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Somos Jor y Gonza, dos personas apasionadas por viajar, fotografiar y vivir la simpleza de lo cotidiano. Nos conocimos en uno de esos paraísos que tiene nuestro mundo y un día decidimos dejar atrás lo cómodo y conocido para subirnos al Fusca, nuestro WV Escarabajo'80 y dejar que el viento nos lleve.

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We are Jor and Gonza, two young, passionate people, that love travelling, taking pictures and living simply. We met at one of those paradises of our world and one day decided to leave confort and know behind to get on our 1980 VW beetle and let the wind take us. 

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Llevados por el Viento es un blog de viajes mediante el cual intentamos compartir nuestras experiencias y aventuras a través de un recorrido por el continente americano.

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September 28, 2018

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Camino a Salvador, parada obligatoria: Itacaré

July 28, 2015

Salvador de Bahia es uno de los destinos que Jor estaba esperando conocer hace varios años, cuando se embarcó en su aventura con su amiga Sole, a bordo de un Jeep, la idea siempre fue llegar a Bahia; pero los encantos Paratienses la demoraron un poco. No podía despedirse de Brasil sin conocer Salvador, sus calles empedradas, sus coloridas casas coloniales… todo visto en fotos y videos que Gonza le mostraba cada vez que él visitaba esa ciudad. Pero también había que bajar la ansiedad y si bien estábamos en esa dirección y cada vez más cerca, antes había una parada casi obligatoria: Itacaré, una ciudad del litoral de Bahia, pequeña y con lindas playas, famosa por lo bohemio, el surf y el reggae.

Ni bien anunciamos la noticia de que íbamos a pasar el invierno en Brasil y más precisamente en Bahía, muchas personas nos hablaron de Itacaré, cuando decimos muchas, son casi todos los viajeros que conocemos o hemos cruzado. Parece que Itacaré es el lugar preferido de muchos y nosotros queríamos comprobarlo. 

Gonza por su lado ya lo conocía y tenía un buen recuerdo del lugar, hasta pensó en quedarse a vivir algún tiempo atrás, en cambio Jor, un poco saturada de las indicaciones, ella cree que cuando te hablan tanto de un lugar, te insisten a que lo conozcas, lo “inflan” mucho (ojo, tanto para bien como para mal) cuando llegas… se produce algo que hace que no sea lo mismo… pero tratando de hacer oídos sordos y dejándose llevar por la magia propia del lugar, salimos de Ilhéus rumbo a Itacaré.

Tomamos la Estrada Parque da Serra Ilhéus – Itacaré, una ruta increíblemente hermosa, se dice que es la primer ruta ecológica de Brasil con una extensión de 65 km bordeando el litoral, pasando por playas desérticas, cascadas, miradores y unos puentes colgantes para que los animales silvestres la puedan cruzar. En este camino se percibe nuevamente la “Mata Atlántica” ese bioma selvático y húmedo. Aparecieron los morros y con ellos las subidas y bajadas, playas a la derecha, cascadas a la izquierda, un camino muy parecido a los que transitamos en el sudeste del país, pero esta vez estábamos bien arriba.

Antes del mediodía estábamos entrando a Itacaré, si bien esta pequeña ciudad forma parte de la ruta del cacao y creció mucho gracias a esta industria, con la construcción de la Estrada Parque da Serra su principal actividad económica hoy en día es el turismo, y se convirtió en uno de los lugares más visitados del litoral sur de Bahia y se destaca por ser el principal punto de surf del estado.

Ilhéus nos despidió con lluvia y en Itacaré el clima no había cambiado. Día nublado y con restos de agua de lluvia en las calles, empezamos la búsqueda de nuestro lugar de descanso. Nos fuimos directo a una de las playas de la ciudad, Praia das Conchas, la única playa de aguas calmas. Enseguida encontramos el lugar perfecto, frente al mar... había unos quiosques (bar de playa) pero entre uno y otro estaba nuestro lugar… hasta que… nos dijeron que “No se puede”. El dueño del bar, un señor muy amable nos explicó que él siempre dejaba parar viajeros en ese lugar, pero que fue avisado por la policía del lugar que no estaba permitido, para eso están los campings claro. Pero el simpático señor nos permitió dejar la CR estacionada unas horas hasta que encontremos otro lugar. Así fue como dejamos todo y salimos los 3 en el Fusquita a recorrer la ciudad.

