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Somos Jor y Gonza, dos personas apasionadas por viajar, fotografiar y vivir la simpleza de lo cotidiano. Nos conocimos en uno de esos paraísos que tiene nuestro mundo y un día decidimos dejar atrás lo cómodo y conocido para subirnos al Fusca, nuestro WV Escarabajo'80 y dejar que el viento nos lleve.

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We are Jor and Gonza, two young, passionate people, that love travelling, taking pictures and living simply. We met at one of those paradises of our world and one day decided to leave confort and know behind to get on our 1980 VW beetle and let the wind take us. 

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Llevados por el Viento es un blog de viajes mediante el cual intentamos compartir nuestras experiencias y aventuras a través de un recorrido por el continente americano.

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September 28, 2018

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Le decimos chau (por ahora) al litoral

August 3, 2015

Todo concluye al fin, dice una conocida canción, y sí… nuestro tiempo en el litoral atlántico se estaba terminando (por ahora!), solo quedaban dos destinos en la frente para luego entrar al interior de Brasil y conocer otra parte del inmenso país.

 

Habíamos decidido conocer Praia do Forte, allá nos esperaba una amiga de Marce (hermana de Jor), su nombre Maura, una “chamana” brasilera/argentina que nos había conseguido un lugar para estacionar la CR, bueno, bonito y barato, esa combinación que ya casi no existe. En un albergue, donde por un precio muy accesible pudimos quedarnos, usar la ducha, internet y desayunar cada mañana, desde el 2014, su dueño había decidido convertir su estacionamiento también en lugar para motorhomes y CRs. Nuestra idea era quedarnos varios días ahí, para trabajar, despedirnos de la playita y después de 3 semanas continuar viaje hacia el oeste.

 

Así fue como un sábado a la mañana, después de haber vivido una semana muy intensa en Salvador y de hacer una ofrenda a Iemanjá, la Diosa del mar, la Sirena, partimos rumbo a Praia do Forte. Teníamos mucho por agradecer y en la tierra del Candomblé nos sentimos obligados a hacerlo para ella, ya que desde el inicio de nuestro viaje, nuestro Fusquita llevaba consigo contas de Iemanjá y de Ogúm (orixá guerrero) que Gonza había traído desde Salvador, bendecidas por el Mestre.

Sólo teníamos unos  70 Km para recorrer hacia Praia de Forte, calculábamos una hora y media de viaje, así que no madrugamos demasiado, pero si salimos temprano porque queríamos hacer un chequeo al auto y casa rodante, antes de llegar a la ruta. Una justa manifestación en contra de la instalación de un peaje en la Estrada de Coco (peaje que ya está funcionando) unos Km antes de llegar, hizo que demoremos más de 3 horas, al final. Recién para el mediodía estábamos en destino y fuimos directo al Albergue, donde fuimos muy bien recibidos, tanto por los recepcionistas como por su dueño, el Sr. Paulo, un carioca (gente de Río de Janeiro) emigrado a Bahia muy simpático que nos brindó ese espacio por unas largas semanas y se mostró muy interesado en ayudarnos ya que nos dio muchos consejos para Praia do Forte y también para nuestros próximos destinos.    

 

Ni bien llegamos, montamos cómodamente nuestro hogar y la casita de la cachorra, y nos fuimos a recorrer la Vila y obviamente, su playa.

Praia do Forte es una Vila que pertenece al municipio llamado Mata de São João, se llega a través de la Estrada do Coco, una ruta en muy buen estado que pasa por el Aeropuerto Internacional de Salvador y que termina en la divisa con el próximo estado: Sergipe. Es una autopista balnearia que pasa por todos los balnearios, ciudades balnearias del norte de Bahia y específicamente, del norte de Salvador, litoral denominado Costa Dos Coqueiros, nombre que le dió origen al nombre de la ruta.

 

La Vila es muy pintoresca, podemos decir que demasiado, es como estar dentro de un gran barrio privado, todo ordenado, limpio, nada fuera de lugar. Al principio nos impactó y nos pareció bellísima, quedamos atrapados por su encanto, solo que después caímos en la realidad de que era muy diferente a lo que veníamos viendo, lugares más rústicos, más simples, "más reales". Terminamos llamándola cariñosamente  “La Gran Mentira”, y más adelante se convertiría en LGM 1, ya que encontramos la segunda, pero eso es parte de una futura entrada…

 

El origen de esta infraestructura tan linda en la Villa, pero casi artificial, es consecuencia de los grandes hoteles resort que la rodean ya que supo ser un pueblito de pescadores hasta que el Resort Iberostar compró un gran predio al lado del pueblo y el municipio decidió cambiar la cara de Praia do Forte para servir de lugar de paseo de los huéspedes del imponente Resort. Lo mismo sucedió en otros puntos de la región, como en Costa do Sauipe, que se encuentra a meros 35km al norte.

 

Pero tratando de ser neutrales, la Vila es muy linda, está formada por una calle principal cerrada al tránsito por la que se puede caminar muy tranquilo, llena de bares, restaurantes y negocios de todo tipo. Al final de esta calle se encuentra la Capilla São Francisco de Assis, el Projeto Tamar (ONG dedicada a la protección de tortugas marinas), la playa y el mar.

A sus alrededores se encuentran algunas casas simples, de lo que supo ser una Vila de pescadores, de la cual poco queda, ya que la mayoría de las construcciones hoy en día son grandes casas, hoteles y resorts, siendo su principal actividad económica: el turismo.

