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Somos Jor y Gonza, dos personas apasionadas por viajar, fotografiar y vivir la simpleza de lo cotidiano. Nos conocimos en uno de esos paraísos que tiene nuestro mundo y un día decidimos dejar atrás lo cómodo y conocido para subirnos al Fusca, nuestro WV Escarabajo'80 y dejar que el viento nos lleve.

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We are Jor and Gonza, two young, passionate people, that love travelling, taking pictures and living simply. We met at one of those paradises of our world and one day decided to leave confort and know behind to get on our 1980 VW beetle and let the wind take us. 

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Llevados por el Viento es un blog de viajes mediante el cual intentamos compartir nuestras experiencias y aventuras a través de un recorrido por el continente americano.

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September 28, 2018

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El Polo

December 18, 2014

El Polo no es el deporte nacional argentino, ni es el deporte más popular, pero sin lugar a dudas tiene características que lo hacen no solo un deporte fascinante, sino que le agregan todos los componentes tradicionales de la región.

 

Por esas suertes de la vida, nos regalaron unas entradas para ir a ver dos partidos de polo del mejor nivel nacional y probablemente de alto nivel internacional en el Campo Argentino de Polo, que queda en el barrio de Palermo, Buenos Aires. Conocido también como la Catedral del Polo y donde la entrada tipo de los abiertos y copas del final de año cuestan alrededor de 20 dólares, llegan a valer 10 veces eso  durante el Campeonato Argentino Abierto de Polo, el cual muchos especialistas coinciden que es el máximo certamen inter-clubes a nivel mundial.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En nuestro caso vimos dos partidos de la Copa Stella Artois, una copa menor pero con equipos de mucho nombre, el primer partido entre Chapaleufú y Alegría y el segundo entre Ellerstina y Las Monjitas (ex La Aguada).

 

El deporte, que comenzó en Persia en el siglo VI a.C., o sea “hace mucho”, se llama Polo porque deriva del tibetano pulu que significa pelota y se jugó en Irán, en China y Egipto y llegó hasta la India, bien antes de que Colón llegase a América. Fue justamente en India que los ingleses descubrieron ese deporte y desde ahí lo llevaron a Europa a fines del siglo XIX y consecuentemente llegó al Nuevo Mundo. Tradicionalmente, en Argentina consideramos el deporte como un deporte de elite y esto es principalmente por los espectadores, más que por el deporte en si, ya que no hay nada más criollo que un hombre encima de su caballo y hasta no más de 100 años atrás, un hombre subido a un caballo practicando un juego, era visto como algo bastante lejos de la aristocracia.

 

Un partido de Polo de alto nivel dura aproximadamente una hora y media y fue así que decidimos llegar sobre la última parte del primer partido al que fuimos invitados para no acabar aburriéndonos en la larga jornada que implicaba quedarnos a ver dos partidos enteros. Obviamente, por el tamaño del campo (276 x 146 metros, un poco más del doble de una cancha de futbol que son 105 x 70m), el deporte se practica preferentemente de día para poder visualizar bien el campo, no solo por los jugadores y espectadores, sino también por los verdaderos protagonistas, los caballos, que a diferencia de los caballos de carrera, los de polo no tienen anteojeras, sino que corren con los ojos descubiertos y en todas las direcciones.

Al entrar a la “Catedral del Polo”, ya uno respira cierta tradición y también bastante glamour desde los sponsors (empresas de champagne, autos de lujo, marcas de ropa de alta línea, etc) y si bien, el ruido de los caballos y el olor a campo supera cualquier otro, también se percibe claramente que el estilo de la mayoría de los espectadores no es improvisado. Y decimos mayoría, porque también hay una minoría, bastante numerosa que solo va a ver un evento deportivo sin interés en todo lo que rodea, pero es cierto que una mayoría va al campo y ni presta una gran atención a lo que sucede dentro de la cancha, sino más bien se concentra en los entretiempos, los pre o after-parties.

El primer partido comenzaba 14.30 y nosotros llegamos a las 15.30 para poder ver los últimos dos chukkers que es el nombre que tienen los tiempos del polo y que duran 8 minutos y son 8 en total. Así llegamos y nos instalamos en nuestros asientos para ver perder a Alegría frente a la tradicional familia Heguy que de casualidad son los fundadores de la raza de caballo de polo argentina (que es una mezcla entre pura sangre y caballo criollo) y que dirigen el equipo conocido como Chapaleufú.

Después del partido, los jugadores se saludan cordialmente entre ellos y también con el árbitro, pero durante el juego el nivel de intensidad y tensión es tan alto como en otros deportes, insultos, reclamos, gritos, polémicas, todo incluido. Pero al terminar el partido, todo calmo.

En general, como en la mayoría de los eventos deportivos, todos elijen un equipo y lo ovacionan frente a los goles o acompañan las protestas de sus jugadores, pero son pocos los que realmente alientan desde el calor que se siente en otros deportes. En 2006, en un eterno, famoso y polémico evento, una de las principales figuras del Polo, Adolfo Cambiaso (pionero en la clonación de caballos de polo) invito a la hinchada de un club de futbol argentino con el cual el simpatizaba, All Boys FC, con el anhelo de hacer del Polo un deporte “popular”, como lo llamó él y si bien la consecuencia no fue la deseada, definitivamente plantó un precedente. Dicho esto, por ejemplo, en la tribuna que alentaba (ya en el segundo partido)  a Las Monjitas, apareció una bandera en el primer chukker que bien podría verse en un estadio de fútbol e iba acompañada de cánticos similares.