Nos dirigimos hacia el centro, chiquito, pintoresco con una calle principal, eso era todo. Esa misma calle, para el otro lado, termina en las otras playas, las que tienen grandes olas y están llenas de surfistas. Si bien había movimiento, saliendo del centro antes de la primer playa, decidimos que sería nuestro estacionamiento. Sabíamos que estábamos en una calle principal, pero no siempre eso tiene que ser malo no? Ahí nomás volvimos a buscar la CR y nos instalamos en nuestro nuevo hogar por los próximos días.

Luego de acomodarnos, salimos a recorrer el centro y visitar una de las playas, Praia Resende, muy linda, tiene una gran entrada de parque verde y altos coqueiros… si, nosotros también lo pensamos, por qué no dormimos acá? No era tan facil, había un cartel de: “Prohibido Acampar” y la bajada, debido a la lluvia, no estaba muy accesible. Decidimos quedarnos donde estábamos, dos cuadras más lejos, y visitar la playa caminando.  Ahí nos quedamos, disfrutando de la playa, admirando a los surfistas y Leia haciéndose amigos.

El día siguiente nos despertamos con mucha lluvia, pero después salió el sol, se nubló, volvió a llover, otra vez el sol… nunca vimos algo tan cambiante. Si bien sabíamos que era época de lluvia y que el clima en junio es bien inestable, nunca pensamos que sería tanto. Aprendimos que no podes dejar de hacer planes si está nublado o mismo lloviendo porque a los pocos minutos el cielo puede ser otro y regalarte un sol bien grande. Así que nos la pasamos yendo y viniendo a las playas, favorecidos claro, porque estábamos cerca…

En nuestro paso por Itacaré nos limitamos a conocer las playas más cercanas y el centro de la ciudad, ya que con tanta lluvia no pudimos acceder a aquellas más alejadas y desérticas. Caminando por el centro no paramos de cruzarnos con surfistas, placas y hasta lugares donde arreglan tablas, es sin duda, “el lugar del surf” y otoño e invierno es la época donde se encuentran las mejores olas  para los surfistas experimentados y para los que no sabemos siquiera pararnos en una tabla, por lo menos disfrutar del espectáculo.

Al final del día necesitábamos de una ducha y la encontramos en un chorrillo de agua de río que estaba en una de las playas. No sabemos  si es la mejor ducha, pero para nuestros días en Itacaré, lo fue…

Una de las noches en esta pequeña ciudad  fuimos a degustar unas ricas caipirinhas y Gonza se animó por una típica de la zona, la Caipirinha de Cacao, una caipirinha diferente, mas espesa, color blanca… conclusión: “para probarla una vez, está bien. Pero la Caipi es de limón”.

Tratando de ser justos y dejando de lado los comentarios y recomendaciones previas, que es lo que hace que esperes aún más de un lugar, podemos decir que fue una buena decisión, a pesar de la lluvia, conocer Itacaré. Lugar tranquilo, un lindo centro y muy lindas playas. Tal vez no sea nuestro lugar preferido, pero sí un lugar que vale la pena visitar.

Después de una noche muy lluviosa, de esas con una gran intensidad en la caída del agua, la que peor la pasó fue la cachorra, su cucha plegable se mojó bastante y terminó durmiendo debajo de la CR. Al despertarnos al día siguiente, secar todo lo empapado y volver a meternos en la casa ya que la lluvia continuaba… hicimos fiaca, desayunamos, escuchamos música, leímos… pero no había mucho más por hacer… Así que para las 10 AM decidimos que nuestros días en Itacaré habían sido suficientes. Aprovechando que había parado la lluvia, aunque estaba todo nublado, y decidimos salir a la ruta, sentido norte. Sabíamos que no íbamos a llegar a Salvador, pero por lo menos íbamos a sumar unos kilómetros.

Así fue como recorrimos unos 130 km más o menos, con momentos de lluvia y otros simplemente nublados, y llegamos a Valença donde paramos en una estación de servicio “Lider” a pasar la noche. La misma tenía ducha caliente, Si!!! La misma estaba al final de todo, allá bien en lo oscuro, detrás de los camiones y sin luz… pero con vela en mano y haciéndonos campana en la puerta que no cerraba, nos duchamos con agua calentita. Valió la pena el coraje, tanto de salir a la ruta a pesar del mal tiempo, como el de entrar a la ducha del miedo… Unos ricos fideos y todos a dormir, esta vez bien sequitos, al día siguiente nos esperaba el último trayecto de la ruta rumbo a la tan esperada ciudad.

 

               

 

 

 

 

 

 

 

 

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