 

También tiene una laguna, consecuencia de la desembocadura del Río Pojuca que costea la Vila con una amplia vereda para caminar, hacer ejercicios y andar en su bicisenda, donde se puede disfrutar de un aire puro y un hermoso atardecer, lo que le da un paisaje más, a este hermoso destino. También hay gente que entra a la laguna y al Río, de Kayak o canoas canadienses. Al final de esta vereda para un lado termina en el mar y para el otro en la Reserva Ecológica da Sapiranga, donde se encuentra el Castelo D'Avila, un antiguo predio, consecuencia de la época colonial y donde se encontraba el famoso "fuerte" que le dejó el nombre a esta playa.

 

La parte más linda de este lugar para nosotros fue sin dudas sus bellezas naturales, posee varias playas de agua calma, cálida, de arenas claras y llenas de Coqueiros y unas piscinas naturales como no habíamos visto hasta ahora! Para nosotros una de las playas más bonitas de las conocidas hasta el momento en Brasil.

 

La playa del centro, queda al lado de la Capilla y es la única que dispone de infraestructura turística, varios quiosques (bar de playa) con comida local, música, juegos para los más pequeños, varios vendedores ambulantes y en ese lugar, como es el centro y antiguo Puerto, hay varios barcos pesqueros amarrados.

A la derecha de esta playa hay una gran extensión de costa pero ya sin tanta infraestructura, playas más calmas y desoladas. Al final, se encuentra un conocido Resort, el Tívoli, varias casas cuyo jardín termina en el mar y el río que desemboca en el mar (depende la época del año está más o menos lleno), y divide la playa en dos.

Si del centro nos vamos para la izquierda, hacia el norte, encontramos primero el ya mencionado Projeto Tamar, que además de ser un centro de investigación y protección de las tortugas marinas (forma parte de la ONG Proyecto Tamar), tiene un espacio para la visita, con guías especializados y un café muy lindo con su respectiva tienda de souvenirs. La suerte que tuvimos al decidir visitar el proyecto (que cuesta 6 dólares la visita) justo el Día Internacional de la Tortuga Marina y fuimos testigos de la liberación de una de ellas, la cual fue rescatada de una red de pesca y aprovechando que ya estaba en condiciones de volver a su hábitat natural y conmemorando ese día, la liberaron.

También vimos otras tortugas en recuperación, las alimentamos, vimos tortugas bebes y había tiburones en una de las piletas, los cuales pudimos tocar y alimentar también. Fotos de este momento? Claro que no… al tiburón o lo tocás o le sacas fotos, las dos cosas se tornaba un poco peligroso…

 

Luego del Projeto Tamar vienen las playas más lindas, llenas de coqueiros y donde se forman las famosas piscinas naturales. Si bien en toda la costa de Praia do Forte, cuando la marea está baja se forman las piscinas, en esta zona están las de mayor profundidad y por lo tanto donde se puede ver mucha vida marítima.

 

Así fue como una mañana, luego de confirmar el horario de la marea baja, nos dirijimos hacia estas increíbles piscinas naturales con la GoPro, antiparras y mucho oxígeno en los pulmones. Nadamos y buceamos hasta el cansancio! O... Hasta que llego un poco más de gente, y dejó de ser una experiencia tan íntima, y partimos hacia otras playas.

Otro de los días en el litoral norte de Bahia, decidimos conocer la ciudad balnearia más vecina, Imbassai, a solo 12 Km de distancia sentido norte. Una Vila muy linda, mucho más rústica y simple, con una playa completamente diferente, de aguas claras pero con grandes olas. Antes de llegar hay que cruzar un río (Río Imbassai) con un agua de tonalidad  rojiza, lo podes bordear caminando hasta llegar a la playa, o por R$2 tomarte un divertido barquito a remo, eso hicimos, por decisión de Leia (mientras nosotros pensábamos si ir de góndola o no, Leia saltó en seguida en una de ellas y tomo la decisión por nosotros).

Lugar muy lindo, el contraste de agua dulce y salada es único.

Hacía mucho calor y como el mar estaba bastante bravo, decidimos quedarnos cerca del río, chapoteando e intentando que Leia descubra la linda sensación de estar en el agua, cosa que hasta el momento no habíamos logrado. Era cuestión de meterla al agua y ella salir disparada, sin volver a acercarse por las dudas que lo hagamos de vuelta.

 

Pero ese día, algo pasó, algo cambió en la cachorra y el milagro se produjo, Leia nadó, por decisión propia, por primera vez. Emocionados, sin poder creerlo, le pedíamos una y otra vez que lo vuelva a hacer. Así pasamos la tarde, viendo a la cachorra nadar, sacándole fotos, haciendo videos, como padres enamorados y disfrutando de una linda playa, del agua dulce, en familia.

Pasamos 3 semanas en Praia do Forte, aprovechamos para trabajar, Gonza tenía uno de sus viajes y Jor se quedó con Leia y trabajó sacando fotos para un negocio de artesanías. También disfrutó de la  compañía de Maura, la chamana, que le ofreció hacer un trabajo de sanación espiritual, al cual no se pudo negar. Trabajo intenso, pero que valió la pena.

Nuestro último día, junto a Maura, hicimos un cierre en la playa, esta vez los 4, momento emotivo, donde nos despedíamos del mar y de nuestra amiga chamana hasta el próximo encuentro, que no sería en mucho tiempo, ya les contaremos con detalles…

Ahora sí, estábamos listos para cambiar de rumbo, nos íbamos para el interior, para el oeste brasilero, donde una cambio de paisajes nos esperaba.

 

 

 

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