos a Alto Paraíso, entrada de la Chapada dos Veadeiros, y a su alrededor descubrimos muchas placas que avisaban de chacras de comunidades hippies e incluso se anunciaba un evento nacional que ocurriría la semana siguiente, el encuentro nacional de comunidades alternativas (ENCA) con charlas sobre bioconstrucción, agricultura orgánica, etc.

 

En Alto Paraíso, estacionamos, desayunamos y paseamos con Leía descubriendo un pueblito pequeño, sin edificios, con pocos comercios, varias posadas temáticas de yoga y anunciando tratamientos de relax.

También encontramos una feria orgánica donde conocimos varios viajeros que venían para el encuentro, de varios puntos de Brasil y de hecho, del mundo. Pasado el mediodía, decidimos que era suficiente de la Chapada y partimos dirección Distrito Federal.

A las cuatro de la tarde habíamos dejado el estado de Goiás y entramos en el D.F, donde a 40km estaría la Capital. Una última parada para cargar agua caliente, comprar un alfajor italiano! (Descubrimiento de Jor) y ya estábamos en camino.

 

No dormiríamos en el centro de Brasilia, conocido como “Ciudad Piloto”, sino en una de sus ciudades satélites, llamada Sobradinho. Allí nos esperaba Aline (una couchsurfer), y su familia. Las indicaciones para llegar fueron perfectas, y como Brasilia está diseñada hace poco tiempo, las vías de acceso son prácticas y bastante bien señalizadas.

 

Llegamos sábado al atardecer a Sobradinho y lo primero que descubrimos sobre Brasilia es que es muy común, vivir en barrios privados, que ellos llaman de condominios. Hay barrios privados de clase media y de clase media alta, ya que vivir en los suburbios de las ciudades satélites puede ser bastante peligroso (dato que contradice con lo que los habitantes de la Ciudad Piloto que dicen vivir en una ciudad súper segura... Claro sin contar los alrededores) y de hecho, el D.F tiene la tasa de criminalidad de homicidio por habitante más alta de Brasil.

 

El condominio donde Aline y su familia viven se llama RK (que aparentemente son las iniciales de la dueña de la tierra donde se instaló este barrio) y llegamos a las 6 de la tarde a su portón, donde sin dar el nombre de ningún habitante del barrio, pero presentando un documento, te dejan pasar.

 

Encontramos la casa que tenía un parque enorme, lo cual era muy práctico para nosotros, aunque el portón de entrada era bajo y no podíamos meter la casa asique estacionamos en su puerta.

 

La familia nos recibió con mucha alegría! Aline tiene tres hijos, Ravi, Luna y el mayor: Joao, a quien llaman de Juba; también tienen dos perros pequineces y un pato de mascotas! A su lado viven sus hermanas y en el fondo su madre, por lo cual era un barrio todo familiar. Para recibirnos, nos cocinaron una cena súper hogareña, y pudimos conversar sobre nuestro viaje y sus ganas de viajar también. Los acompañaba el padre de los hijos menores de Aline, ex marido, Vinicius, que al igual que Gonza había estudiado Historia en la facultad.

Al día siguiente aprovechamos para lavar la casa, el auto, lavar ropa, ponernos al día con mensajes y también con el descanso. Llegado casi el mediodía, nos fuimos sí, a la Ciudad Piloto a descubrir al capital brasilera con la compañía de Juba.

 

El acceso es fácil y está a unos 15/20 km de distancia. Rápidamente se muestra la ciudad planificada en 1960 (Jucelino Kubischek, presidente brasilero decidió mudar la capital de Río de Janeiro a Brasilia para que estuviese en el centro del país e impulsara la colonización del Centro Oeste de Brasil) y diseñada por Lucio Costa y Oscar Niemayer como una ciudad “mecánica”, donde todo está organizado, con una avenida principal que cruza de Este a Oeste y de donde se derivan las dos Asas (alas en portugués, ya que el plano de Brasilia refleja la forma de un avión), la Asa Norte y la Asa Sur. En estas áreas todo está organizado, hay un lugar para residencias, otro para hoteles, otro para restaurantes, otro para mecánicos de auto, etc...

Conocimos también sus edificios importantes, la catedral nacional, la antena de TV, el Senado, los ministerios y obviamente el predio del poder ejecutivo, el Palacio do Planalto.

Los locales dicen que su ciudad es funcional y que es muy fácil moverse, lo cual es cierto siempre que se tenga un auto, ya que las distancias son largas.

 

Hay muchos parques y hasta un lago que rodea las asas desde el oeste.

La ciudad es linda, moderna y organizada, pero a nosotros nos pareció otra Gran Mentira, y la bautizamos, también cariñosamente, LGM 2 (La Nº 1 fue Praia do Forte). Una ciudad sin alma, sin personalidad, sin informalidades, sin sorpresas... Todo planificado y ordenado.

 

Obviamente, se nota que la calidad de vida es alta, pero a nosotros, que nos gusta lo más rústico y el descubrir de culturas, sentimos Brasilia un poco vacío. Incluso las comidas típicas en los restaurantes son comidas típicas de otras regiones: el Beiju bahíano, la carne asada de Mato Grosso, platos de pescado y mariscos nordestinos... etc.

 

Esa noche invitamos a cenar a La familia a una pizzería y nos despedimos formalmente de Brasilia.

 

Estábamos recuperados físicamente del primer tramo y todavía queríamos llegar al Cerrado antes de que Gonza vuelva a trabajar y para eso teníamos solo diez días.

 

Salir de Brasilia no fue difícil, bien señalizado y un tránsito leve hicieran que en menos de una hora ya estuviésemos en la Autopista BR-060 con orientación Goiânia (capital del estado de Goias) hacia el sudoeste.

 

Dejábamos la metrópoli para meternos ahora de lleno en la naturaleza, el Cerrado nos esperaba con muchas sorpresas.

 

 

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