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Somos Jor y Gonza, dos personas apasionadas por viajar, fotografiar y vivir la simpleza de lo cotidiano. Nos conocimos en uno de esos paraísos que tiene nuestro mundo y un día decidimos dejar atrás lo cómodo y conocido para subirnos al Fusca, nuestro WV Escarabajo'80 y dejar que el viento nos lleve.

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We are Jor and Gonza, two young, passionate people, that love travelling, taking pictures and living simply. We met at one of those paradises of our world and one day decided to leave confort and know behind to get on our 1980 VW beetle and let the wind take us. 

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Llevados por el Viento es un blog de viajes mediante el cual intentamos compartir nuestras experiencias y aventuras a través de un recorrido por el continente americano.

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Guided By the Wind (Llevados por el Viento) is a travel blog through which we wish to share our experiences and adventures across the American Continent.

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September 28, 2018

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Descubriendo la "Costa do Descubrimento"

July 28, 2015

Encaramos para pasar las dos horas (que en realidad fueron 2:40) de camino de tierra, pozos, subidas y bajadas para salir de Corumbau y nuestro destino del día era Arraial d'Ajuda a 225km. Llegamos a la BR101 y aprovechamos el asfalto para descansar y también parar a cargar nafta. Habían sido unos días exigentes para el Fusca por lo cual decidió tomarse un descanso. Luego de cargar nafta, no arranco más… Lo dejamos descansar una hora y luego, sin hacer nada especial, arrancó de nuevo. A los pocos 20kms, en el primer pueblo que encontramos, donde un mecánico electricista lo revisó y nos dijo que quizás estaba calentando la bobina, que luego de lijar el contacto no nos daría más problemas... Y de hecho unos minutos más tarde estábamos de nuevo en la ruta, el fusquita, es increíble.

 

Pasado el mediodía ya estábamos en Eunápolis, desde donde nuevamente, nos despediríamos de la BR101 y viajaríamos sentido Este hacia el litoral, hacia Porto Seguro, capital del distrito, pero como es un lugar grande, decidimos hacer base en su localidad vecina, Arraial d'Ajuda, que lo separaba una Ría (las Rías son entradas de agua Salada en forma alargada, que ante el ojo desatento parece un río... Y que si bien, en general se comunican con agua dulce a su final, son influenciadas por la entrada de agua salada) y por lo cual habría que optar por cruzar en ferry desde Porto Seguro, o 60 km antes de llegar tomar un camino alternativo hacia el sudeste para llegar directo a destino. Nosotros decidimos tomar este desvío, un camino donde el asfalto no era muy bueno, muchos pozos y muchas subidas bien empinadas... Algunas que ponían nerviosa a Jor, pero ninguna que haya desmotivado al Fusca y así, con la caída de la noche, arribamos a destino. Al llegar, dimos una vuelta y encontramos un estacionamiento muy grande, vacío, al lado del centro comercial, lo que nos alentó a asentarnos ahí.

 

Dejamos la casa y nos fuimos con unas toallas y equipo de baño en búsqueda de una ducha. Preguntamos en el Hi Hostel (un albergue) y por el mero precio de 5 reales, nos tomamos un baño caliente y nos volvimos a casa. Había sido un día largo, ya estábamos en destino y muy satisfechos, pero cansados así que nos limitamos a prepararnos una pasta en la casa e irnos a dormir temprano. A la mañana siguiente, Gonza arrancó temprano y fue a recorrer el barrio en busca de pan fresco para el desayuno y también a reconocer un poco los lugares cercanos. Descubrimos que estábamos a pocos metros de la famosa calle "Mucugê", que los nativos consideran ser la calle más charmosa de Brasil. No sabemos si será la más charmosa de Brasil, pero es una calle bonita, con muchos locales (incluso Bancos y oficinas empresariales) hechos de madera y con aspecto rústico.

Luego de desayunar, bajamos la calle Mucugê, hasta la Praia Mucugê, que fue nuestra primera verdadera playa bahiana como esperábamos, aguas transparentes, cálidas y arenas claras. Leia se sentía en casa y corría de lado a lado, pero siempre sin acercarse al agua... La playa tenía un recife de corales que la protegía de las olas, por lo cual, para quien quisiera olas, era solo caminar hasta el Recife, pero para quien quisiera aguas calmas, de tipo "piscina", la playa era perfecta.

Pasamos la mañana en la playa y luego nos fuimos a conocer otra localidad al sur, Trancoso, a una hora de distancia. Un camino con aún más subidas y bajadas, donde agradecimos no tener nuestra casita…

Camino que valió la pena, para arribar a un muy bonito pueblo, que crece alrededor de un centro conocido como "El Cuadrado". El centro está compuesto por una plaza rectangular rodeada por casitas, algunas coloniales y otras imitando el estilo, todas con grandes marcas brasileñas internacionales y restaurantes y cafés de diferentes estilos. Alrededor del centro, posadas y mansiones rodean las sierras y miran hacia un mar azul profundo decorado con coqueros. Hacia allá fuimos!

Bajamos a la Praia dos Coqueiros, que es vecina de la Praia dos Nativos, pero con menos infraestructura. Para llegar, construyeron una pasarela de madera por encima del manguezal, en el cual se pueden ver además de aves, los famosos cangrejos Siri que son parte de la dieta bahiana.

En el camino, siempre carteles de madera con mensajes ambientalistas o espirituales. A Leia le encantó Trancoso también, con su arena clara y suave que parecía harina de trigo y nosotros amamos el mar, que aunque con algunas olas, su color nos atrapaba.

