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Somos Jor y Gonza, dos personas apasionadas por viajar, fotografiar y vivir la simpleza de lo cotidiano. Nos conocimos en uno de esos paraísos que tiene nuestro mundo y un día decidimos dejar atrás lo cómodo y conocido para subirnos al Fusca, nuestro WV Escarabajo'80 y dejar que el viento nos lleve.

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We are Jor and Gonza, two young, passionate people, that love travelling, taking pictures and living simply. We met at one of those paradises of our world and one day decided to leave confort and know behind to get on our 1980 VW beetle and let the wind take us. 

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Llevados por el Viento es un blog de viajes mediante el cual intentamos compartir nuestras experiencias y aventuras a través de un recorrido por el continente americano.

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Guided By the Wind (Llevados por el Viento) is a travel blog through which we wish to share our experiences and adventures across the American Continent.

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September 28, 2018

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Adrenalina en Buenos Aires

November 30, 2014

Un día de sol se levantaba en el Tigre y decidimos interrumpir la calma del cantar de los pájaros y el olor a leña quemada que sale de las chimeneas de las tradicionales casas isleñas por unas horas de adrenalina.

 

Llegamos y nos encontramos con una fila kilométrica, tanto para comprar las entradas como para ingresar al Parque (que abre sus puertas a las 10.00AM). Así, yo fui a hacer la compra y Jor fue a hacer la fila del ingreso. Media hora más tarde nos encontramos y de premio por su paciencia, ella se gano una entrada VIP. Básicamente las entradas se diferencian por la cantidad de juegos que uno puede acceder sin tener que pagar extra. La entrada VIP además de dar acceso a todos los juegos (excepto a uno, Vértigo Xtremo) garantiza una fila especial en los juegos, por lo cual nunca deberías esperar más de 20 minutos para subir a una atracción. Esta entrada cuesta aproximadamente 25 dólares. 

 

 

Cuando el Parque abrió sus puertas contaba únicamente con la montaña rusa Tronador y algunas atracciones que aun están, como La Vuelta al Mundo y el Anfiteatro.

Tronador se desarmó en 1997 y se trajo desde Holanda el aún vigente Boomerang que va a 75km/h  y es la primera montaña rusa invertida en América Latina y en 1998 El Desafío que va a 80km/h y te lleva con las piernas colgando,  pero nada se compara con el recientemente inaugurado (Julio de 2014), el temible Pendulum que a 30 metros de altura te eleva como dice su nombre, de lado a lado, pendulando hasta llegar a 90° y donde ves el suelo desde el aire y bajás a velocidades que soplan el sudor frio que cae por la espalda de los sensibles como yo. 

 

Así como entramos, Jor no tuvo mejor idea que dejar salir de su boca las siguientes palabras: “empecemos por algo tranqui, probemos el Pendulum. Desde mi ignorancia e ingenuidad en asuntos de parques temáticos, le respondí: “te parece?”. “Bueno, si no querés no” me ofreció… pero yo que iba mentalmente preparado para desafiar mis miedos y sensaciones frente a la altura, decidí intentarlo. Apenas subimos me sentí incomodo, en realidad no es incómodo la palabra, sino no más bien, no me sentía cómodo. Te subís a una rueda donde todos, lado a lado se ajustan con un cinturón de seguridad por la cintura y encima se baja una estructura que cubre los hombros y llega hasta la entre-pierna. Seguramente la tecnología lo tiene todo estudiado y comprobado, pero el cerebro del ser humano, asustadizo, inseguro de lo que no puede controlar, como el espacio y la velocidad… hacían de mi un pálido contribuyente a la los tonos blancos y serios que otros participantes también tendrían durante los 5 minutos que dura el juego.

 

Al bajar del majéstico juego, yo declararía “sentí que me resbalaba y me caía al vacío”… y Jor diría “vamos a una montaña rusa?” como enfrentar ahora todo un parque de atracciones después de semejante trauma impuesto sobre mi ahora cuasi-fobia? Decidimos ir a dar una vuelta y hacer algo suave, pero esta vez suave en serio. Así nos fuimos para el Samba, uno de los clásicos históricos, donde al ritmo de una música electro-brasilera, un círculo de un banco continuo que se va sacudiendo en diagonal, y mientras las adolescentes se ríen sin parar y yo disfrutaba del juego, Jor sentía que la sacudida no es agradable: se hizo justicia en el Samba

 