Terminado el primer tiempo y mientras Gonza le explicaba a Jor algunas reglas y características de este deporte fascinante, se iban dirigiendo hacia el Campo Principal, donde se jugaría la final de la Copa y donde entran 15.000 personas (si bien no estaba lleno, parcialmente habría al menos 8.000 personas). Durante la caminata de 10/15 minutos, pasamos los stands de los Sponsors, dos bares, una heladería y una serie de “studs” representativos de cada club que juega el abierto argentino, con camisetas, fotos e información.

Subimos a la tribuna principal B del estadio (ya que está organizado por las primeras cuatro letras del abecedario) y trepamos (literalmente hay que subir escalones de 20/25 cm cada uno) hasta bien arriba, la fila 21, una ubicación que si bien daba vértigo de pié, una vez sentados ya se sentía más seguro.

 

De a poco se fue llenando la tribuna y así también el estadio. Como ya mencionamos anteriormente, había de todo, abundaban aquellos que venían a mostrar la última moda y también aquellos que solo venían a ver un partido de polo (los menos). Eso sí, para cualquiera de los dos, el objeto infaltable: un sombrero, gorro o algo que cubra el cuero cabelludo del sol. El objeto más usado y se encuentran en todos los estilos.

Comenzó el partido y rápidamente los hermanos Pieres (Facundo, quien es uno de los mejores jugadores del mundo y Gonzalo) mostraron que su equipo, Ellerstina, era superior a su rival y más allá de que en los primeros chukkers el resultado no era tan holgado, siempre se mantuvieron arriba en el marcador.  Facundo Pieres es un verdadero crack.

En Polo se rankea a los jugadores con un hándicap que va de 1 a 10 y Facundo es un 10 según la Federacion Internacional, se nota en la cancha, no solo llega más rápido, mete muchos goles, sino que además hace jueguitos con el taco y hasta parece gambetear con el caballo. Es el jugador de Polo que llegó a 10 de hándicap más joven de la historia (con 17, pocos meses menos que Adolfo Cambiasso) y se lleva todos los aplausos y alientos. Su hermano y el resto del equipo no pasan desapercibidos, juegan a muy alto nivel y más allá de que Monjitas les peleo cada bocha y llegaron a un marcador respetable (18-14). Uno de los comentarios más escuchados entre el público es que el año que viene la Ellerstina (también llamada la “Z”) va a estar conformada solo por Pieres (se suma Pablo Pieres de Alegria y Nico Pieres) y está claro que así como los Heguy juegan en Chapaleufu y los Cambiasso en La Dolfina, la tradición familiar es muy importante en el polo.

Con cada gol (que se hace entre dos pirámides de mimbre, llamados), los equipos juegan en la dirección contraria y si bien en general uno imaginaria que al igual que el básquet, el hockey o hasta el futbol se corre en forma directa hacia el arco, en realidad el juego se practica en casi toda la cancha. Para marcar el gol, la bocha debe atravesar la línea imaginaria que hay entre los dos mimbres en cada lado y ante la duda, detrás de cada uno de estos arcos hay un juez con una bandera que hace señales cada vez que se convierte el gol. En la cancha también hay dos jueces a caballo que acompañan las jugadas, ya que si bien en teoría parece bastante simple, hay reglas basadas en el juego peligroso (cruzar un caballo a otro, chocarse, golpearse, etc) que son cobradas cada tanto en el juego. También son los responsables de marcar los laterales (hay dos maderas pintadas de rojo de 15 centimetros de alto que marcan los laterales de las canchas). En el medio del campo también hay otro juez con una campana que sería el que toma el tiempo de los chukkers.

Además de los ya mencionados caballos, los jugadores y los espectadores, hay otros protagonistas del juego mucho más perfil bajo y que casi ni manifiestan su presencia, los petiseros. Éstos son los encargados de cuidar a los caballos, de ponerles sus defensas en los tobillos para que no se lastimen durante el juego, peinarlos y atarles el pelo de la cola (para que no se enriede con los tacos de los jugadores) y además llevarlos hasta los jugadores ya que durante un partido un jugador de polo profesional puede usar hasta cuatro caballos diferentes. 

Muchas veces, debido a la intensidad del juego, un jugador cambia de caballo dos veces en un mismo chukker y entonces los petiseros deben estar muy atentos y tener todos los caballos listos. Los jugadores en circunstancias así, ni suelen bajar del caballo, hacen un salto como si estuviesen en un show de destreza!

Mientras mirábamos el 5º chukker, en una jugada confusa un jugador de Las Monjitas y su caballo se calleron en el lateral opuesto a nosotros e inmediatamente no solo dos ambulancias y los referis, sino además los jugadores más cercanos fueron al auxilio, incluso siendo que eran del equipo contrario.

Se vivieron unos 5/7 minutos de tensión hasta que el jugador se paró de nuevo y se subió a otro caballo con coraje. Apenas se levantó el caballo caído, éste salió corriendo desesperado: en dirección de sus cuidadores, los petiseros.

El partido continuó y el mejor equipo ganó la Copa. El espectáculo, en todos los sentidos muy digno de ser visto, atletas, animales increíbles y personalidades graciosas... historias, no nos faltan... y la experiencia fue muy enriquecedora.

De a poco la jornada fue llegando a su fin, de vuelta a nuestro VW Fusca y camino a casa para un descanso merecido de un dia de deporte de alto nivel, de un dia de avistaje de muchos personajes particulares, un descanso merecido pero ni cerca al descanso merecido de aquellos caballos que jugaron la final… para ellos un aplauso por la entrega.

 

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