Cuando terminó el día de playa nos volvimos a Arraial y salimos a pasear por su centro, buscando un lugar donde cenar y luego a la CR a descansar y planear el día siguiente.

 

Arraial es una palabra que hace alusión (al igual que en Arraial do Cabo, RJ) a una villa, a un poblado pequeño, que son el origen de esta ciudad romántica con un centro histórico mirando el mar, lleno de locales comerciales y posadas de todos los niveles y gustos.

El día siguiente decidimos ir en el Fusca y con Leia a conocer Porto Seguro, a través de la balsa, gestión que también nos ayudaría a planear nuestra ruta de salida nuevamente hacia la BR101. Llegamos a la balsa, cruzamos el Río Buranhém y en breves 20 minutos desembarcamos en el puerto y centro de Porto Seguro, con la idea de llegar al Centro Histórico que coincide con la piedra fundacional de Brasil. Nos perdimos varias veces, cargamos combustible al fusca y finalmente encontramos el centro. Apenas entramos a la Cidade Histórica, conocimos a una bahiana que vendía chocolate local, que nos fascinó y compramos suficiente para varios días. Además, conocimos por primera vez el fruto del cacao, fruto que no se usa solo para el chocolate, sino también jugos u otras salsas.

Luego de una breve recorrida, y unos mates, volvimos al centro comercial y almorzamos en un restaurante con wifi, donde nos dejaron entrar con Leia luego de convencerlos, y quien se comportó muy bien! Una vez que cruzamos la balsa de vuelta para Arraial decidimos ir a la playa a la tarde y encontramos una playita (Praia de Aracaipe) con una banda de rock en vivo. Nos quedamos hasta el atardecer y aprovechamos la ducha de la playa para sacarnos la sal e ir a dormir más leves.

 

A la vuelta a casa descubrimos que nuestro estacionamiento era el lugar de entrenamiento de motoqueros acróbatas cada fin de semana y mientras los más grandes practican hacer willy y piruetas, los más chicos los imitan con sus bicicletas.

Habíamos decidido partir al día siguiente, vía la balsa, ya que si bien demoraríamos en el cruce, nos ahorraríamos los pozos, subidas y bajadas.

Antes de partir, hicimos un mantenimiento de lavado y engrasado al auto y casa, reparamos la tercer pata de la CR, que se había roto en el camino a Corumbau, y revisamos una rueda de la casa que estaba baja. Todo nos demoró bastante y decidimos cambiar nuestros planes. No volveríamos aún a la BR101, ya que no nos daría el tiempo para llegar lejos, por lo cual iríamos al norte de Porto Seguro hacia algún otro pueblito (descubrimos que había varios pueblitos más pequeños) a pasar la noche y luego seguir.

 

El dueño del local de lavados de autos nos hizo un descuento por nuestra historia y para el mediodía estábamos listos para irnos. Nuestro nuevo objetivo: Santa Cruz da Cabrália. Cuando llegamos (37km de Porto Seguro), nos encontramos con una placa que decía: la cuna de la civilización brasilera. Fue en este lugar, en los recifes de corales de Coroa Vermelha que los portugueses desembarcaron por primera vez!!!

Estacionamos en la playa de Arakakai, al lado de una "ducha ecológica" que básicamente era un tronco de un árbol, erguido verticalmente, hueco y encima un tanque que junta agua de lluvia con una canilla y un tubo. Dormimos con el ruido de mar de fondo, con una luna llena que nos dio toda la energía necesaria para continuar viaje.

Al día siguiente mientras armábamos nuestra CR y auto para partir hacia Ilhéus, un hombre, argentino, se bajó de un Citroen moderno y nos vino a saludar. Nos convenció de continuar por el litoral hasta Belmonte, el último pueblo accesible por tierra, a 67 km y así que, una vez más cambiomos de planes sobre la marcha y cruzamos otra balsa (por el Río Joao de Tiba) y partimos rumbo a este nuevo y espontáneo destino.

Apenas cruzamos la balsa, pasamos por Santo André, conocido por haber albergado a la selección alemana durante la última copa del mundo, y poco a poco el paisaje se fue limpiando y los coqueros y las playas aparecieron hasta que entramos en Belmonte...

Seguimos los carteles hacia la Praia do Mar Moreno, que lleva ese nombre por el color del mar que es bañado por el Río Jequitinhonha que cambia su color azul a marrón.

 

En la playa, un restaurant abierto, y los dueños almorzando. Nos sentamos a comer un PF y Robson, el dueño, se sentó con nosotros, mientras su mujer nos preparaba la comida. Le contamos nuestro viaje y él nos contó un poco de su vida. Combinamos dormir ahí en la playa y el dueño del restaurant de al lado espontáneamente nos ofreció la llave del baño de su local para que podamos usar a la noche, un gesto hermoso y bien bahiano.

Paseamos por el centro de Belmonte donde se nos dió la formal bienvenida a la Costa del Cacao, ya que paseando encontramos semillas de cacao esparcidas en la calle y un señor que las cuidaba no contó que las secan para que se agranden y pesen (valgan) más.

Aprendimos sobre la historia de este magnífico fruto en la región y conocimos gente muy amable en toda la costa del descubrimiento. Ahora sí, era hora de continuar viaje y éste, era el final del camino del litoral, por lo que volveríamos (por otra ruta) ahora sí, a la BR101, con la mira en Ilhéus.

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