Ahora si estaba preparado para ir a ver las mayores montañas rusas “ponele”. El entusiasmo de Jor se topó con mi aún presente antipatía por la velocidad y la altura… pero bueno, negociando siempre se llega a un acuerdo, asique fuimos hacia El Desafío que Jor me juró que, dentro de las montañas rusas, era una de las más tranquilas (sabrá ella lo que es algo tranquilo?). Nos pusimos en la fila VIP y mientras conversábamos sobre historias pasadas de las visitas anteriores de Jor al Parque, yo trataba de no mirar para arriba, si bien el griterío de la gente se hacía notar. Llegó la hora, nos tocó dejar bolsos, sweaters y cámaras en un locker y subir a esta Montaña Rusa. En este caso uno se sienta de un modo que le cuelgan las piernas y los brazos por los lados. Largó y fueron tres minutos de vueltas y más vueltas. Cada vez que se tornaba hacia un lado, yo sufría, y Jor gritaba con entusiasmo. En tres minutos se había terminado el juego, y si bien después de haber hecho el Pendulum, ya nada podría ser peor, yo ya estaba listo para abandonar, pero no quería hacerlo solo para disfrutar junto a mi compañera de aventuras, que tanto me ha acompañado, pero bueno… el “disfrutar” se hacía difícil.

Ahora nos tocó el turno suave e hicimos las Sillas Voladoras, que son como hamacas en las que uno se sienta y va volando de costado alrededor de un poste, casi como transportados a un parque de los años 50 o 60, las Sillas Voladoras son naif desde el movimiento, la música (que parece salida de una Juguetería retro) y los colores de las sillas, pero la sensación de volar suavemente, de planear, fue mágica. Yo ya me se sentía preparado para más adrenalina, asique, no me salvé y fuimos a probar el Boomerang, que es una especie de tren fórmula uno que sale disparado y descarrilado de su montaje, pero confiando en el sistema, nos embarcamos y el Tic-Tac-Tac-Tac le dan un suspenso que hace a la magia y al miedo también del juego. Poco a poco empieza a escalar hacia atrás y el ángulo se va cerrando quedando casi en 90° al suelo, donde ya no tenés como asegurarte, ya que la gravedad te tira hacia abajo. El cuerpo no entiende, la gota cae por la frente y el Tac-Tac llega a su fin, a un silencio que si dura un segundo parecen 15 minutos, donde la máquina suelta al tren y sientes que caes al vacío, la velocidad en la cara, el grito de los participantes y el no control absoluto de nada, solo entregarse. Yo elegí cerrar los ojos y entregarme a no ver lo que viene, solo a sentir que estaba en un vacío donde flotar era seguro. Los cuatro minutos se acaban, Jor con una sonrisa que le cubre toda la cara y le dice: “vamos de vuelta?” a lo que le respondo: “Vamos al Baile de las Tazas?” “Ok!”, responde la portadora de rulos, quien nunca rechazaría algo (excepto volver al Samba o los juegos de terror) dentro de un parque de diversiones. Increíblemente, Jor le tiene más miedo a un muñeco de silicona con un cuchillo que se aparezca por encima de repente en un carro, contra una caída libre a 80km/h. 

 

Llegamos al Baile de las Tazas y el astral estaba alto, nos reímos durante todo el transcurso del juego sin parar, al punto que no conseguíamos asegurarnos claramente del volante. Fue uno de los momentos más divertidos del día, para mí claro. Y como cierre de la mañana, fue perfecto. Así fuimos al patio de comidas a alimentarnos e hidratarnos un poco, no demasiado, porque había más!

Luego del almuerzo necesitábamos, o por lo menos yo, continuar con algo tranquilo si se lo puede llamar de esa manera… Jor aceptó, no muy contenta, la idea  y así fue como pasamos por el gracioso Salón de los Espejos, donde te ves horrorosamente deformado y es inevitable no reírte, el Barco Pirata y por los tradicionales Autos Chocadores, donde yo sentía que paseaba por tranquillas calles y Jor pedía más velocidad.

 

Ya cansados del traqueteo, el calor, la adrenalina, el cuerpo pedía descanso, pero Jor no se iba a ir del Parque sin pasar por uno de sus favoritos, El Desorbitado, una especie de tubo, donde la gente se sienta una al lado de la otra, te atan doblemente, con lo cual ya no me da ánimo a subir, y empieza a girar hacia arriba y hacia abajo y como si fuera poco, gira sobre su propio eje, dejándote cabeza abajo. Una vez más tuvimos que negociar… yo me fui a un juego que se trataba de una competencia entre policías y ladrones, en un lugar oscuro donde tiras con armas de juguetes a los chalecos de tus contrincantes, claro que Jor no vendría, sabemos que estas cosas oscuras le dan miedo… así fue como ella aprovechó el tiempo en que yo estaba sintiéndome un ladrón profesional y se fue a dar una panzada de Desorbitado Boomeran + Desorbitado, en ese orden y sin descanso…

 

Al encontrarnos, decidimos dar fin al día y retirarnos del Parque, Jor extasiada de tanta adrenalina y yo sintiéndome feliz porque tanta tortura había terminado. 

 

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